01/02/2018
Aún no hemos resistido hasta la sangre...En el verano de 1966, al mismo tiempo que los Beatles grababan en Londres: "Sergent Pepper" y Martín Luther King júnior marchaban a través de las calles de Chicago; el cuerpo decayente de un pastor y obrero chino caía en el suelo infestado de ratas en una celda china de cuatro y medio por nueve y medio pies, localizada en las espaldas de las calles de Shanghai. Esta antigua prisión inglesa tomó el nombre de: "primer lugar de detención", por sus más recientes dueños: la Armada Roja del Pueblo de la Republica de China. Un mejor nombre hubiese sido: "El ultimo lugar".
Después de catorce años de encarcelamiento el prisionero había hecho la paz con su sufrimiento sin saber que los estudiantes, guardias rojos, aún buscaban por: Contrarrevolucionarios a quienes molestar. Ellos encontraron a Watchman Nee.
Y ahora, con su brazo derecho quebrado, doblado en un ángulo inimaginable, el prisionero se levantó torpemente del piso hacia su cama. Su respiración era dolorosa, su corazón latía pesadamente en su pecho. De casi seis pies de altura y razonablemente saludable al momento de su arresto, él ahora pesaba menos de cincuenta kilos. Le sobrevino una tos repentina y el accidentalmente golpeó su brazo fracturado contra la pared. Un fuerte dolor penetró en su costado derecho. Sus ojos se llenaron de lagrimas involuntarias, él se levanto por sí mismo ayudado por su otro brazo, aprisionó sus dientes...y sonrió!.
"Podría haber sido peor" él pensó. "Yo todavía no he resistido hasta la sangre", dijo, citando al apóstol Pablo, "incluso hay una canción, siempre habrá una canción".
Su suave voz recorrió las celdas aliviando la soledad de los prisioneros, terminando en las quebradas mesas de los desafortunados guardias.
Sólo unas cuantas millas más, amado Y nuestros pies dejarán de doler;
No más pecado y no más tristeza; estemos firmes, Jesús va adelante
Como él lo había hecho en tantas otras noches, el guardia se acercó a la puerta para escuchar con más atención la canción.
Y yo escuché a Él dulcemente susurrando, "No desmayes, no temas, continua adelante;
Porque esto podría acabar mañana; el largo viaje terminará"
Después de un momento de silencio el carcelero susurró: "pastor Nee, pastor Nee, ¿está usted allí?"
"Tus preguntas son siempre extraordinarias, Wong Shu-yen. Si, estoy aqui" le respondió.
"Pastor Nee, su canción me asusta. Yo no la había escuchado antes."
Él respondió "Yo simplemente no la he cantado antes. ¿Por qué te asusta?"
"Tengo miedo de que usted se esté muriendo", dijo el carcelero.
"No, mi joven amigo. Yo soy muy testarudo a la muerte. Y por otro lado, Él no me dejará ir antes de que tu creas."
"Pero yo creo. Yo creo que usted es el mejor hombre que yo haya conocido";
"Entonces tú estas muy lejos de creer, querido Shu-yen. Cuando tú hallas encontrado a Cristo, sabrás que yo soy el peor hombre que tu hayas conocido".
"Este hablar me atemoriza más que su muerte. Mi pobre esposa me ruega que lo ignore a usted..Si yo sigo a su Cristo, yo terminaré en el lado equivocado de esta puerta y ella terminará sola."
"Sin Cristo, ella esta sola".
"Pastor, sus palabras son como ma****lo para mi corazón. ¿Qué debo hacer para ser salvo?"
"Mi amado Wong tus preguntas siempre son maravillosas" Levantando su cadavérico, mas aún radiante rostro al cielo, Watchman Nee suavemente cantó,
"¿Puedes tú escuchar Su dulce susurro?
Tu viaje acaba de empezar".
Así, como Sansón mató más enemigos en su muerte, que cuando estaba vivo, de la misma manera Wachtman Nee tocó muchas vidas para Cristo en su celda. Sus sermones aparecieron en Inglaterra y Estados Unidos. Ambas su causa y su persona llegaron a ser legendarias para los cristianos que no toman su libertad como algo garantizado. Rumores se esparcieron diciendo que sus captores le quitaron los ojos por llevar a los guardias a Cristo. Pero muchos de sus sermones fueron publicados después de esto. Después se dijo que los comunistas cortaron su lengua, pero más libros aparecieron. Finalmente se dijo que cortaron sus manos, sólo para encontrar más de sus escritos en las manos de aquellos que estaban fuera de la prisión en Shangai. Aunque algunas historias fueron exageradas, aun con todo, éstas nos muestran la real preocupación de los cristianos por la persecución de Wathman Nee".
( prólogo de the books series "Heroes of the faith")