Librería Amarcord

Librería Amarcord Cine, libros, cómics y más... la pequeña librería de la esquina.

17/06/2026

Desde hoy, miércoles 17, y hasta el domingo 21, trasladamos nuestro Gabinete de Curiosidades a la Feria del Libro de Gijón, en el paseo de Begoña, donde nos encontraréis en la caseta 38, frente al Teatro Jovellanos, preservando las enseñanzas de Sayat-Nova.

"Los libros deben ser bien conservados y leídos
porque los libros son el Alma y la Vida".

Ya hace mucho tiempo que nuestros bosques no se engalanan con el aletear del Goofus Bird, esa evocadora ave que vuela mi...
12/06/2026

Ya hace mucho tiempo que nuestros bosques no se engalanan con el aletear del Goofus Bird, esa evocadora ave que vuela mirando hacia atrás, pues no le importa hacia dónde va sino de donde viene. Por fortuna, su plumífera memoria pervive en los pasos de aquellos caminantes que, a la manera de W. G. Sebald, fijan como destino de sus travesías reencontrar las pulidas turgencias del pasado antes que verse atrapados en las redes de un presente inaprensible, esquinado y rugoso. Caminar, leer y escribir son para Sebald actividades complementarias, labores de un ojeador siempre presto a rebuscar entre las ruinas arquitectónicas de los imperios derribados por el avance del tiempo (“pirámides, arcos de triunfo y obeliscos son columnas de hielo que se derriten”), un tiempo (el suyo, el del mundo que le vio nacer, el del derrumbe de los ideales europeos cimentados en la razón y la cultura) escrito en los anales de la Historia, pero también en las páginas de la literatura, erigiéndose esta en salvaguarda, memoria y consuelo ante el sacrificio de generaciones desbrozadas por la inmisericorde siega de la barbarie.

“La vista sinóptica que atraviesa en esas líneas la frontera de la muerte está sin embargo ensombrecida e iluminada a la vez por el recuerdo de aquellos a los que se hizo mayor injusticia. Hay muchas formas de escribir; pero solo en literatura, por encima del registro de los hechos y de la ciencia, puede intentarse la restitución”.

Ensayos de W. G. Sebald: Pútrida patria, Estancia en una casa de campo, Sobre la historia natural de la destrucción y Campo Santo. En versión castellana de Miguel Sáenz y Juan de Sola. Cortesía de editorial Anagrama.

Fue necesario llegar al “imperio final de los decadentes” para que se comenzase a apreciar en su justa medida la obra de...
25/05/2026

Fue necesario llegar al “imperio final de los decadentes” para que se comenzase a apreciar en su justa medida la obra del fabulador ma***to por excelencia, alabanzas y traducciones de Baudelaire mediante; pero aún hoy, admirado como cuentista, ensayista y poeta, el Edgar Allan Poe novelista permanece en la sombra, quizás por lo enrarecido de su única aportación al género, la Narración de Arthur Gordon Pym, obra tan escabrosa como contradictoria, un relato viajero con pretensiones iniciales de escrupuloso realismo que acaba zozobrando en las propias obsesiones de su hacedor: horror, pesadillas, sadismo, morbo, enigmas inescrutables…

“De modo que… ¡creía en la existencia de un manuscrito de Arthur Gordon Pym! Pero la novela de Edgar Poe no era más que ficción, una obra de imaginación del más prodigioso de nuestros escritores norteamericanos”.
Jules Verne, La esfinge de los hielos.

Pese a su escasa resonancia inicial entre el público, han sido los propios escritores los que han ensalzado esta desconcertante crónica marinera, de Bachelard y Wells a Cortázar y Borges (que le dedicó un memorable ensayo, El arte narrativo y la magia, en el que empareja el trayecto de Pym con el de Ismael en Moby Dick, hermanados ambos por la atracción/temor hacia el indescifrable pigmento de la blancura), llegando dos de los más fervientes admiradores del atormentado Poe a prolongar la navegación hacia las tierras glaciares allí donde su cronista inicial la interrumpió: Jules Verne, fiel creyente en el progreso y la tecnología, racionaliza en La esfinge de los hielos el delirio de Poe exponiéndolo a la pragmática luz de sus Viajes Extraordinarios; por contra, H. P. Lovecraft (ese “escritor de «science fiction» que murió perseguido por seres invisibles”, apostillará Joan Perucho) abisma a Pym en Las montañas de la locura hacia los horrores del caos primigenio, donde incompresibles seres tentaculares regurgitan una maldad viscosa, protoplasmática.

“...fuentes insospechadas y prohibidas que Poe pudo consultar cuando escribió su Arthur Gordon Pym hace ya un siglo. Se recordará que en esta fantástica narración hay una palabra de significado desconocido, pero temible y prodigiosa, una palabra relacionada con la Antártida y que gritan las gigantescas aves de fantasmal blancura en el centro de esa malévola región. «¡Tekeli-li!», «¡Tekeli-li!». Eso fue exactamente lo que nos pareció articulaba aquel repentino ruido tras la blanca neblina que avanzaba, aquel insidioso silbido musical…”.
H. P. Lovecraft, En las montañas de la locura.

Volver a navegar hacia el Antártico tras las estelas del Grampus y de la Jane Guy (y cruzar nuestro camino con una nave holandesa guiada por el albatros y emponzoñada por el hedor de lo putrefacto), flanqueados ahora por el positivismo trotamundos de Verne y por los terrores cósmicos de Lovecraft, constituye uno de los desafíos más excitantes a la par que ominosos de la literatura: quizás esta vez descifremos los misterios del Mar Blanco, o quizás este termine amortajándonos con su nívea, lechosa palidez.

“Aquella sustancia con consistencia de ceniza nos caía encima ahora continuamente y en grandes cantidades. La bruma que se veía al sur se había elevado en el horizonte de manera prodigiosa y comenzaba a adquirir una forma más definida. No puedo compararla con ninguna otra cosa aparte de una catarata infinita que desaguara ondulante y silenciosamente en el mar procedente de algún inmenso y distante barranco en el cielo. Aquel manto gigante cubría por completo el horizonte sur. No emitía sonido alguno”.
Edgar Allan Poe, La narración de Arthur Gordon Pym.

La narración de Arthur Gordon Pym, por E. A. Poe, La esfinge de los hielos, por Jules Verne, y En las montañas de locura, por H. P. Lovecraft: tres novelas reunidas en el volumen Trilogía de la Antártida. En versiones castellanas de Francisco Torres Oliver y Javier Torrente Malvido, por cortesía de editorial Valdemar.

“Ahora, cuatro siglos después, cuando en las noches oscuras se levantan de las llanuras y pantanos de Barquisimeto, Vale...
21/05/2026

“Ahora, cuatro siglos después, cuando en las noches oscuras se levantan de las llanuras y pantanos de Barquisimeto, Valencia y lugares de la costa de Burburata, fuegos de luz fosfórica que vagan y se agitan a los caprichos del viento, los campesinos cuentan a sus hijos que allí está el alma errante de Lope de Aguirre, el Peregrino, que no encuentra dicha ni reposo en el mundo”.
Ramón J. Sender, La aventura equinoccial de Lope de Aguirre.

Ambicioso, conjurado, asesino, blasfemo, parricida, traidor a la Corona. Pero también rebelde, astuto, insurrecto y precursor de muchas luchas futuras contra el poder establecido, Lope de Aguirre es uno de esos personajes tan contradictorios como irrepetibles, cuyo mito ha perdurado gracias a memorables retratos legados por la historia, la literatura y el cine. Tampoco el cómic le ha dejado de lado, con singular fortuna: a los trazos de Enrique Breccia, Federico del Barrio y Ricard Castells, podemos sumar, gracias a la feliz recuperación de Astiberri, la delirante, ponzoñosa inmersión en la atormentada personalidad de aquel líder de marañones que Alberto Breccia nos legó en sus últimos años, los más libres y osados del descomunal, eterno hacedor de Mort Cinder.

“Yo soy Lope de Aguirre, el Peregrino. ¡Yo soy la ira de Dios! ¡Yo soy el Príncipe de la Libertad y de la Guerra! Este es mi cielo… Estas son mis estrellas… Esta es mi tierra ahora y para siempre”.

El Dorado. El delirio de Lope de Aguirre. En palabras de Carlos Albiac e imágenes de Alberto Breccia. Cortesía de Astiberri.

"No me hables del mar, sumérgete.No me hables de la montaña, asciende.No me hables del libro, lee, adentra más aún la ca...
30/04/2026

"No me hables del mar, sumérgete.
No me hables de la montaña, asciende.
No me hables del libro, lee, adentra más aún la cabeza en el abismo donde tu alma se pierde".

Crítica del juicio: Pascal Quignard en editorial Canta Mares.
Versión castellana de Melina Balcázar.

“No intento recordar las cosas que ocurren en los libros. Lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y va...
23/04/2026

“No intento recordar las cosas que ocurren en los libros. Lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor, que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, que me recuerde la urgencia de actuar”.

Léolo, el niño que residía en la nación más vasta y prodigiosa creada por la humanidad: el Libro.

Léolo, 1992. Jean-Claude Lauzon.

Me acuerdo de que Percival Bartlebooth  pintó su primera marina en Gijón en 1935, al mismo tiempo que Fernand de Beaumon...
17/04/2026

Me acuerdo de que Percival Bartlebooth pintó su primera marina en Gijón en 1935, al mismo tiempo que Fernand de Beaumont buscaba en tierras astures la legendaria, esplendorosa, ciudad árabe de Lebtit.

Me acuerdo de que la extraña desaparición de Anton Voyl fue narrada utilizando, más o menos, unos cuatrocientos mil caracteres tipográficos, y me acuerdo de que ninguno de ellos era la letra “e”.

Me acuerdo de que si miramos detenidamente El gabinete de un aficionado, del pintor alemán Heinrich Kürz, la “mise en abyme” nos devuelve la mirada, nos refleja en un “espejo al infinito”.

Me acuerdo de que Kim Nguyen dio 237 razones para leer a Georges Perec, todas ellas ciertas.

Me acuerdo: un coqueteo literario, un memorándum de cultura popular, una educación sentimental. Y 480 razones más para leer y recordar a Georges Perec. En versión castellana de Eduardo Berti, cortesía de editorial Impedimenta.

“Yo tenía 14 años y el hombre que se había metido en el tronco para morir era mi padre”.Podríamos interrogar a las almas...
14/04/2026

“Yo tenía 14 años y el hombre que se había metido en el tronco para morir era mi padre”.

Podríamos interrogar a las almas en pena de Comala, o especular, amasar cábalas, sobre qué ocurrió en la Zona para convertirla en territorio de milagros. O qué fuerzas ocultas removió un eclipse en aquel reducto húngaro donde resonaban las armonías de Werckmeister. Pero no seremos tan osados al indagar por los orígenes del innominado pueblo al que Mercè Rodoreda condenó a las sufrientes criaturas de La muerte y la primavera. Una tierra donde la noche aterroriza menos que el día, pues la luz solo alumbra miedos. Donde la primavera no es símbolo de renovación sino de putrefacción, pues todo nace ya ma***to.

Y quizás prefiramos no conocer el motivo de esas hecatombes de bestias, el porqué de devorar esa carne en concreto. O quién les quitó el rostro a las gentes sin cara, por qué el hombre del garrote vive en una cueva, dónde se fue la sombra de los ignotos y temidos caramenos… Por qué se entierra a los padres dentro de un árbol, por qué a los que mueren en el río se les devuelve al agua…

“Todo lo que nace está enfermo, putrefacto: porque la primavera es triste y es en primavera cuando todo el mundo está enfermo y las plantas y las flores son unas enfermedades de la tierra… lo podrido… sin verde la tierra estaría más tranquila”.

La muerte y la doncella, de Mercè Rodoreda: la alegoría, o la agonía, de una tierra incomprensible, perturbadora, donde el deseo ha sido devorado por el sufrimiento.
En versión castellana de Eduardo Jordá. Cortesía de Club Editor.

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