16/01/2024
Brasil perdió el tren del boom, y con el país perdió su oportunidad una autora brasileña magnífica, que debería haber tenido más hueco en el movimiento: Clarice Lispector. Lispector engañaba al tiempo para escribir, dedicándose a la tarea de las letras entre ruidos domésticos y su vida antiliteraria de mujer de embajador. Escribía consejos de moda y recetas bajo seudónimo, aunque se cuenta que era incapaz de freír un huevo. Eso ocurría porque lo que realmente cocinaba en casa eran obras como esa joya publicada cuando solamente tenía veintiún años llamada Cerca del corazón salvaje. Como la Garro, Lispector también tuvo lemas de escritora abigarrada y bukowskiana: «Los que me lean se llevarán un puñetazo en el estómago, a ver si les gusta. La vida es un puñetazo en el estómago». Cuando Lispector escribe lleva al lector a una suerte de cámara de la inconsciencia, donde el pensamiento es una especie de eco incesante que la autora traslada al texto. La pasión según G. H., otra de sus obras más interesantes, es un monólogo interior radicalmente distinto, kafkiano por más que el lector encuentre que lo que ahí se dice es vigorosamente posible.