17/10/2022
GOTITAS DEL SABER !!!!!!!!!
LA REINTERPRETACIÓN SIMBÓLICA DEL ESPACIO FÍSICO Y NUESTRO ESPIRITISMO CRUZADO.
En la ciudad de Matanzas, no se encuentran centros, ni edificaciones especializadas, para la práctica del Espiritismo Cruzado. Esta función la desempeñan las propias viviendas de sus creyentes, y en sus propias casas templos, si resultan iniciados en las religiones populares cubanas de origen africano. Al entrar, por primera vez, a una de esas casas, el neófito puede enfrentarse a un inquietante universo visual, donde están presentes toda una serie de objetos con una función no simplemente decorativa, sino con una clara funcionalidad religiosa, que le es desconocida.
En dichas casas tienen lugar las llamadas misas o sesiones espiritistas, en la cuales se lleva a cabo la invocación y evocación de espíritus. Su objetivo fundamental es el lograr la ayuda y protección de estas entidades en los problemas de la vida cotidiana, y en la trascendental. Además, en las misas, se les trata de “dar luz” a aquellos hermanos desencarnados que la necesitan, o sea, a los espíritus que poseen alguna forma de atraso o imperfección espiritual. Las misas pueden clasificarse como de caridad, de recogimiento, para familiares, de investigación espiritual, de carácter festivo, etc. Ellas se realizan con el concurso de los médiums, los cuales son personas que, además de ser capaces de comunicarse con los espíritus, poseen ciertas facultades, tales como la clarividencia (visual y auditiva), intuición, presentimientos, etc.
El espacio físico donde transcurren las actividades mágico- religiosas propias de la variante cruzada del Espiritismo, entre ellas, las misas espirituales, resulta el mismo espacio objetivo y cotidiano donde transcurren las actividades naturales y sociales del hombre en su entorno hogareño y familiar, pero al mismo tiempo no lo es. Algo lo ha transformado y reinterpretado.
Y esta reinterpretación, de carácter simbólico, ocurre a través del prisma de las ideas y representaciones mágico religiosas de la creencia en cuestión. Como resultado de un cambio de representaciones, propiciadas por la acción de determinadas fórmulas rituales, ha ido perdiendo temporalmente su carácter cotidiano, y ha adquirido determinadas características, cierta atmósfera especial, que lo han transformado, y lo hacen diferente. Para los espiritistas de esta variante, ese espacio incluso trasciende el ubicado frente a la mesa altar, como se verá más adelante.
Al referirse al “espacio especial” la especialista cubana, Yalexis Castañeda Maché, considera que "Es el lugar propicio para hacer trascender sus ideas, "sentir" en su cuerpo las fuerzas o corrientes espirituales o "pasar un mu**to", al decir de los entrevistados. Allí todo lo que sucede se interpreta como expresión de una "realidad" que en el curso de la actividad se va legitimando frente a los presentes y que sólo encuentra pertenencia a través de la práctica misma. A esto le denominamos espacio real-simbólico, en el cual el practicante recrea su propio imaginario de la creencia dotándolo de sentido, virtudes y poderes sagrados, los que se hacen explícitos en la práctica según la dimensión social y subjetiva de la necesidad que presenten."
Si el practicante del Espiritismo está iniciado en la Regla de Ocha, en la Regla Arará, o en la Regla Palo Monte, entonces, en una misma habitación puede estar situada la mesa altar espiritista, junto a objetos y atributos sagrados, propios de estas diferentes expresiones religiosas de origen africano. De esta manera, la mesa altar, centro de la práctica espiritista, puede estar colocada a un lado del llamado canastillero de la Regla de Ocha en el llamado cuarto de santo. 1 Incluso, en algunos casos, la mesa altar está colocada en el cuarto de la nganga o prenda de Palo Monte.
De manera general, a diferencia de la variante del Espiritismo Cruzado de la zona oriental del país, donde en el propio altar espiritista pueden coincidir elementos de la Regla de Ocha y de la Regla Palo Monte (representaciones de deidades de la Regla de Ocha, e incluso de ngangas o prendas de Palo Monte), en la variante matancera, debido a la ortodoxia de la tradición de las religiones populares cubanas de origen africano, resultan campos de acción ritual que no deben mezclarse.
Ocupan espacios diferentes. Los objetos sagrados, y todos aquellos que simbolizan, representan, o simplemente están relacionados con los diferentes sistemas religiosos, pueden compartir el espacio de la misma habitación, pero sus prácticas rituales, por las tradiciones establecidas, no se entremezclan. Se excluyen entre sí. Este conlleva al hecho que habrá un mismo espacio físico que será compartido por la práctica de las diversas expresiones religiosas, en las que está iniciado el creyente. Sólo la aplicación de determinados rituales permite que cada una de las diferentes expresiones religiosas nombradas asimile, transforme, el espacio físicamente compartido, y lo convierta en su propio espacio real simbólico durante el transcurso del ritual. Se debe tener en cuenta, que en determinadas ocasiones las fronteras entre las diferentes expresiones religiosas se desdibujan un tanto entre si. Tal es el caso de las manifestaciones de los llamados “santos muerteros” en las misas espiritistas.
Son deidades de la Regla de Ocha, pero con un “camino” espiritual. Ellos son La Caridad del Cobre (Oshún), La Virgen de Regla (Yemayá) 7 rayos y San Lázaro (Babalú Ayé), entre otros. En las misas espiritistas, ese espacio especial es establecido, al iniciarlas, con la lectura del rezo “Al empezar la reunión”, y por la invocación y evocación de los espíritus mediante diferentes rezos y cantos espirituales.
Mientras que el rezo “Al fin de la reunión”, el cual señala la terminación de la sesión espiritista, restablece el carácter “normal” del espacio utilizado.
Bendiciones
Javier Gil Omo Shango