La Oveja azul

La Oveja azul Librería papelería. Libros de texto y material escolar. Libros infantiles, juveniles de adultos, aunque sean como yo. Libros leídos y para ser disfrutados.

17/10/2020

La noche se presentaba oscura como boca de lobo. O así aseguraba Germán. Amelia nunca había visto la boca a un lobo, y mucho menos tan abierta como para poder sondear si era más o menos oscura que aquel camino que, dejando el pueblo atrás, se adentraba entre retamas y olivos. Las farolas solo llegaban hasta la piscina. De allí en adelante, la luna era la encargada de iluminar el sendero. Hoy se encontraba apagada, como la bombilla de su cuarto cuando, con el miedo atenazando su garganta, salió por la ventana al escuchar la queda llamada de Germán.
Germán sabía. Con Germán nada podía pasar. El muchacho, que vivía en el pueblo, le había contado que por la noche, se vislumbraban los fuegos fatuos saliendo de las lápidas del cementerio. Un escalofrío recorrió la espalda de Amelia y se ciñó como pudo la rebeca que su madre le obligaba a llevar. El verano daba sus últimos coletazos. Pronto volvería a la ciudad y se acabarían para ella las noches cuajadas de estrellas, la lluvia de Perseidas y las carreras con la bici por la plaza.
Por eso estaba allí, con Germán.
“No te atreves, niña de ciudad”
Tiritando de frío y miedo, vigilaba la espalda del muchacho, atrapada en un anorak verde militar pequeño para su edad.
La cabeza rubia del chaval se giraba cada poco, cerciorándose de que Amelia no se había echado atrás. Reía para sus adentros cuando la veía trastabillar. De nada sirven las zapatillas de marca si tus pies no saben caminar.
La tapia del cementerio no era excesivamente alta y estaba plagada de desconchones. Olía a tierra, pino y ciprés.
Con ligereza, Germán saltó aquel último escollo, que Amelia consideró insalvable. Su valentía se estrelló allí. Escuchó un silbido apremiante para que saltara, pero no se atrevió. Se tragó el n**o de lágrimas y con el frío y la humedad terrosa impregnando su pelo, esperó.
Aquello no podían ser fuegos fatuos, se dijo cuando vio aquellas dos brasas naranjas que la miraban. Escuchó la respiración, un gruñido grave y bajo. Gritó en silencio el nombre de Germán, que había desaparecido, tragado por la oscuridad. Amelia entendió en ese momento lo de la boca del lobo.
El amarillento gajo de luna apareció tras las nubes que le habían arropado hasta el momento, y los colmillos curvos alumbraron con blanca fosforescencia.
Sintió una humedad caliente bajando por su entrepierna, y pensó con nostalgia en la calidez de su cama, con la manta que la abuela echaba a los pies, creando un agradable peso en sus empeines. Qué necesidad tenía ella, pensó, de demostrar nada a aquel pueblerino que había desaparecido tras la tapia, dejándola sola.
Los ojos del jabalí brillaban como ascuas. El olor acre del animal se mezcló con el de o***a fresca. Volvió a llamar a Germán con el pensamiento, pero este, subido al manzano que había junto a la tapia, estaba demasiado entretenido descartando las manzanas que a su experimentado mordisco estaban todavía verdes.
Mandó al diablo a Germán, al valor y a la vergüenza de ser de ciudad, y corrió, tropezando y arañándose con las zarzas.
Las piernas rasguñadas rozando la sabana le provocaron un escozor que en esos momentos consideró un mal menor. El pantalón mojado y las bragas habían quedado sepultadas bajo toda la ropa sucia. El corazón poco a poco se iba calmando. Amanecía cuando, llorando, se quedó dormida.
No volvió a hablar con Germán. Nunca más. Él, desde la plaza, montado en la bici, se reía cuando la veía pasar.

Masticando hierbabuena, tejo duelos y recorto flecos. Desenchufo  la pantalla y vuelvo  a ser artesana. Hago ganchillo c...
17/10/2019

Masticando hierbabuena,
tejo duelos y recorto flecos.
Desenchufo la pantalla
y vuelvo a ser artesana.
Hago ganchillo con lana.
Lana color de sangre,
hilo color morado
y un blanquísimo encaje.
Me construyo una armadura
Una manta,
una cobija,
un cueva,
una guarida.
Donde mi yo en carne viva,
porque no sé ser de otro modo,
no haga daño ni le dañen.
Así, disculpen las molestias,
pero esto, por ahora,
es mi humilde despedida.

Sentirse como un cactusSaber que no puedes ser abrazado porque tus púas hacen daño.Pero sentir que por dentro eres agua ...
14/10/2019

Sentirse como un cactus

Saber que no puedes ser abrazado porque tus púas hacen daño.

Pero sentir que por dentro eres agua y pulpa blanda.

Y que si quisieras demostrarlo, tendrías que arrancarte la piel para dejar expuesta el alma.

Es demasiado arriesgado.

Así, sigues siendo todo espinas,

un higo chumbo reseco.

Una crasa en el desierto

Me gustabas más que el lado frío de la almohada.Más que arroparme en las primeras noches de otoño.Me gustabas más que de...
13/10/2019

Me gustabas más que el lado frío de la almohada.
Más que arroparme en las primeras noches de otoño.
Me gustabas más que dejar fuera la pierna de refresco.
Me gustabas más que el último trozo de pizza.
Que la croqueta de la vergüenza.
Que los culos del pan de molde tostados.
Que el pan con tomate.
Más que el queso.
No, eso es mentira. No hay nada mejor que el queso.
Me gustabas más que un libro con final abierto.
Que un atardecer bonito.
Y poder compartirlo contigo.
Que un amanecer soñoliento.
Me gustabas tanto, que descoloqué prioridades.
Ahora, vuelven los atardeceres, los libros que no quiero que terminen, el pan con tomate.
Y el queso.

Hoy, día de la niña, solo recordar a mis corderitas que pueden ser decididas como Fern. Valientes como Bibiana. Luchador...
11/10/2019

Hoy, día de la niña, solo recordar a mis corderitas que pueden ser decididas como Fern. Valientes como Bibiana. Luchadoras como Loella.
Por todas esas niñas de sangre de tinta y cuerpo de papel que me acompañaron en mi infancia y sigo sintiendo como viejas amigas.

Quizás,  me dije mientras lo remendaba de nuevo con sedal,  no es tan malo que te rompan el corazón. Porque así, lo reco...
05/10/2019

Quizás, me dije mientras lo remendaba de nuevo con sedal, no es tan malo que te rompan el corazón. Porque así, lo reconstruyes como quieras.
Y contemplé mi obra con una sonrisa en los labios. Fue un corazón, después un unicornio y ahora, una bonita colcha de patchwork.
Me envolví con ella, y entré de nuevo en calor.

Perfilándose con precisión milimétrica la raya del ojo derecho, por el rabillo del izquierdo (bendito estrabismo) alcanz...
29/09/2019

Perfilándose con precisión milimétrica la raya del ojo derecho, por el rabillo del izquierdo (bendito estrabismo) alcanzó a ver el póster que decoraba su recargado camerino.
La payasa Cha-u-Kao. Loutrec. Su pintor favorito.
Pestañeó y se miró al espejo, bordeado de bombillas de colores, tan estridente como el ruido que se escuchaba al otro lado de las bambalinas. Dentro de un momento, Marie la primera vedette haría el último salto, quedaría abierta de piernas en el escenario, y el público aplaudiría en masa. Y después ella.
Pintó los labios de un rojo pasión y coloreó sus mejillas. Miró de nuevo hacia la tosca reproducción del cuadro.
- Tú sí que sabías convertir en arte lo patético.
Apretó como pudo su corsé dejando a la vista un escote turgente y abrumador. Se roció el pelo con laca, y en un arrebato sin sentido, atacó con el mismo spray el ramo de rosas que agonizaba en un cutre jarrón de inspiración china. Las rosas quedaron brillantes y momificadas en una muerte perfecta. Lo prefirió así. Estaba cansada de los morbosos admiradores que, después del espectáculo, mandaban ramos de flores a su camerino.
Muy lejos quedaron los días en que se regocijaba con aquellas cosas, y ruborizada cual colegiala, metía la nariz entre las rosas, aspirando aquel aroma dulzón y empalagoso que ahora sólo le olía a humillación. Nunca más se dejaría besar por desconocidos en clubs oscuros, en reservados de discotecas de moda, en hoteles de mala o buena muerte. Lo mismo daba.
Todavía se sonrojaba cuando recordaba la primera vez que le preguntaron si había estado con alguien que no fuera como ella. Su cara de extrañeza tuvo respuesta. Que si había estado con un hombre que no fuera enano. Se quedó sin habla mientras aquel desalmado hablaba sin respeto ni pudor alguno de medidas, y algo más que Ruth no pudo ni quiso escuchar mientras le echaba con cajas destempladas de ese mismo camerino, donde ahora miraba a la payasa que Loutrec, aquel enano que fue amado por bellas mujeres, había pintado.
- ¿Te cansaste tú también de ser el juguete roto que pasa de mano en mano?
Se escuchaban los aplausos. Un regidor dio dos golpes en su puerta, la señal indicada.
Bajó de la silla con elegancia, se alisó el crujiente can-can y se dirigió al escenario, donde Mario, el maestro de ceremonias, con voz engolada, presentaba al expectante público el ridículo número que ansiaban.
- Señoras y señores con todos ustedes, Ruth, la gran vedette bufa.
Redoble de tambor. Aplausos. Algún silbido.
Cogió aire y salió a escena. Se puso la sonrisa. El espectáculo debía continuar.

Soy el temible Pirata Roberts,y jamás dejo supervivientes.Y con estas palabras, quemó cartas,rompió fotos borró en el te...
27/09/2019

Soy el temible Pirata Roberts,
y jamás dejo supervivientes.
Y con estas palabras,
quemó cartas,
rompió fotos
borró en el teléfono al último amante.
Y se sintió poderosa y literaria.

El primer pasodel  camino hacia el perdón,es el menos sencillo,porque significa,perdonarse a uno mismo.
22/09/2019

El primer paso
del camino hacia el perdón,
es el menos sencillo,
porque significa,
perdonarse a uno mismo.

Me dan miedo las ocas.Si, esas aves de  pico naranja y blanco plumaje. .Y ¿Sabes porqué las temo?Porque me hacen frente....
14/09/2019

Me dan miedo las ocas.
Si, esas aves de pico naranja y blanco plumaje. .
Y ¿Sabes porqué las temo?
Porque me hacen frente. Porque me atacan.
Y yo, no podría defenderme. Porque no puedo hacer daño a otro más débil.
Y he aprendido,
que mi mayor temor no es que me hagan daño,
sino que me lo hicieran,
y tuviera que responder a ello.
Y ya sé que no soy lobo, y ni siquiera me acerco.
Pero me he percatado que quizás no llego ni a oveja
Y me he quedado en humilde cordero.

CORAZÓN PRISMÁTICOSiento el corazón despedazado.  Y poco a poco, cual obrera hormiga, junto cada pedazo, cada colorida t...
07/09/2019

CORAZÓN PRISMÁTICO
Siento el corazón despedazado.
Y poco a poco, cual obrera hormiga,
junto cada pedazo,
cada colorida tesela
cada trozo de vidrio esmerilado,
ametrallado en batallas de amor,
en guerras de celos,
o duelos de mentiras y quebrantos.
Lo argamaso con inseguridades,
con dolores varios.
Con aquel insulto que me escupió alguien, hace ya muchísimos años.
¡Y es tan bonito el mosaico!
¡Tan bella la cristalera!
Tengo el corazón roto, pero ahora está pegado.
Y cuando una línea de luz,
jugando me traspasa,
es un doloroso goce,
convertirme en prisma humano.

VOLVERÍA A SER MUJERSé que si volviera a nacerVolvería a ser mujer.Mujer de grandes y generosos pechos.Volvería a ser mu...
01/09/2019

VOLVERÍA A SER MUJER

Sé que si volviera a nacer
Volvería a ser mujer.
Mujer de grandes y generosos pechos.

Volvería a ser mujer
De esas que lloran
por la muerte de un perro,
por la desgracia ajena,
por el pájaro caído al suelo.

Volvería a ser mujer de ojos tristes
De sonrisa escasa
De amplias caderas
y mirada sana.

Volvería a ser mujer,
para besar con los ojos abiertos.
Para abrazar sin freno.
Para luchar por lo nuestro,
porque si no lo hacemos nosotras,
el futuro será yermo.

Volvería a ser mujer
porque todavía siento,
que hay tanto que no nos dejan hacer,
que necesitaría dos vidas
para poder hacerlo.

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