13/05/2026
Hay algo en el otoño y el invierno que no solo cambia el paisaje, también cambia la forma en que habitamos el cuerpo.
La luz baja, las nubes chocan con las montañas y el bosque parece respirar distinto.
La humedad se pega en la ropa, en la piel, en los troncos mojados.
La tierra huele más profundo.
Me gusta sentir frío, aunque sea una vez al día.
Como una manera de recordar que estoy aquí.
Me gusta el verde intenso después de la lluvia,
las cascadas escondidas entre los bosques que apenas se alcanzan a ver desde la carretera,
los tonos oxidados de las hojas,
las manchas y patrones que se forman en el suelo:
irregulares y perfectos al mismo tiempo.
Hay estaciones que no solo se miran,
también se sienten adentro. 🍂