22/02/2026
En las últimas dos semanas hemos sabido que dos librerías de Madrid cierran, «Tipos» y «Cafebrería». En ambas presenté un libro y gracias a ese recuerdo no las olvidaré. Veo la reacción de clientes reales, pero intuyo que otros tantos simplemente se suben al carro de la indignación y del enfado colectivo. De la misma manera que les enfada el cierre de teatros que nunca han pisado o de salas de cine cuyas películas ven en plataformas.
Los negocios cierran de la misma manera que el ser humano migra de un país a otro, es parte del ciclo de la vida. Unos cierran y otros abren. Las ciudades evolucionan o involucionan y sus gustos, hábitos y necesidades cambian. Pero es cierto que vivimos en un país en el que estar al frente de un negocio significa ponernos en guardia para defender ilusiones y planes que resulta casi imposible mantener con vida. No, no nos lo ponen nada fácil.
Hemos recibido no pocos mensajes de «Amapolers» y escritores amigos rogándonos que no cerremos también nosotras.
Desde el principio fui por libre. Y me refiero al principio de mi vida, no de la vida de la librería. Intento mantenerme al margen del murmullo y hacer las cosas a mi manera, ¡y ya sumamos siete años, mire usted! El mérito no es mío. No es de Lana. No es nuestro. El mérito es de los lectores que ya sois «Amapolers». De vuestra complicidad y cariño. De cómo habéis convertido este lugar en vuestro hogar.
Y gracias a vosotros, esta librería sigue y seguirá abierta.
Nadie sabe qué pasará el día de mañana, pero si hoy me paso por aquí lo hago para pediros que no os alejéis de los pequeños negocios de vuestra calle, esquivad la comodidad del servicio rápido, ayudadnos a mantener la esencia de Madrid antes de verla convertida en una ciudad gemela de otra cualquiera. Cuidadnos, antes de que los edificios más emblemáticos y las calles más icónicas pierdan su personalidad. Antes de enterrar la historia bajo vinilos, modas y luces de neón.
Ninguna persona abre una librería para convertirse en millonario, la riqueza nada tiene que ver con el dinero en nuestro caso, pero si queremos seguir, si queréis que sigamos, visitad las librerías de vuestros barrios.
Gracias.
Laura Riñón Sirera