02/01/2013
El Cognac
La historia del cognac arranca en el siglo III, cuando los romanos enseñaron a los naturales de la región el cultivo de la vid, amén de otros aprovechamientos como la extracción de la sal del mar.
Estos dos productos, junto con el trigo, eran la base económica de la región, y holandeses, ingleses y noruegos, los dueños de la navegación marítima en la Edad Media, sus compradores y distribuidores por todo el mundo conocido en aquellos tiempos.
A principios del siglo XVII, recién inauguradas las nuevas rutas marítimas, hubo una expansión comercial y los vinos de Saintonge, secos y afrutados, eran sometidos durante el viaje a temperaturas extremadamente cálidas, con lo que quedaban arruinados los vinos y no servían para el consumo, pues los vinos eran jóvenes, del año, que se comercializaban rápidamente para que no se echaran a perder.
Fue a partir de ese siglo cuando los viticultores comenzaron a destilar sus vinos; pero no con la idea de hacer ya un aguardiente, sino con la intención de que sus vinos al destilarlos, pudieran conservarse en los viajes largos y una vez en su destino añadir agua al aguardiente y reconvertirlo en vino.
En los inicios del siglo XVIII se encuentran los primeros antecedentes del actual cognac. Los años de poca venta, obligó a los viticultores a guardar su aguardiente joven en barricas de roble durante unos cuantos años y al momento de verificar el estado de su aguardiente, encontraron que había tomado un bello color dorado y que su viveza y ardor juveniles se habían matizado considerablemente, haciéndose sumamente agradables al paladar y llenos de aroma.