10/04/2017
LA LIEBRE DE PASCUA
La liebre corre por el bosque de mi alma, corre a mil como un relámpago y por fin llega al rincón de mi pregunta. La noche está iluminada por la luna llena. La liebre dispara a la velocidad de la luz, porque teme que yo la quiera hacer palabra antes de tiempo. La chispa de sol fue una ráfaga y la liebre se ha ocultado en el bosque otra vez para proteger su irradiación.
La liebre es libre y no quiere condensarse en ningún idioma insubstancial. Corre y no se quiere dejar domesticar. Sólo al arte le revela su pasión. Esconde un huevo aquí y el otro allá. El huevo es un ser indefinido, aún no nacido al lenguaje de los hombres que no conocen a la luz y lo asesinan. El fugaz animalito del alma instintiva renacida huye de las experiencias de catálogo archivadas por miedo a la libertad.
La experiencia fugaz deja una estela luminosa, pero la liebre es más bella que la estela y más sutil. Es una estrella del ánimo de la música de las esferas resonando en los oídos desde el ser.
Las palabras moribundas del idioma insubstancial son los ladrillos de los muros que encierran a la liebre. Ella quiere que derribemos a los muros que limitan las palabras y ensanchen su sentido en la poesía y los países. Quiere valientes sin temor al infinito del amor. Cada vez más, los lenguajes y las sangres se mezclan en la tierra enseñando el lenguaje silencioso de la liebre, encendedor del corazón. Pero los malos hombres son abundantes, y dañinos construyen cada vez más muros en el norte y en el sur.
Abracadabra la palabra en el instante del destello en que soy yo. Sin amarres, ella creó el mundo al enunciar “Hágase la luz”. Haya firmamento, fluya el agua en los mares y en los ríos, críe la tierra a las plantas y los árboles, haya luceros en el cielo, moveos peces en el agua y volad aves en los aires, haya animales en los campos y en las selvas, y hagamos al ser humano, ya el final en el principio. Macho y hembra los creó e insufló un alma viviente en su aliento.
Todo comenzó cuando hubo luz. Y la luz, en la transición de los tiempos, vino a la tierra, pero las tinieblas no la comprendieron. Las tinieblas no comprenden a la luz porque no se comprenden a sí mismas. Sin embargo es de noche y ya es el tiempo de iluminar la oscuridad. Las tinieblas necesitan a la luz para vivir. Sólo con luz se puede comprender la oscuridad, pues si no, ella da temor. El temor levanta muros y separa a las almas del amor. Es peligroso derribar los muros que acorralan las palabras, pero cuando sucede la luz penetra en el santuario indefenso y trae la paz.
¡Corre el niño con la liebre por el bosque de las almas buscando los huevos escondidos! Cada vez que se detiene asombrada ante la majestad universal, la liebre se yergue vertical. Percibe el silencio con sus orejas enhiestas y la irradiación del espacio le resuena y la penetra. La vivencia del ser en los sentidos está alerta al despertar de la atención.
Abracadabra y se abre la palabra. Desde que la luz entró en la corriente de la evolución terrestre, ella está liberada e ilumina a todo hombre que capta en la intuición: no de la sangre, ni de la voluntad de varón, sino de Dios somos nacidos.
Esto es verdad no así nomás ¿Podrá la luz comprender la oscuridad?