25/05/2025
Betty Bell 1974 - The Archaeology of West Mexico
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"The Archaeology of West Mexico", editado por Betty Bell, es una obra fundamental que recopila los trabajos presentados en los simposios de la Sociedad de Arqueología Americana (SAA) de 1970 y 1971, junto con contribuciones adicionales. Su objetivo principal es ofrecer una instantánea del estado del conocimiento sobre la arqueología del occidente de México a principios de los años 70, un área que hasta entonces había sido considerada una periferia cultural marginal en comparación con el centro y sur de México. La publicación busca reevaluar esta visión, presentando pruebas de su complejidad cultural, profundidad temporal y conexiones de largo alcance.
Cambio de paradigma y superación de mitos
En la introducción, Otto Schöndube Baumbach critica abiertamente los viejos conceptos que habían dominado la investigación, como la idea de que toda la región fue predominantemente "tarasca" o que su desarrollo cultural era un reflejo tardío y pobre del centro de México. Se enfatiza la necesidad de estudiar el Occidente con una mentalidad más amplia, definiéndolo por sus propias características en lugar de hacerlo por sus carencias respecto a otras áreas mesoamericanas. Un tema recurrente a lo largo del libro es el problema del saqueo masivo de tumbas, especialmente las de tiro, que ha destruido un contexto arqueológico invaluable, enriqueciendo colecciones privadas a costa del conocimiento científico.
Grandes proyectos de investigación y cronología
Una parte sustancial del volumen está dedicada a detallar los resultados de las investigaciones de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). H. B. Nicholson y Clement W. Meighan resumen décadas de trabajo en sitios clave como Peñitas y Amapa (Nayarit), estableciendo secuencias cerámicas que abarcan desde el Clásico hasta el Posclásico. Estos trabajos, complementados con fechamientos de radiocarbono e hidratación de obsidiana, fueron cruciales para construir una cronología sólida para la costa norte del Occidente.
El Proyecto A del Instituto de Investigación Andina, dirigido por los mismos investigadores, exploró la costa del Pacífico desde Nayarit hasta Michoacán, con excavaciones en sitios como Morett, Playa del Tesoro (Jalisco/Colima) y Melchor Ocampo (Michoacán). El sitio de Morett resultó especialmente importante por su ocupación temprana (300 a.C. - 750 d.C.), ofreciendo una ventana al Formativo y Clásico de la región.
En la cuenca de Magdalena (Jalisco), el trabajo de Stanley V. Long en el área de Etzatlán se centró en la problemática de las tumbas de tiro. Aunque no logró excavar una intacta, su meticuloso registro de tumbas saqueadas, como la de San Sebastián, permitió fechar este complejo funerario entre el 200 a.C. y el 400 d.C., asociándolo a un elaborado culto a los antepasados y a las famosas figuras cerámicas huecas.
Clement Meighan y Leonard Foote presentan las excavaciones en Tizapán el Alto, en la ribera del lago de Chapala, donde se identificaron dos fases cerámicas (Cojumatlán y Tizapán) del Posclásico temprano y medio, con enterramientos primarios flexionados.
J. Charles Kelley ofrece una visión macroregional, especulando sobre la expansión de la cultura mesoamericana hacia el norte a través de procesos de difusión "blanda" (colonización agrícola) y "dura" (intercambio de élites, como el de los pochtecas). Analiza la distribución de la cerámica "paint cloisonné" y de las denominadas "esferas de interacción", que conectaban regiones distantes a través de redes comerciales y de intercambio de ideas religiosas y estéticas. Un punto culminante de su ensayo es la interpretación de las maquetas cerámicas de Nayarit y Colima como representaciones del ritual del "volador" y de conceptos cosmológicos como los árboles del mundo y los rumbos cardinales, vinculando así la arqueología con la etnohistoria y la mitología.
Beatriz Braniff, por su parte, traza la oscilación de la frontera norte de Mesoamérica, identificando las oleadas de expansión y retracción de las sociedades sedentarias desde el Preclásico hasta el Posclásico.
Estudios de caso: costa, entierros y arte
Las investigaciones de Stuart D. Scott y J. Richard Shenkel en las Marismas Nacionales (Sinaloa/Nayarit) se enfocan en la adaptación humana al medio ambiente estuarino. Shenkel realiza un análisis cuantitativo de los enormes concheros, estimando la población y los patrones de subsistencia basados en la explotación de moluscos. Destaca el hallazgo de El Calón, un enorme montículo de co**ha interpretado como un templo, que demuestra el uso ritual de este recurso.
Rosemary Sweetman analiza la cerámica de la misma región, estableciendo correlaciones con las secuencias de Chametla (Sinaloa) y Amapa, e identificando una gran cantidad de cerámica de intercambio que sugiere una intensa actividad comercial.
George W. Gill presenta un detallado estudio de las costumbres funerarias en las Marismas, documentando una variedad de prácticas que incluyen entierros primarios (extendidos, flexionados, sedentes) y secundarios (osarios, entierros en olla). Observa un cambio diacrónico en la posición de los entierros, de extendido a flexionado hacia el Posclásico tardío.
Joseph B. Mountjoy excava en San Blas (Nayarit), definiendo el Complejo San Blas (ca. 700-400 a.C.), una ocupación formativa con una marcada orientación hacia la explotación de recursos marinos (tortugas, moluscos), que presenta similitudes con fases tempranas de Chiapas y Guatemala, sugiriendo una expansión cultural por la costa del Pacífico.
Phil C. Weigand aborda la arqueología del área de Etzatlán desde una perspectiva de patrón de asentamiento, definiendo una jerarquía de sitios de diferente rango durante la época de las tumbas de tiro. Propone que el sitio de Ahualulco funcionó como un centro rector o capital de una entidad política compleja, integrando a los sitios de menor rango a través de redes de intercambio de recursos raros (obsidiana, cristales).
Peter T. Furst defiende el uso de la analogía etnográfica, especialmente con los huicholes, para interpretar el arte de las tumbas de tiro. Rebate la idea de que este arte sea meramente secular, proponiendo que figuras como los "cornudos" representan chamanes o psicopompos, y que muchos objetos y gestos tienen un profundo significado religioso y simbólico relacionado con el chamanismo, los hongos alucinógenos y conceptos del inframundo.
Betty Bell presenta las excavaciones en El Cerro Encantado (Jalisco), un sitio contemporáneo a las tumbas de tiro pero sin ellas. El hallazgo de un par de figurillas "cornudas" en un entierro controlado fue el primero de su tipo. La cerámica, dominada por la pintura negativa, y la presencia de cerámica "paint cloisonné" relacionan el sitio con Chupícuaro y con la cultura Chalchihuites, mostrando que la región de Los Altos de Jalisco fue un cruce de influencias entre el centro de México y el norte.
Otto Schöndube documenta la presencia de deidades del panteón mesoamericano (Tláloc, Xipe, Huehueteotl, Quetzalcóatl) en el área de Tamazula-Tuxpan-Zapotlán, basándose en hallazgos arqueológicos (vasijas efigie, máscaras) y crónicas del siglo XVI.
José Arturo Oliveros reporta nuevas excavaciones en El Opeño (Michoacán), donde descubre más tumbas de cámara con escalera, mucho más tempranas (ca. 1500 a.C.) que las tumbas de tiro. Los materiales, con figurillas y cerámica que muestras vínculos con Tlatilco y la costa de Ecuador, colocan a El Opeño como un sitio fundamental para entender el Preclásico medio y las posibles rutas de contacto con Sudamérica.
Eduardo Matos e Isabel Kelly analizan una vasija policromada de posible origen colimense con decoración de estilo teotihuacano, sugiriendo relaciones entre el Occidente y la gran metrópoli del centro de México durante el Clásico. Kelly, por su parte, presenta el complejo Capacha (Colima), caracterizado por vasijas con silueta compuesta y asa de estribo, que con fechas alrededor de 1500 a.C., representa la cerámica más temprana del Occidente y muestra claras similitudes con la fase Machalilla de Ecuador, apuntando a un contacto marítimo transoceánico muy temprano.
Finalmente, R. E. Taylor presenta un compendio de los fechamientos absolutos (radiocarbono, hidratación de obsidiana) y estudios arqueométricos (termoluminiscencia, arqueomagnetismo) que consolidan la cronología de la región, y Robert B. Pickering ofrece un informe preliminar sobre los restos óseos de Alta Vista (Zacatecas), donde se encontró un entierro múltiple que sugiere prácticas sacrificiales complejas.
En conjunto, "The Archaeology of West Mexico" logró su cometido de reubicar al Occidente dentro de los estudios mesoamericanos, demostrando que no fue una periferia pasiva, sino un área dinámica con una historia larga y compleja, caracterizada por una gran diversidad cultural, un desarrollo regional propio y una participación activa en redes de interacción que la conectaban con el centro de México, el suroeste de Estados Unidos y las regiones andinas de Sudamérica.