29/09/2025
Hace unos meses inicié la narración de la historia de Pynchon, como si esta tuviera importancia al margen de sus motivos y protagonistas. La verdad es que solo espero que Alicante (primer error, no puede ser sujeto, ¿los alicantinos?, ¿la sociedad alicantina?) sea la ciudad que algunos hemos soñado. No soy capaz de explicar a mi hijo qué es el bien y el mal. Me conformaría con transmitirle que todo acto tiene consecuencias, que la inocencia (¿ingenuidad?) se diluye a medida que pasa el tiempo (ese concepto devastador). Toda decisión tiene consecuencias. El proceso, si está estructurado, es racional y sensato, solo garantiza que puede ser más acertado que el mero impulso. Mi profesor de Historia del Derecho me preguntó: "¿leíste Benito Cereno?". Melville me ha acompañado estos años. Me hizo entender que el momento en que nadie te sigue es el de la retirada. El legado de Pynchon es el de las personas que contribuyeron a crearlo. Ana, Guillermo, Cesáreo, del principio al final. Trinidad, Núria, solo al final. Sé que no merecéis este desenlace. Lo entendéis como tal y no he sido capaz de transmitir otro mensaje. Volví huérfano de Barcelona. Quise replicar en mi ciudad la etapa más feliz de mi vida. No sabía que la felicidad no es obligatoria. Tampoco que uno debe estar por encima de todo. Jamás entenderé esto último. Agradecido eternamente a quienes apoyasteis una librería cosmopolita, abierta a Europa, casa de todos.