29/05/2026
No me gusta hacer este tipo de publicaciones.
Porque sinceramente, después de más de 30 años en este oficio, ya no sé si algunas situaciones son para enfadarse o simplemente para sonreír con resignación.
Recibes una foto de una pletina de suelo ligeramente despegada.
Una pieza colocada con adhesivo.
Un elemento sometido a uso diario, limpieza, humedad, cambios de temperatura y desgaste.
Una reparación que probablemente lleve menos tiempo hacerla que escribir el mensaje para comunicarla.
Y hasta ahí todo normal.
Lo que realmente llama la atención no es la incidencia.
Lo que molesta son las formas.
La exageración.
El dramatismo.
La sensación de que estamos ante un problema gravísimo cuando hablamos de un remate de minutos.
Porque los profesionales entendemos que las incidencias existen.
Las hemos tenido todos.
Las tendremos todos.
Y las seguiremos resolviendo todos.
Lo que cuesta entender es cómo algunos detalles generan mensajes urgentes, preocupación inmediata y exigencias constantes…
…mientras otros compromisos mucho más importantes parecen no tener ninguna urgencia.
Porque resulta curioso comprobar cómo una reparación de un minuto puede provocar más preocupación que una deuda pendiente de casi 7.000 euros.
Y no, la reflexión no va sobre una pletina.
Va sobre el respeto profesional.
Va sobre entender que detrás de cada montaje hay personas.
Detrás de cada desplazamiento hay tiempo.
Detrás de cada solución hay trabajo.
Y detrás de cada factura hay un profesional que también tiene obligaciones que cumplir.
Las incidencias no desgastan el sector.
Lo que desgasta son los dobles estándares.
Seguiré respondiendo cuando aparezca cualquier incidencia.
Como siempre.
Pero sigo pensando que la profesionalidad debería funcionar en ambas direcciones.