23/05/2026
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Sacudidas de lo real
En la Luna había una cara oculta en la que nadie se había posado jamás. Ahora ya no.
El 3 de enero de 2019, el «Conejo de Jade» —Yutu-2, el rover de la misión china Chang’e 4— rompió el hechizo al alunizar y fotografiar de cerca aquel mundo solitario y gris: The Dark Side of the Moon.
En la escuela primaria me lo explicaban así: debido a una sofisticada sincronía cósmica, la Luna, a la vez que realiza una rotación íntegra sobre sí misma, también completa una vuelta entera alrededor de la Tierra. No importa desde qué parte del mundo alcemos los ojos: la que vemos es siempre y únicamente una misma cara. Por entonces yo no podía captar las implicaciones mecánicas, pero de entrada aquella fría y compleja precisión me parecía deliberada: el artificio de un mundo oculto, un lugar mágico y privado tras una eterna fachada ora oscura, ora brillante.