09/02/2026
Hoy necesito decir esto alto y claro.
Este pasillo lo he recorrido demasiadas veces.
Demasiadas horas, demasiados fines de semana.
Muy probablemente los lunes por la mañana la tienda no abrirá.
No por falta de compromiso —los pedidos se envían y el trabajo se hace—, sino porque después de un fin de semana recorriendo estos pasillos, el cuerpo y la cabeza no dan más. Aguanto con bastante decencia hasta el domingo noche que vuelvo a casa, pero los lunes estoy destrozada.
Pero este post no va solo de mí.
Quiero denunciar la alimentación que se sirve en algunos hospitales públicos de la , concretamente en el Hospital Arnau de Vilanova y en el hospital de larga estancia de Mislata.
Sé que no ocurre en todos los hospitales y que depende de las empresas de catering adjudicatarias. Hablo desde una experiencia prolongada, de meses pasando muchas horas allí, escuchando a pacientes, familias y profesionales.
Y lo que se ve de forma general es esto:
comida incomible, texturas inaceptables, platos fríos y una alimentación pobre en nutrientes básicos para personas convalecientes.
El resultado es claro: la gente no come. Las bandejas vuelven intactas. Personas en rehabilitación diaria se debilitan aún más.
Además, las familias hacemos doble trabajo.
Al estrés emocional, la falta de descanso y el desgaste psicológico, se suma tener que llevar comida decente para que nuestros familiares no empeoren. Porque si no lo hacemos, no comen.
Esto no debería pasar.
Pagamos impuestos.
La alimentación hospitalaria forma parte del tratamiento.
Entiendo que las empresas quieran ganar dinero.
Lo que no es aceptable es que se haga a costa de la salud de personas enfermas. Y aquí debe supervisar y auditar lo que se sirve durante todo el contrato.
Mi agradecimiento infinito a los profesionales sanitarios y cuidadores, y a las familias con las que comparto pasillos y momentos muy duros.
Por respeto a todos ellos, esto hay que decirlo.
Si lo has vivido, habla.
Si lo estás viviendo, reclama.
Compártelo.
La sanidad pública también es dignidad.
Y la comida hospitalaria, cuando no se controla, la vulnera.