17/11/2025
Ken Robinson afirma que las escuelas matan la creatividad porque, en su visión, los sistemas educativos actuales fueron diseñados para responder a las necesidades de la era industrial, no para las del mundo cambiante y creativo en el que vivimos hoy. En muchas aulas, los estudiantes aprenden a seguir instrucciones, repetir información y evitar errores, cuando precisamente el error es una parte esencial del proceso creativo.
Robinson señala que, desde temprana edad, los niños llegan con una enorme capacidad de imaginar, proponer y experimentar, pero conforme avanzan en la escuela, ese impulso natural se va apagando por el miedo a equivocarse o no cumplir con las expectativas de “lo correcto”. Las materias artísticas, que podrían nutrir esa creatividad, suelen ocupar un lugar secundario frente a asignaturas consideradas más “útiles” o “importantes”. Esta forma de enseñanza produce generaciones que saben memorizar, pero no siempre saben pensar diferente o atreverse a innovar. Como docentes, este planteamiento nos invita a reflexionar sobre nuestras prácticas: ¿estamos formando mentes obedientes o mentes curiosas? Promover la creatividad es para lograr que la imaginación despierte, para que le permita al alumno explorar, cuestionar y crear. Si logramos que nuestros estudiantes se atrevan a pensar sin miedo, estaremos cumpliendo con una de las misiones más valiosas de la educación: ayudar a cada persona a descubrir y desarrollar su propio talento.