31/12/2025
CONFESIONES DE UN LIBRERO: 154
No me despido del Año del Bicentenario de las dos o más Bolivias porque tal no es gente ni conjunto de personas. La Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, ustedes lo saben y yo también, no logró publicar ni cien de los doscientos libros programados. Por otro lado, no incorporó a una cantidad de libros que algunos de nosotros consideramos imprescindibles aunque poco conocidos. Cosa entendible. Al final las selecciones, incluso las de los equipos de expertos, son eso y nada más, unas más visibles que otras, con o sin mérito. No sé a ustedes, pero a mí me gustan los libros nacionales que hacen que me cuestione la existencia de este no país, publicaciones que exponen los alcances endebles de los estereotipos agotados, páginas que amplían las fronteras del llamado eje troncal y me recuerdan, por ejemplo, que los aymaras y otras culturas ancestrales con sus lenguas somos naciones que ya no resisten, sino que más bien reconocen ya cómo se siguen expandiendo más allá de un Estado oficial u otro (estamos en Tacna, en Arica, en Atacama, en Puno, en Juliaca, en Jujuy, en São Paulo y más allá). Bolivia, intento intermitente de país, si es que al menos eso, fue y sigue siendo un "Estado" que se niega a sí mismo, o al que niegan los blanqueados con apellidos venidos a menos. Acá, cuando no se levantan muros de cristal, se tejen cernidores para que unas mediocridades crucen los linderos y otras mediocridades no. Sus élites son pueblerinas y, lastimosamente, tanto en las ciudades como en poblaciones rurales casi todos aspiran a ser parte de esas élites pueblerinas. ¿Nacimos para ser sirvientes de unas u otras hegemonías, y nada más? Nuestra identidad en construcción pasiva o, mejor dicho, en destrucción, no es ni la suma de identidades plurales de origen ancestral en convivencia con las modernidades. Por ello es que, ojalá, se logre darle continuidad a la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, para seguir al menos buscándonos entre los oficialismos. Y ojalá también que las editoriales no estatales hagamos frente a lo sobrevalorado, porque queremos o porque podemos, y nos animemos de vez en vez a recuperar libros importantes y tristemente olvidados. Personalmente, puedo decir con algo de orgullo que al menos yo he asumido tal tarea con dos reediciones. Luis Toro Ramallo, recordado por algunos por su novela Chaco, ahora forma parte de la minicolección Sobras Selectas del Bicentenario con su libro Cutimuncu. También Jorge M. Rico Vargas forma parte de la minicolección Sobras Selectas del Bicentenario con su novela Misión cumplida. Puede que dicha serie se quede ahí, o puede que me animé a transcribir y reeditar un tercer o cuarto libro. No lo sé. Igual y creo que no está mal para un alteño el haber concretado dos rescates en el Año del Bicentenario de las dos o más Bolivias. ¿Un regalo? No. ¿Dos? No (y menos todavía en tiempos en que por decreto se quiere regalar a multinacionales mucho de lo que todavía nos queda). ¿Entonces qué? Trabajo materializado y expuesto en librerías, eso y ojalá que algo más.