20/07/2026
Ser xiqueño es llevar en el corazón una tradición que no solo se admira por su belleza, sino por el amor con el que se construye. Cada puñado de aserrín de colores representa el esfuerzo de familias enteras que, año con año, se reúnen para mantener viva una herencia que nos identifica ante el mundo.
El tapete no es solo una obra de arte; es un símbolo de fe, de unión y de identidad. Es el momento en que niños, jóvenes, adultos y personas mayores trabajan hombro con hombro, compartiendo historias, enseñanzas y el orgullo de pertenecer a un pueblo que nunca olvida sus raíces.
Y aunque sabemos que, al paso de la procesión de Santa María Magdalena, el tapete desaparecerá, su verdadero valor nunca está en cuánto dura, sino en el significado que deja. Nos recuerda que las cosas más valiosas no siempre son permanentes: el amor, la fe, el servicio y las tradiciones viven en quienes las conservan y las transmiten.
Como xiqueño, me llena de orgullo saber que formo parte de una comunidad que convierte las calles en un lienzo de colores y el trabajo colectivo en una expresión de devoción. Porque mientras exista alguien dispuesto a colocar un puñado de aserrín con el corazón, esta tradición seguirá viva y Xico seguirá siendo un ejemplo de cultura, identidad y esperanza.
Ser xiqueño no es solo haber nacido aquí; es sentirse parte de una historia que se construye con las manos, se vive con el corazón y se hereda con orgullo.