09/02/2026
Hoy tuve que cerrar la librería temprano porque tuve un ataque de pánico. Estuve todo el día angustiada, tratando de paliarlo, pero llegó. Dejé un cartel de "cerrado por motivos de fuerza mayor" y fui a que me rescataran, primero mis amigas Geo y More del Café Saavedra, después mi padre y amigxs. Mi papá hizo un chiste: Dejá un cartel de "Cerrado por ataque de pánico, abro mañana (si puedo)". Me hizo reír y me dejó pensando.
Quizás contárselo a la clientela es caer en cierto victimismo que temo, pero no hablar con transparencia de mi salud mental me valió un trabajo, y creo que cada vez más es necesario ser francxs con estas cosas. A veces estoy mal, a veces me asusto. Hoy no pude atender bien a una clienta que cayó en el momento justo y me sentí culposa. Pero pensar que detrás de cada interacción comercial hay dos personas, cada una con sus cosas, me hace valorar mucho los intercambios que se dan en Balbec.
Y pienso mucho en libros que hablan de esto. Es raro aprovechar un momento de crisis para recomendar, pero es lo que sé, y lo que me tranquiliza. El día de hoy, además de la gente querida, me lo salvaron los libros dulces que estoy leyendo. Pienso en Cerca de la savia, de Mari Do Pico; en Esta es tu pena, de Renata Prati, en Las máquinas psíquicas, de Emi Exposto; en El imperio de la normalidad, de Robert Chapman.
Creo que lo que quiero decir acá es que se vive con miedo, y que los espacios de encuentro son los que hacen la vida vivible. Los libros, lxs amigxs, mi pequeña y caótica librería.
Mañana vuelvo al ruedo en horario normal, sensible pero más tranquila, y lxs espero. El poema es "La caída", de Beatriz Vignoli, que siempre me acompaña. Me caí, pero como puedo me levanto. Les agradezco la paciencia y el cariño.