28/06/2025
Dicen que el elefante no olvida… pero no por rencor. Por amor.
Recuerda a quien lo cuidó.
A quien lo tocó con respeto.
A quien lo acompañó en sus días más difíciles.
Y también recuerda a los suyos.
Si uno de su manada muere, el elefante se detiene.
Se queda junto al cuerpo.
Lo toca. Lo huele. Lo vela en silencio.
Como si supiera que hay despedidas que duelen para siempre.
Pero su amor no es solo para los que se van.
Es para los que siguen.
Cuando uno está herido, los demás lo rodean.
Lo empujan suavemente.
Lo esperan.
Lo protegen.
Nadie se queda atrás.
Nadie es menos importante.
Porque un elefante jamás abandona a los suyos.
Y aunque es uno de los animales más grandes del planeta…
también es uno de los más sensibles.
Llora.
Sufre.
Abraza con la trompa.
Y si confía en ti… te lleva en el corazón para siempre.
Así son los elefantes.
Fuertes por fuera.
Tiernos por dentro.
Y así deberían ser también las personas:
grandes, no por lo que imponen…
sino por lo que cuidan, lo que recuerdan, lo que sienten.
Porque a veces, los que más pueden aplastar…
son los que más saben abrazar.
—Susana Rangel 🐘☕️✍️💬