Fans de Cuentos de terror

Fans de Cuentos de terror pa todos los fanaticos de los cuentos de terror creo esta pagina!! espero k sea de su gusto y susto! jejejeje!!

Tim fregaba sin cesar los pasillos del hotel Moon Paradise como hacía todas las noches por la madrugada. Era un trabajo ...
01/08/2017

Tim fregaba sin cesar los pasillos del hotel Moon Paradise como hacía todas las noches por la madrugada. Era un trabajo duro, pero no estaba mal pagado al ser un hotel de lujo. Lo malo es que todo tenía que estar perfectamente limpio antes de las seis de la mañana, ya que las actividades diurnas del hotel comenzaban a esa hora. Pero a Tim le daba igual: tenía un trabajo seguro y nadie le molestaba, y esto último para él, era lo más importante.

Lo único que le perturbaba era una cosa: el ascensor de la segunda planta. Todos lo días sin fallar, el ascensor subía de la planta baja hasta la segunda y su puerta se abría revelando el lujoso interior, como invitando a quién estuviera por las inmediaciones a subir en él. Y así se quedaba durante un rato. Tim ya había preguntado alguna vez al conserje de la planta baja si alguien había entrado en el ascensor en esos momentos, pero la respuesta era la misma: un no, seguido de una mirada extraña. Así que dejó de preguntar y se dedicó a limpiar, que era lo suyo. Podría ser algún inquilino bromista, sí, podría ser, o tal vez que el ma***to cacharro no funcionaba como era debido.

Una noche que Tim se encontraba en la segunda planta tomando un breve descanso, mientras contemplaba un hermoso cuadro en la pared de un pintor que no conocía, el ascensor volvió a abrirse. Tim se giró y se quedó sorprendido al ver como una mujer, completamente vestida de negro de mirada sombría, salía por las puertas y se perdía por el pasillo de la derecha. Tim, extrañado y fascinado a la vez, dejó la fregona apoyada en la pared y se dirigió hacia el ascensor, que se encontraba al fondo del corredor. Cuando llegó miró hacia ambos lados del pasillo lateral, pero ni rastro de la mujer. Pero el ascensor allí seguía, abierto de par en par.

Tim entró en su ostentoso interior y lo admiró como nunca lo había hecho; hasta le parecía que no fuera el mismo ascensor de todos los días. Paredes de terciopelo de color rojo, adornadas con unos estampados dorados en forma de enredaderas y acompañadas de varias pinturas de personalidades que jamás había visto, decoraban el interior del misterioso ascensor. Se fijó en una pequeña pintura, un retrato en blanco y negro que le llamó la atención; en una esquina inferior del cuadro figuraba un nombre: Madania. No podía ser cierto: era extremadamente parecida a la mujer que acababa de salir del ascensor hacía pocos minutos. En ese preciso instante, el ascensor se cerró.

En un primer momento, Tim se quedó parado, esperando a que volviera a abrirse; pensaba que alguien habría accionado el ascensor desde otro piso, y pronto se abriría revelando al típico inquilino venido de alguna fiesta nocturna. Pero el ascensor llegó a la planta baja y siguió bajando, bajando y bajando… Tim se quedó parado, sin saber que hacer; su mente racional le decía que tal vez, hubieran pisos inferiores más abajo, como un sótano o algún almacén; lo más seguro es que algún empleado hubiera activado el ascensor desde allí abajo, mediante la llave reservada para pisos restringidos que solo cierto personal podía emplear.
Tim, con un extraño n**o en el estómago, siguió esperando pero el ma***to trasto continuó descendiendo. Tim empezó a sollozar y golpeó la puerta del ascensor con fuerza, mientras gritaba sin cesar pidiendo que alguien lo ayudara. Pero era inútil. Tim se sentó en el suelo del elevador, ignorando por completo el lujoso interior que ahora le parecía perverso y ma***to, y lloró muy asustado. Después de varios minutos que le parecieron horas, el elevador paró y sus puertas se abrieron. Tim, que se encontraba agazapado en el suelo del elevador con la cabeza gacha encima de las rodillas, levantó la mirada hacia el frente y observó lo que se le venía encima.

El penumbroso y larguísimo pasillo, pobremente iluminado con unos fluorescentes de color amarillo viejo, no se parecía en absoluto a nada que le indicara que seguía tratándose del hotel. Tim se levantó y salió del ascensor y se quedó a un metro de él, observando el entorno. El tenebroso corredor se asemejaba al de una fábrica abandonada, pues a sus lados no tenía puertas, sino unas entradas en forma de arco. El hombre se acercó a una de las entradas y miró dentro. Pudo ver una amplia y abovedada estancia de similar iluminación. Se asustó mucho cuando vio a varias personas vagando de aquí para allá entre la penumbra, mientras balbuceaban palabras ininteligibles. Se apartó de la esquina y cerró los ojos, pero en seguida, los abrió cuando oyó a alguien acercarse a su posición. Retrocedió temeroso hacia el elevador, pues no sabía quiénes eran ni que querían esos individuos tan grotescos, pero se quedó helado cuando vio, con horror, que ya no había ascensor.

Donde antes había habido un lujoso ascensor, ahora había un oscuro y sucio hueco tapiado de cabo a rabo; comprendió, por unos instantes, que estaba soñando, que se había vuelto loco de remate: esto no podía estar ocurriendo. Notó que alguien le miraba desde atrás. Se giró y vio a un hombrecillo calvo y vestido con harapos que le observaba curioso. Tim le preguntó, sin interesarle quién era o qué quería, qué lugar era este. El extraño hombrecillo le contestó que era el Reino de Madania. El asustado hombre se quedó extrañado, mirando al otro como hipnotizado. El grotesco hombrecillo, al ver que Tim no comprendía, le contestó: “Para ti, para nosotros y para todos los incautos que caigan en sus dominios, el in****no”.

El andrajoso hombrecillo le dijo que Madania, fue la dueña original del hotel Moon Paradise, pero fue asesinada por su marido, heredando él todo el negocio. Su marido no sabía que su mujer, había hecho en vida pactos con poderes oscuros, lo que le permitió venir a este plano en lugar de ser arrojada a un in****no de nivel inferior para ser consumida. Le comentó que Madania, cada cierto tiempo, atraía aquí a hombres jóvenes para servir de alimento a Aspleroth, dios de la superchería y la desdicha. Uno de ellos fue su marido, y aunque no era ya muy joven, su dios no puso muchas objeciones, pues Aspleroth se regocijaba con la venganza. Se decía que este demonio le proporcionaba grandes poderes y el poder permanecer en este plano, siempre y cuando pagara su tributo con almas jóvenes. El hombrecillo señaló hacia el fondo del pasillo: “más allá del corredor, se encuentra Aspleroth, nuestro señor, le dijo en voz baja”. “A nosotros nos deja en paz, pues ya estábamos aquí antes de que Madania llegara. También servimos a Aspleroth; en realidad todo el mundo que llega aquí le sirve. En el lugar más recóndito de su mente, Tim seguía pensando que todo esto terminaría, que tenía que ser una pesadilla causada por el estrés o por alguna demencia que su mente podría haber desarrollado.

Súbitamente, Tim sintió una gélida presencia detrás de él. Al girarse, se encontró frente a frente con la misma mujer que había visto saliendo del ascensor; la misma que la de la foto. Ahora, cerca de él, era una mujer de aspecto joven, muy bella, alta, más que él, y muy pálida, demasiado. Antes de que Tim le preguntara de qué iba todo esto, la fantasmagórica mujer le agarró del brazo con una fuerza sobrehumana y se lo llevó a rastras a través del oscuro pasillo. Tim chillaba como cual animal camino del matadero, mientras la heladora mano le iba debilitando poco a poco.

Lo último que vio Tim fueron las deprimentes luces fluorescentes que iluminaban el profundo corredor, antes de servir a oscuros propósitos que trascendían más allá de lo que una criatura inferior como él, podría llegar a comprender.

01/08/2017
Un día él le hizo una foto donde ella aparecía luciendo una bellísima sonrisa, en contraste con la expresión generalment...
13/07/2017

Un día él le hizo una foto donde ella aparecía luciendo una bellísima sonrisa, en contraste con la expresión generalmente seria que solía mostrar su rostro. En realidad, ella no recordaba haber trazado nunca una sonrisa tan dulce y no podía reconocerla como suya. Parecía como si aquella fuera la foto de otra mujer, desde luego idéntica a ella en sus rasgos físicos, pero completamente distinta en su expresión y, en cierto sentido, más hermosa. Para colmo de males, él parecía obsesionado con aquella foto y pasaba buena parte de su tiempo libre contemplándola en silencio, con el rostro extasiado de amor, mientras que cada vez mostraba más indiferencia hacia la mujer de carne y hueso con la que compartía su vida. Finalmente, ella acabó sintiendo celos de la mujer que aparecía sonriendo en la foto, una mujer que en teoría era ella misma, pero que, misteriosamente, tenía la sonrisa de otra persona. Y, de algún modo ajeno a la lógica y a las leyes de la naturaleza, aquella mujer fantasmal que compartía sus rasgos pero no su espíritu estaba consiguiendo robarle el corazón del hombre al que amaba. Por supuesto, ella no podía compartir aquellas inquietudes aparentemente absurdas con nadie, ni mucho menos con él, pero finalmente decidió actuar.

Podía parecer una locura, pero nadie tenía por qué enterarse. Así, un día, mientras él estaba fuera, ella tiró la foto a la basura, concretamente al contenedor azul que había cerca de su casa. No es raro que se pierda accidentalmente una simple foto que ni siquiera está enmarcada y él nunca tendría motivos para sospechar de un acto deliberado por su parte. Así, una vez que la muchacha se hubo librado de su “rival”, decidió salir de compras para celebrarlo.

Aquel día él volvió tarde y cuando llegó a casa unos agentes de policía estaban esperándolo para comunicarle una pésima noticia, que no habían podido darle antes porque él se había dejado el móvil en casa. Una vez que él, a duras p***s, consiguió reponerse de la impresión, el inspector le comunicó los detalles relacionados con la violación y el as*****to de su esposa.

Según la confesión del criminal, este (un vagabundo con problemas psiquiátricos) había encontrado casualmente una foto de la víctima mientras se hallaba buscando cartón en el contenedor azul del barrio. Según sus propias palabras, la chica de la foto le había parecido tan hermosa que no había podido resistir la tentación de buscarla. Y poco después la vio, cuando ella volvía a su casa tras hacer unas compras. Lo cierto es que entonces no le pareció tan hermosa como en la foto, pero la obsesión se había apoderado de él y ya no había marcha atrás. La siguió, esperó a que entrara en la casa y poco después entró él, tras forzar la puerta con una navaja. Una vez cometido el crimen, su estado de enajenación mental lo llevó a abandonar la casa con la ropa ensangrentada, lo cual motivó que no tardara en ser arrestado por unos agentes municipales.

Tras referir los detalles del caso, el inspector le entregó al marido de la víctima la foto que habían encontrado en el bolsillo del asesino, para que al menos le quedara un recuerdo de la mujer que había perdido para siempre. Una vez que él tuvo la foto en su poder, le echó una ojeada y se quedó sorprendido, porque de pronto le pareció que aquella ya no era la misma sonrisa dulce que él tan bien conocía, sino la sonrisa siniestra de quien ve realizada su venganza.

Tom viajaba de noche por una carretera comarcal de Ohio, era un viaje tranquilo y porque no decirlo tal vez un poco abur...
12/07/2017

Tom viajaba de noche por una carretera comarcal de Ohio, era un viaje tranquilo y porque no decirlo tal vez un poco aburrido. Para entretenerse había sintonizado una frecuencia de radio en la que un loco predicador hablaba de la salvación eterna, por supuesto después de hacer una generosa donación a su iglesia. Tom solamente de escucharle se estaba poniendo enfermo, ¿cómo podia existir gente que le creyera? ¿no estaría prohibido vender productos falsos como las astillas de la cruz de Cristo o las lágrimas de la virgen María? Estaba tan indignado que casi no se dio cuenta de una jovencita que caminaba por el árcen de la carretera y le hacía gestos para que se detuviera.

Casi frenando en seco Tom detuvo su vehículo pocos metros por delante de la chica.

– Cielo, como se te ocurre caminar sola a estas horas con el frío que hace, he estado a punto de llevarte por delante con mi coche – dijo Tom mientras reducía el volumen de la radio.
– Gracias por detenerse señor, tengo mucha prisa porque mi bebé me está esperando, se me ha hecho de noche y nadie se ha detenido para ayudarme, usted debe ser la tercera persona que veo en media hora y el primero que me ayuda.
– No te precoupes, si no me desvía mucho del camino te acercaré a tu casa.

Tom no acostumbraba a recoger autoestopistas y probablemente si no hubiera estaba tan absorto con el programa de radio que escuchaba no se hubiera arriesgado a detener su vehículo para ayudar a una desconocida. En todo caso al ver la cara de preocupación de la que parecía casi una niña y escuchar la historia de que debía reunirse con su bebé se conmovió.

– Hola, me llamo Tom, no se como no te has congelado en una noche como esta – le dijo mientras le ofrecía una sonrisa.
-Muchas gracias Tom, soy Sarah, no tenía previsto caminar hasta tan tarde, realmente no estoy lejos de casa, sólo hay que llegar al próximo puente que está a un par de kilómetros, allí está mi bebé esperándome.

Tom no se atrevía a preguntarle la edad a la chica, le había dejado impresionado que nombrara dos veces a su bebé pues no aparentaba tener mas de catorce o quince años. Fijándose un poco en las ropas de Sarah se dio cuenta que probablemente perteneciera a algún tipo de congregación amish porque sus holgadas vestimentas parecían casi sacadas del siglo pasado. Estaba confuso y no sabía que tema de conversación sacar pues aunque se moría de ganas de comentar con alguien las estupideces que pregonaba en su discurso el predicador, sabía que los amish eran bastante religiosos y lo que menos pretendía era incomodar a la chiquilla. Casi sin darse cuenta se creo un incómodo silencio que duró un par de minutos hasta que…

-¡Es aquí! – dijo la chica al acercarse al puente que le había mencionado antes.

Tom redujo la velocidad del vehículo hasta que como por arte de magia, al situarse sobre el puente, el coche se detuvo solo. Las luces, la radio y la calefacción se apagaron y por más que trataba de arrancar nuevamente le resultaba imposible. Y entonces sintió algo a su izquierda…

Era como si todos los animales que habitan la noche se hubieran puesto de acuerdo para hacer un silencio absoluto, no se escuchaba nada, ni tan siquiera el viento mover las hojas de los árboles cercanos. Cuando de repente un suave llanto se empezó a oir, era como un susurro que cada vez se hacía más fuerte. Bajó la ventanilla para escuchar mejor y cuando se dio la vuelta vio que la chica ya no estaba en el asiento del copiloto.

Era verdaderamente extraño, porque no había escuchado abrirse o cerrarse la puerta de su acompañante, también le resultó raro que se fuera sin despedirse pues se había mostrado muy educada durante los escasos minutos que la había conocido. Pero lo que verdaderamente le atormentaba era ese llanto que cada vez era más intenso, como el de un bebé que lleva desatendido horas. Bajó del vehículo y se acercó al borde del puente donde parecía que se escuchaba con mayor intensidad. No había duda provenía de debajo del puente.

Tom no era un hombre valiente pero se encontraba como hipnotizado por los quejidos de lo que parecía un bebé, pensó que tal vez Sarah había bajado a atender a su hijo y por eso, con las prisas, no se había despedido, así que regresó a la entrada del puente y bajó al río por uno de los laterales.

Descendió hasta encontrarse cerca del río, el lugar del que parecía provenir el llanto. Misteriosamente, y aunque no podía ver nada, cada vez podía escuchar con más claridad el lamento del bebé, era extraño porque parecía provenir de las aguas y por más que miraba junto a su lecho no podía ver nada, pero entonces lo sintió…

Como si una fría aguja de hielo se clavara en su espalda, le sacudió un escalofrío que le dejó prácticamente petrificado. Podía notar como alguien le miraba desde el puente, una mirada fija que le helaba la sangre. Lentamente levantó la cabeza para ver quien le vigilaba y cayó al suelo de la impresión…

Colgando del puente se encontraba el cadáver se Sarah que parecía haberse ahorcado con una cuerda atada a la barandilla del puente. Sus fríos ojos de mu**ta le miraban fijamente, su rostro tenía una extraña mueca de dolor y su boca parecía desencajada, pero lo más aterrador estaba por llegar. Porque aunque Sarah parecía llevar varios días mu**ta en el lugar, empezó a moverse. Un brazo se extendió y con un dedo señaló el lecho del río.

Tom aún desde el suelo estaba tan petrificado por el miedo que no se atrevía a moverse, pero como la luz atrae a los insectos nocturnos casí sin poder evitarlo giró su cabeza hasta mirar al lugar donde apuntaba el dedo en descomposición de Sarah.

En el agua podía verse el cuerpo de un recién nacido flotando boca abajo y una vez más escuchó el llanto desconsolado.

El miedo dio camino al pánico y el terror que antes le paralizaba ahora le obligaba a correr, a correr tan rápido como podía. Subió tropezando por la cuesta por la que había descendido al cauce del río y se metió nuevamente en su coche. Pero no arrancaba y cada vez se escuchaba más cerca el llanto del niño y el lamento del espíritu de Sarah. Totalmente desesperado empezó a empujar el vehículo que, tan misteriosamente como se había apagado, se encendió solo al cruzar el puente. Subió al coche y condujo tan rápido como pudo para escapar del Puente de los Lamentos.

11/07/2017

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Una familia decide irse de vacaciones al pueblo durante unos días. Para no dejar sola a la abuela en la ciudad, le piden...
11/07/2017

Una familia decide irse de vacaciones al pueblo durante unos días. Para no dejar sola a la abuela en la ciudad, le piden que les acompañe a pesar de su delicado estado de salud.

Días después, cuando están casi a punto de finalizar sus vacaciones, la abuela sufre un ataque cardíaco y fallece repentinamente mientras sus hijos juegan en casa de unos amigos. El padre de familia, e hijo de la fallecida, abrumado por la muerte de su madre entra en una especie de estado de shock y le cuesta razonar y pensar con claridad, por lo que acude a su esposa.

Se encuentran bastante alejados de la ciudad donde crecieron y del cementerio familiar donde su madre tiene reservada una lápida junto a su difunto marido desde hace años. El hombre bien sabe que las funerarias son muy caras y el traslado de un cadáver cuesta un ojo de la cara. Mucho más cuando requieren de vehículos especiales para acceder a la zona montañosa donde estaba el pueblo donde veraneaban. Tras deliberar cuál es la mejor opción y consultarlo con su mujer, deciden que lo mejor es que ellos mismos la lleven en su todoterreno hasta la ciudad y allí llamen a los servicios funerarios, de esta forma se ahorrarían los gastos de trasladar el cuerpo.

Pero claro, eso tenía una seria complicación, los niños debían viajar con su abuela mu**ta durante horas para regresar a casa, aunque los niños no sabían nada aún. Sólo imaginando el trauma que les podría causar tener que compartir el viaje con un mu**to, tuvieron que desestimar esa opción. La opción más lógica era meter el cuerpo de la abuela en el maletero, pero su todo terreno era uno de esos modelos en los que la parte posterior tiene acceso directo con los asientos y el olor que podría desprendender el cadáver con el calor que hacía podría convertir el viaje en una pesadilla. Eso sin contar que los niños estarían jugando a escasos centímetros de la mu**ta y, si les daba por mirar en la parte posterior, se encontrarían el cuerpo.

Las dos únicas opciones que les quedaban eran que el marido hiciera el viaje solo con su madre difunta o transportarla en la baca del coche. Por desgracia no tenían tiempo para la primera opción porque el viaje era largo y su esposa tenía que trabajar en un par de días. Así que decidieron que lo único que podían hacer era envolverla en una vieja alfombra y atarla al techo del todoterreno junto a otras maletas para disimular el bulto. Esta era la única forma de viajar sin traumatizar a sus hijos con la muerte de su yaya (como la llamaban ellos). A los niños les dirían que su abuela había decidido quedarse un par de días más y que se había quedado en la casa de una vecina.

Tras acomodar el cadáver aún caliente en la baca del coche y disimular lo mejor que pudieron la forma del cuerpo, ataron firmemente la alfombra enrollada y se prepararon para el viaje. Tenían que salir cuanto antes si querían usar la oscuridad de la noche para viajar sin que nadie se diera cuenta.

El primer par de horas circularían por un terreno pedregoso en el que entre baches, agujeros y piedras debían avanzar lentamente si no querían reventar un neumático o los amortiguadores del vehículo. Los continuos saltos estaban aflojando las cuerdas que mantenían atada a la abuela y sin que la familia lo supiera el cadáver estuvo a punto de caerse en el camino un par de veces.

Al entrar en la autopista la situación no mejoró, los saltos producidos por los baches habían aflojado los n**os, pero el rozamiento con el aire al circular a gran velocidad no mejoraba la fijación de la abuela mu**ta. Irremediablemente y sin que sospecharan nada el cuerpo de la abuela acabó por caer, con tan mala fortuna que el ruido de un avión al despegar en un aeropuerto cercano ocultó el sonido del golpe.

Al llegar a su destino la mujer subió a casa con los niños que estaban medio dormidos, cansados por el viaje, los pobres angelitos no habían sospechado nada. Aunque estaba amaneciendo, mañana sería otro día y deberían darles la noticia de la muerte de la yaya. El marido por su parte se llevó el susto de su vida cuando, al revisar el techo del todoterreno, descubrió que la alfombra que envolvía a la abuela ya no estaba. Aturdido y asustado miraba dentro y fuera del vehículo, como intentando comprender qué había pasado, sin saber que pocos kilómetros antes el cuerpo de su madre había caído en mitad de la autopista…

Quería volver sobre sus pasos para buscar a su madre; pero, ¿cómo podría explicar qué hacía su madre mu**ta y envuelta en una alfombra como si fuera el cadáver de un perro? Subió a casa para avisar a su mujer y explicarle que debía regresar en la búsqueda de su cuerpo. Cuando estaba hablando con ella, una llamada de teléfono le conmocionó. La estaban realizando desde el teléfono móvil de la abuela.

“Buenos días, señor, le habla la Policía, debo comunicarle que ha sido encontrado el cadáver de una anciana en mitad de la autopista y su número de teléfono aparece como contacto en el móvil que hemos encontrado en uno de los bolsillos de la fallecida. Le rogamos que se persone en el kilómetro 10,5 de la carretera de Burgos para reconocer el cuerpo lo antes posible”

El hombre se quedó paralizado, no sabía cómo podría explicar lo sucedido sin acabar en la cárcel. Pálido por el miedo y con ojeras de no haber dormido en toda la noche, condujo hasta el lugar señalado por el policía.

Al llegar allí el espectáculo era dantesco. Varios coches patrulla habían desviado el tráfico a un único carril, en el arcén había un camión de gran tonelaje y en uno de los vehículos de la Policía se podía ver a un hombre esposado con las manos a la espalda.

El hombre se acercó a uno de los agentes y le hizo saber que había recibido una llamada, le temblaban las piernas y tenía las manos empapadas de sudor.

“Dis dis disculpe – dijo tartamudeando – me han llamado ustedes desde el teléfono de mi madre”

“Señor – dijo el agente- lo que le voy a pedir no es agradable, el hombre que está detenido ha atropellado a un anciana con su camión, el cuerpo está totalmente destrozado y es prácticamente irreconocible, pero entre sus pertenencias hemos encontrado un teléfono móvil y una pulsera. Tal vez pueda usted ayudarnos a verificar si es su madre reconociendo estos objetos”

El asustado hijo reconocío al instante la pulsera de su madre.

“Si, la pulsera pertenece a mi madre”

“Caballero lamento mucho su pérdida ¿sabe usted qué podía hacer su madre caminando por una autopista de noche? el camionero nos dijo que apareció de la nada tumbada en el asfalto. Pero al hacerle la prueba de alcoholemia ha dado positivo, por lo que hemos procedido a su detención por conducir en estado de embriaguez y por homicidio involuntario”

El hombre, con los ojos cubiertos de lágrimas y viendo una forma de no tener que explicar lo sucedido y salvar su pellejo, simplemente respondió:

“No lo sé, agente, pero espero que se pudra en la cárcel por matar a mi madre”

08/07/2017

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Una noche de viernes santo, se hizo una fiesta en la discoteca más famosa de la ciudad, dicen que en un momento determin...
08/07/2017

Una noche de viernes santo, se hizo una fiesta en la discoteca más famosa de la ciudad, dicen que en un momento determinado de la noche ,entró a la discoteca un joven, que atraía las miradas de todas las jovencitas que se encontraban en el lugar, era alto ,muy bien vestido, con unos ojos algo extraños pero encantadores…

Este apuesto joven se acercó a una muchacha para sacarla a bailar y ella encantada por su apariencia aceptó sin pensarlo dos veces, mientras bailaban él le advirtió que no mirara sus pies ya que se sentía un poco intimidado y no era capaz de seguir el ritmo, ella asintió con la cabeza…

Pero al cabo de un rato no resistió mirar sus pies, ella se quedó sin aliento al ver unas garras horribles y se desmayó enseguida, todo el mundo al ver a esta joven tendida en el suelo corrió a socorrerla, y el joven con el que bailaba ya había desaparecido del lugar.

La muchacha cayó en un terrible estado de coma, y sus padres ordenaron revisar las cámaras del lugar para identificar al hombre que todos creían que era el culpable de su estado, pero para sorpresa de todos, en el video de seguridad se veía claramente que la jovencita se movía sola por toda la pista de baile, el hombre no se reflejaba en la grabación. Para confirmar esta escalofriante historia en el baño del establecimiento en uno de los espejos decía:

“Viernes Santo, muerte de Cristo, Viernes Santo yo revivo y riego sangre y temor entre los humanos”…

La discoteca estuvo varios días impregnada con un olor a azufre y la joven murió después de un tiempo con unas marcas de quemaduras en la espalda…

¿¿¿Te atreverías a irte de fiesta ahora en Viernes Santo??

La Pulsera NegraSegún cuenta la leyenda en algunos hospitales de Estados Unidos utilizan unas pulseras de color negro pa...
05/07/2017

La Pulsera Negra

Según cuenta la leyenda en algunos hospitales de Estados Unidos utilizan unas pulseras de color negro para marcar la hora a la que falleció una persona y cual fue el motivo de su muerte. Si ves a alguien con una de estas pulseras podrías estar junto a un fantasma…
Thomas era un joven médico que trabajaba de interno en un frío hospital de Dakota del Norte. Su vocación y sus ganas de salvar vidas eran el único motivo por el que no caía rendido de cansancio en unas interminables guardias que podían prolongarse hasta 36 horas y que le dejaban exhausto.

Aquella noche había sido especialmente dura, el servicio de urgencias no tuvo ni un respiro y Thomas había tenido que encargarse por primera vez de una paciente sin el respaldo de otro doctor. Luchó por la vida de la chica, que no debía tener más de 22 años, durante más de dos horas, pero desde que llegó se había considerado un caso perdido y en el hospital decidieron priorizar a otros pacientes que tenían más posibilidades de sobrevivir. Los daños que había sufrido la joven en ese accidente de tráfico múltiple eran tan graves, que incluso si Thomas hubiese conseguido obrar un milagro y la chica hubiese sobrevivido, las secuelas hubiesen sido tan graves que probablemente habría quedado en estado vegetativo.

Los médicos más experimentados del hospital habían acudido en la ayuda de los otros accidentados y decidieron “bautizar” a Thomas con un caso imposible para que un primer “fracaso” le hiciera comprender lo dura que es su profesión y no empezara a creérselo demasiado. Además priorizando a otros de los heridos habían conseguido salvar la vida de tres personas, en lo que había sido el peor accidente de tráfico que habían registrado las carreteras de la región en meses.

Thomas era consciente de que la chica probablemente nunca tuvo posibilidades de sobrevivir, pero aún así se sentía destrozado por dentro y tuvo que tragar saliva para contenerse las ganas de llorar cuando le puso una pulsera negra a la fallecida. La pulsera negra era un protocolo de su hospital que servía para marcar a un difunto y señalar la hora y causas de su muerte. Normalmente eran las enfermeras quienes se encargaban de rellenar los datos y ponerle la pulsera antes de mandar a un cadáver a la morgue. Pero Thomas pensó que haciéndolo él, el recuerdo de su primer “fracaso” le serviría para aprender y avanzar en la que puede llegar a ser una de las profesiones más duras. Memorizó cada una de las facciones de la chica y la cubrió con una sábana para que uno de los celadores se la llevara en una camilla por un interminable pasillo que conducía al depósito de cadáveres.

Al finalizar su turno, Thomas parecía un zombi, su cara demacrada por el cansancio y el fuerte impacto emocional de perder a su primer paciente le habían dejado destrozado. No era la primera vez que alguien se moría en una mesa de operaciones frente a él, pero esta era la primera vez que él era el doctor al mando y el “único responsable”. En su mente repasaba todos y cada uno de sus movimientos y trataba de buscar cual fue su error o si había algo más que pudiera haber hecho. Pero incluso él mismo, sabía que su proceder había sido impecable y que cuando a alguien le llega la hora es imposible luchar contra el destino.

Cabizbajo y caminando casi dormido entró en el ascensor. Se dirigía a la séptima planta donde tenía su ropa, lo único que quería era cambiarse e irse a dormir a la residencia que estaba a pocas calles del edificio del hospital. Eran las cuatro de la mañana y el hospital parecía vacío, tan absorto estaba en sus pensamientos que casi ni se dio cuenta de que había alguien dentro del ascensor cuando entró. Una mujer le saludó:

-Uff y yo que creía que tenía mala cara, ¿chico pero que te ha pasado?

Thomas se giró y vio a una mujer de unos cuarenta años que le sonreía, estaba casi tan pálida como él y aunque no tenía muchas ganas de conversar la contestó.

-Hoy ha sido un día muy duro, no se ni como estoy todavía de pie. Además he perdido a mi primer paciente – le dijo mientras ponía un gesto que denotaba que estaba a punto de echarse a llorar.

-Pues por la cara que pones estoy seguro que has hecho todo lo que podías, no seas tan duro contigo mismo.

-Muchas gracias, probablemente mañana pueda verlo de otra forma – dijo Thomas mientras se giraba a ver porque se había abierto la puerta del ascensor en una planta que ninguno de los dos había marcado.

Al mirar fuera vio la silueta de una joven en mitad del pasillo, al terminar de abrirse la puerta del ascensor comenzó a girarse lentamente hacia ellos. Thomas al ver la cara de la chica dio un salto hacia atrás y pegó la espalda a la pared del ascensor mientras señalaba a la chica que había fuera y trataba de decir algo sin conseguir articular palabra. De repente pareció recuperar el control de su cuerpo y se abalanzó hacia el panel del ascensor presionando repetidamente el botón que cerraba las puertas. La mujer que había en el interior del ascensor se quedó mirándole perpleja cuando la puerta se cerró cuando faltaba menos de un metro para que la joven que había fuera entrara en el ascensor.

-E… e… esa chica – dijo tartamudeando del susto – yo mismo la vi morir, no pude hacer nada para salvarla y le puse esa pulsera negra.

La mujer que se había mantenido pegada a la pared sonrió y mientras levantaba el brazo le preguntó:

– ¿Una pulsera cómo esta?

Thomas se giró a mirarla y vió como en su muñeca había una pulsera de color negro, idéntica a las que usan en el hospital. El joven médico se desmayó del susto y en su caída agarró fugazmente el brazo que le mostraba la mujer con la que había compartido la charla en el ascensor.

Minutos después encontraron a Thomas aún desfallecido en el suelo del ascensor. Todos atribuyeron su desmayo al cansancio. Pero él sabía que lo que había pasado era real, en su mano tenía una pulsera negra que había arrancado sin querer del brazo de la mujer que había en el ascensor mientras caía desmayado. Al revisar la pulsera pudo comprobar que la mujer había fallecido dos años antes en un accidente de tráfico muy similar al de la chica que quiso salvar.

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