25/11/2021
Día Internacional de la No violencia contra la MUJER, fecha elegida por la ONU en memoria de las hermanas Mirabal, aquí su historia:
Las tres hermanas Mirabal que han pasado a la historia por su trágica muerte a manos de sicarios del gobierno dominicano, se llamaban Minerva, Patria y María Teresa. Nacieron todas en la provincia de Salcedo, en la República Dominicana, y en su país natal lucharon contra el régimen, respaldado por el gobierno de Estados Unidos, del dictador Rafael Leónidas Trujillo, de cuyo acoso, por cierto, fue objeto una de ellas, Minerva, que rechazó sus avances amorosos, tras lo cual Trujillo, despechado, persiguió sin tregua a toda la familia.
Las hermanas Mirabal integraron la Agrupación Política 14 de Junio, que llevaba ese nombre por la fecha de una masacre presenciada por Patria. En varias ocasiones, Minerva y María Teresa, las militantes, fueron apresadas, torturadas y violadas.
El 18 de mayo de 1960 fueron condenadas a tres años de prisión por socavar la seguridad del estado. Pero, en un gesto enigmático, el 9 de agosto de aquel año Minerva y María Teresa fueron puestas en libertad por orden expresa del propio Trujillo. Supuestamente, se trataba de una demostración de generosidad de parte del presidente del país. Pero la verdad era otra. Su liberación formaba parte de una misión encomendada por Trujillo al general Román, ministro de las Fuerzas Armadas. El plan era bastante clásico, incluso en el desenlace, que terminaba con una emboscada en la carretera y un simulado accidente automovilístico. Así que el 25 de noviembre de 1960 el auto en el que iban Patria, Minerva, María Teresa y Rufino de la Cruz fue interceptado y detenido por los cuatro hombres de la policía secreta. Los hicieron bajar, los separaron y los mataron a golpes. Cumplida la tarea, metieron en el coche los cadáveres y lo arrojaron a un barranco para que el crimen pareciera un accidente. Patria tenía 36 años; Minerva, 32, y María Teresa, 25. Su sospechosa muerte exacerbó la indignación popular contra el régimen y ese sórdido crimen terminó siendo para Trujillo el principio de su desgracia.