02/04/2026
Cada 2 de abril, el mundo celebra el poder de las historias en el Día Internacional del Libro Infantil, una fecha impulsada por International Board on Books for Young People que coincide con el nacimiento de Hans Christian Andersen, el genio que nos enseñó a soñar con cuentos inolvidables. En 2026, Chipre alza la voz con un mensaje tan simple como transformador: “Planta historias y el mundo florecerá”. Porque cada libro es una semilla, cada lectura una oportunidad, y cada niño que descubre una historia es un futuro que empieza a brillar con más empatía, imaginación y esperanza 🌱📚
Detrás de este poderoso lema están dos creadoras que creen en un mundo donde cuidar la infancia y la naturaleza van de la mano: Elena Perikleous y Sandra Eleftheriou. Elegidas por estudiantes de 19 escuelas, su obra nos recuerda que leer no es solo un acto, es una revolución silenciosa que forma ciudadanos más conscientes, libres y creativos. Hoy más que nunca, regalar un libro, leer en voz alta o abrir un espacio para la imaginación puede cambiarlo todo. ¿Qué historia vas a plantar hoy? 🌍✨
Planta historias, y el mundo florecerá.
Elena Perikleous.
Traducción de Despina Pirketti.
Érase una vez, nació un niño que anhelaba vivir mejor que los héroes de los cuentos de hadas, quienes solo vivían felices para siempre.
El niño creció y cambió, leyó y se convirtió en Don Quijote, luchando contra molinos de viento; Alicia, trayendo maravillas a la vida; Robin Hood, salvando los bosques; un lobo, reuniendo manadas que cantaban a la luna.
Pasaron los años, pero el mundo permaneció ajeno al cambio que una vez se soñó.
Sin embargo, el niño logró crear un mundo completamente nuevo en el patio de un jardín, repleto de todo aquello que amaba.
Pasaron más años.
Y mientras los libros susurraban sabiduría al alma, el niño supo lo que tenía que hacer.
Cuando llegó el otoño, se labró la tierra y se sembraron las semillas.
Llegó el invierno.
El niño esperó pacientemente a que la blanca capa de nieve se derritiera, nutrido por la compañía de los libros que empezaban a brotar.
Entonces llegó la primavera. Las tiernas hojas brotaron de los tallos.
Los troncos se engrosaron, las ramas se alargaron, los capullos surgieron.
El alma del niño floreció, llenándose de colores y aromas.
¿Y el verano?
Era la época de los barcos, los veleros, los globos aerostáticos, las bicicletas… ¡la época de viajar a lo largo y ancho del mundo!
Ahora el niño lo sabía, sin lugar a dudas:
esta era la manera de cambiar el mundo: convirtiéndose en sembrador.
Una plantadora de historias mágicas, sembrando palabras, cultivando imágenes, cosechando asombro, regando la imaginación.
Y así, las historias comenzaron a crecer y a extenderse.
¿Y entonces?
El niño, con amor, regalaba ramos a los transeúntes:
ramos de paz, esperanza, fortaleza y fe en lo imposible.
Ramos de pequeños milagros para cada uno de nosotros.
Cada primavera, el dos de abril,
las historias que el niño había sembrado incendiaban el mundo con su esplendor.
Ah, y a través de los talleres de jardinería, se transmitió sabiduría sobre la cosecha tanto a jóvenes como a mayores.
Y el jardín del niño se convirtió en el Jardín de la Esperanza,
el patio, en el Patio de las Maravillas,
mientras el mago siempre se mantenía firme,
desenrollando hilos rojos de cuentos al viento.