20/12/2023
Comparto el relato de un muy respetado usuario de diversos componentes de audio de nuestra oferta. En este caso el que nos ocupa, es el maravilloso e incomparable lector de CD YBA Signature.
" Llevo muchos años con electrónicas YBA. La escucha de un ampli Integrè me puso en la órbita de
Yves-Bernard. Con sus diseños y los directos he crecido y madurado musicalmente, viviendo de
cerca todas sus épocas: las buenas, las no tanto, sus transiciones, su resurgir… Por supuesto, hay
vida ahí fuera y he conocido una parte representativa de la alta fidelidad pero disfruto de lo que he
configurado con el tiempo y sé que está a un buen nivel, también, en parte, por el esfuerzo puesto
en la sala, trabajando todo aquello que en audio puede potenciar (o arruinar) el desempeño de un
buen equipo.
Ya hará más de 25 años qué José Esteiro trajo a casa mi primer lector YBA, un CD 2 Alpha, que, en
tándem con el Integrè, disfruté muchísimo. Algo bueno entonces era que partiendo de un modelo
base podíamos escalar a niveles superiores sin cambiar el componente principal, simplemente añadiendo paquetes de mejora. Una inversión a plazos. Así convertí mi lector en un YBA CD1 con doble fuente de alimentación, hasta hace no mucho el tope de gama de la marca y con el que he convivido casi dos décadas. Hubiera sido mi lector definitivo. Lamentablemente, el desgaste de algunos
componentes como el bloque óptico y la mecánica de transporte empezaron a pasar factura y su
vida útil quedó comprometida. La verdad es que me encantaba, todo el conjunto sonaba delicioso
con esta fuente, era un gran lector. El resto de la cadena, más o menos, acompañaba: previo 1 Delta,
etapa Signature Classic 100W amplificando medios y agudos y Passion 1000 250W para los graves,
porque había que mover con soltura unas cajas ATC 150, que no son presa fácil.
Poco antes, ilusionado por el resurgimiento que consolidó Yves-Bernard desde China, me atreví a
incorporar el previo de su renovada serie Signature, ensamblado en un único chasis, en lugar del
célebre Classic de 4 chasis. Mis dudas y prevenciones con esta versión “resumida” acabaron cuando
lo puse a funcionar: era un Signature “plus” en toda regla, una gozada. Yves-Bernard encontró capacidad financiera y estructura empresarial y de producción para rediseñar completamente su serie
fetiche, con ideas largamente maduradas. Sé que personalmente ha trabajado lo indecible para cumplir no sólo un objetivo, sino todo un sueño. El resultado ha sido formidable.
No pude encontrar mejores argumentos para buscar también en YBA el sucesor de mi CD1. Le eché
el ojo al nuevo y rompedor Signature CD Player, igualmente un pesado pero mucho más “room
friendly” monochasis. Me llegaban comentarios entusiastas sobre este aparato y conseguí dar el
paso. Cuando llegó, especulé sobre cuánto tardaría en hacerme una idea cabal de su potencial. Los
Classic despertaban despacio. Era pura excitación. Pero el Signature se manifestó pronto: en un par
de horas de escucha fue surgiendo una de las mejores sorpresas en toda mi experiencia con el audio.
Porque siento que sigo “en casa” pero la evolución respecto al CD1 es tan grande que me invadió
una mezcla de incredulidad y, a la vez, de gozo liberado, de la magnitud que uno sueña cuando invierte en un componente de este calibre pero que tantas veces queda reducida a matices o pequeñas
mejoras, cuando no a experiencias confusas o contradictorias que nos ponen muy en guardia frente
a esto del “High-End”. El salto adelante no tiene peros, es en verdad bárbaro, pero las diferencias
más notables las he percibido en varios aspectos clave.
La escena sonora se engrandece, en amplitud y en profundidad. Es una inmersión maravillosa en el
espacio, donde músicos e instrumentos surgen más palpables y se expresan desde planos sonoros
mucho mejor diferenciados, creando un gradiente dimensional entre proximidad y lejanía que invita
a cerrar los ojos y rendirte a imaginar el escenario. Es imposible recrear espacialmente una orquesta
en nuestro pequeño ámbito doméstico pero todo se percibe mejor y más grande. Sin embargo, el
realismo de sentir cómo una mano recorre las teclas de un piano a tamaño natural, o un cuarteto de
cámara creando música, es un deleite para los sentidos.
La extensión de la respuesta en frecuencia es también soberbia, los graves adquieren una corpulencia orgánica, en el sentido más amplio y natural, mostrando los instrumentos mucho más corpóreos
y convincentes. En realidad, esa mayor riqueza armónica se percibe en toda la gama audible, convirtiendo la escucha en una experiencia notablemente más veraz y absorbente. A su vez, los transitorios generan contrastes mucho más intensos, que no sólo se muestran impactantes en la percusión o
en los ataques orquestales en forte o fortissimo sino en la articulación y dinamismo de cualquier
solo instrumental o vocal. El sonido, la música, rebosan así energía, amplitud dinámica, ritmo, expresividad, transparencia, fluidez y naturalidad. Literalmente, un chaparrón de sensaciones que no
paras de aplaudir.
Pero hablamos de un lector, no del sonido fuente. Todo al final queda a merced del disco, de la calidad de las grabaciones y, aquí, la singular capacidad del Signature CD para extraer información las
retrata en sus límites. El CD1 es bastante menos resolutivo, más “indulgente” si se quiere. El Signature levanta la alfombra y destapa crudamente las miserias de las malas tomas o de aquellas terribles masterizaciones en los inicios del digital. En mi colección de discos estoy encontrando algunas
deplorables que ahora no consigo soportar. Por contraste, los buenos procesados suenan esplendorosos, con silencios plenos de ambiente, de resonancias. Etc., etc.
Paso, sin embargo, a mencionar un lunar que he encontrado y al que no encuentro una explicación,
y es que no reconoce algunos discos “híbridos” CD/SACD, a diferencia del CD1. No son ediciones
muy frecuentes pero las hay musicalmente muy interesantes, generalmente con muy buen sonido y,
en mi caso, es una lástima tener que recurrir a mi lector Blu-Ray para poder escucharlas aunque sea
en condiciones subóptimas. Ahí hemos perdido, aunque sea un “pero” poco trascendente. Lo demás
es para quitarse el sombrero, sin paliativos. No imaginé agradecer que un problema de desgaste con
mi antiguo reproductor me permitiera conocer y disfrutar esta maravillosa máquina. Ahora, sinceramente, no volvería atrás.
La música fielmente reproducida deja fluir sentimientos, pasiones y sensaciones, trastocando nuestro estado de ánimo como en una montaña rusa. Son las emociones las que mueven casi todo en una
audición y esto es lo que principalmente buscamos en un equipo de música cuando no estamos en la
sala de conciertos. Bien, pues este reproductor en mi opinión tiene la bendita facultad de llevar todo
eso realmente lejos. Y aunque su precio no es ninguna broma, es el mejor lector que he escuchado
nunca."