28/05/2020
La UV-C es el tipo de radiación ultravioleta que se sitúa en un intervalo de longitudes de onda de 280 a 100 nanómetros. La mayoría de las personas han oído hablar de los peligros de la exposición a la UVA (400 a 315 nm) y a la UVB (315 a 280 nm) procedente del sol o de las camas solares. La radiación UVC, también producida por el sol, es la longitud de onda ultravioleta más corta y se filtra casi por completo al pasar por la atmósfera, antes de llegar a la superficie terrestre. Por tanto, las personas están muy poco o nada expuestas a ella de manera natural, lo cual es bueno. Cuanto más corta es la longitud de onda, más impacto podría tener la radiación ultravioleta en la salud humana.
La UVC producida artificialmente se ha utilizado con éxito como germicida y bactericida durante décadas. Puede matar microorganismos, como bacterias, virus y otros patógenos, o impedir su desarrollo, y proporciona una alternativa sin sustancias químicas a otros métodos de desinfección, como el uso de cloro. Es por ello que se han desarrollado lámparas germicidas que emiten a 254 nm UVC. Hasta ahora estas lámparas sólo se utilizan en lugares donde no hay personas presentes porque se sabe que causan efectos secundarios perjudiciales como el cáncer de piel y las cataratas.
La lámpara utilizada en el estudio tiene una longitud de onda más pequeña de 222 nm y está siendo desarrollada con la esperanza de que pueda ser utilizada en el campo de la medicina. La División de Cirugía Ortopédica de la Universidad de Kobe (Profesor KURODA Ryosuke y otros) ha demostrado que la longitud de onda de 222 nm es comparable a la de 254 nm en cuanto a la capacidad de erradicar las bacterias de la piel humana. Sin embargo, si esta tecnología se va a utilizar directamente en seres humanos en una instalación médica, es necesario demostrar que la posible exposición repetida a la radiación UVC de 222 nm es segura y no carcinógena.