11/05/2025
Buenos días a todos especialmente aquellas que son madres hoy comparto un poema como acción de gracias por la gracia de esa magia fantástica de bendiciones increíbles por tener una madre, así sea por corto lapso de tiempo; sigue siendo una extraordinaria bendición.
Espero que sea de vuestro agrado y gracias a todas aquellas madres por ser como son madres de vida.
*Silenciosa He***na y Tesoro Inconmensurable*
*La Joya Silenciosa*
Soñamos un fulgor de cuerpo ideal,
rostro de Venus, carisma sin igual.
Empero, el gran "mujerón" real florece,
en la aurora afanosa que jamás perece.
No en palmas resuena su noche en vela,
junto al lecho febril que el alma desvela.
Ni aplausos recibe su pecho que arrulla,
mientras la vida en pañales murmulla.
Al templo infantil guía nuestros pasos,
luego a la escuela, sorteando los traspiés y los vasos
de leche y tareas, su amor diligente,
y el pago, ¡ay!, la apatía indolente.
Voces que hieren si el plato no place,
vergüenza ajena que su ser deshace.
Culpan sus yerros, cual sombra funesta,
prefieren la calle, la vana fiesta.
Reclaman derechos sin sembrar deberes,
ciegos al faro que ahuyenta los pesares.
Y al verse en falta, con artera maña,
se visten de víctimas, su culpa extraña.
Los años avanzan, la joven se agota,
su sentir se marchita, su vivir se acota.
Y ahora, anciana, aún teje el mañana,
de nietos ingratos, su pena temprana.
Un día señalado, la hipocresía aflora,
olvidando el desprecio que el alma deplora.
Y cuando su luz se apaga en el viaje,
el llanto es tardío, un cruel oleaje.
No lloran su ausencia, su espíritu fuerte,
sino el remordimiento que lacera y muerde.
El "perdón, mamá, te amo", jamás proferido,
el "gracias, mi vida", jamás ofrecido.
Recuerdan las noches de angustia y desvelo,
las puertas cerradas, el frío hielo
de un "visto" en la sombra, la llamada esquiva,
la madre negada, la pena viva.
Y ahora la buscan, con ansias tardías,
cuando su eco responde en lejanías.
Reflexión Final:
Este poema busca ser un espejo de la realidad que describes, donde la verdadera grandeza de una madre reside en su entrega silenciosa y constante. La expectativa superficial palidece ante la magnitud de su amor incondicional.
Conclusión:
El "terrorismo psicoemocional" infligido a nuestras madres nace de la ceguera ante su sacrificio y de la falta de reconocimiento genuino. Nos dejamos llevar por ideales vacíos, por la opinión ajena, olvidando el tesoro invaluable que reside en el corazón de quien nos dio la vida.
Solución:
La solución radica en un despertar de la conciencia. Dejar de lado las máscaras y los juicios superficiales para ver a nuestra madre con ojos de amor y gratitud. Expresar nuestro cariño y agradecimiento en vida, con acciones y palabras sinceras. Valorar cada instante compartido, reconocer su sabiduría y su fortaleza, y romper el ciclo de indiferencia y desprecio. El verdadero "mujerón" merece ser honrado cada día, no solo en una fecha impuesta, sino con el amor y el respeto que ha sembrado incansablemente en nuestros corazones.
D.R.A.
Juan Carlos Romero Ortiz