04/09/2025
La mesa en que crecimos nace de un recuerdo colectivo: ese lugar donde pasamos horas interminables de infancia. No era solo un mueble, era escenario y testigo. Allí aprendimos que la sopa no se negociaba, que la tarea debía cumplirse y que el silencio también educaba. Fue refugio y castigo, pero sobre todo, el espacio donde se forjaba carácter y cultura. Por eso decidí construir esta obra con lo que la memoria misma guarda: fragmentos. Está hecha con telas recicladas —pedazos de ropa, suéteres, sábanas y cortinas que alguna vez tuvieron otra vida— cosidas a mano sobre yute. Cada material elegido carga su propia memoria, como cicatrices que se vuelven parte de la piel.
Mi intención es clara: rendir homenaje a esa mesa universal, hecha de retazos, donde todos compartimos algo más que comida. Donde se discutían problemas, se escuchaban historias, se castigaba y también se reía. Una mesa que representaba disciplina, pero también compañía; dureza, pero también identidad.
Al reconstruirla con materiales usados y recuperados, la obra busca recordarnos que nuestra infancia también se compuso de fragmentos, de momentos a veces ásperos, a veces tiernos, que juntos dieron forma a quienes somos hoy. Técnica mixta sobre tela yute. 160 x 100 cm.