01/11/2018
Brujería narcótico sexual, del libro Testo Yonquie, de Paul Beatriz Preciado.
La hegemonía del poder farmacopornográfico que se vuelve explícita a finales del siglo XX hunde sus raíces en el origen de la modernidad capitalista, en las transformaciones de la economía medieval de finales del siglo XV que darán paso a las economías industriales, a los Estados-Nación y a los regímenes de saber científico-técnicos occidentales.
La inquisición condena a los cultivadores, recolectores, y conocedores de preparaciones a base de plantas, considerándolos brujas, alquimistas y parteras como herejes o desviantes satánicos: se inicia así un proceso de expropiación de saberes populares, de criminalización de prácticas de ≪intoxicación voluntaria≫ y de privatización de germoplasmas vegetales que culminara en la modernidad con la persecución del cultivo, el uso y el tráfico de dr**as, la progresiva transformación de los recursos naturales en patentes farmacológicas y la confiscación de todo saber autoexperimental de administración de sustancias por las instituciones jurídico-médicas .
Resulta curioso pensar que los ungüentos medievales se aplicaban de forma muy similar a la testosterona en gel que yo me administro hoy. La mayoría de los preparados medievales de carácter alucinógeno se asimilaban por vía tópica, mezclados con una pomada hecha a base de grasa (humana o animal) untándose en la nuca, debajo de las axilas y en el vientre. Los historiadores contemporáneos de las tradiciones farmacológicas medievales y de la inquisición coinciden en afirmar que buena parte de las visiones y los actos mágicos condenados por la inquisición como satánicos se deben al uso accidental o intencional de sustancias psicoactivas. Basándose en los registros de los inquisidores de la época, así como en tratados ancestrales de herboristica, los investigadores farmacológicos actuales han podido identificar las diferentes sustancias alucinógenas y narcóticas de extracción vegetal.
Muchas de las recetas para preparar ungüentos y brebajes que datan de la época medieval coinciden en mencionar entre sus ingredientes solanáceos psicoactivos como beleño, estramonio, belladona y mandrágora. Casi todas ellas incluyen también extractos preparados a partir de plantas como la adormidera (opio, he***na, morfina) y el cáñamo (ma*****na, hachis); sapos cuya piel, ahora se sabe, contiene principios psicotrópicos; y cierta ≪harina moteada de cereal≫ que probablemente estaba hecha con espigas de trigo parasitadas por el hongo del que se extrajo por primera vez L*D. Las visiones alucinógenas dignas de las retóricas de Deleuze y Guattari (devenir animal, devenir vegetal, intercambio sexual con machos cabrios, viajes astrales, etc.) eran en realidad el efecto psicotrópico causado en el organismo por la ingestión o la aplicación cutánea de estas plantas que presentan virtudes alucinógenas y afrodisíacas.
En épocas de intensa sequía y pobreza aumenta la fabricación del pan a base de cereales como el centeno que pueden contener micotoxinas, metabolitos producidos por los mohos del pan que ejercen un efecto tóxico sobre el organismo de los mamíferos causando alucinaciones y vómitos. Hoy sabemos que las victimas del Ignis Sacer (fuego sagrado de San Antonio) estaban expuestas a los efectos alucinógenos de la Dietilamida del Acido Lisérgico (conocido ahora como L*D), una micotoxina que aparece durante el horneado del pan elaborado con trigo contaminado por el cornezuelo del centeno y otras micotoxinas como alcaloides de la belladona procedentes del fruto de la raíz de la mandrágora. Algunas de estas micotoxinas estarán más tarde en la base de la fabricación de los antibióticos . En 1960 un profesor de la Universidad de Gotinga siguió paso a paso las instrucciones para preparar una pomada extraída de un libro del siglo XV. Junto con otros colegas, se untó con ella la nuca y las axilas. Todos los investigadores reportaron haberse sumergido en ≪un sopor de veinticuatro horas, donde soñaron con audaces vuelos, danzas frenéticas y otras extrañas aventuras del tipo vinculado a las orgías medievales≫.
Durante los procesos inquisitoriales de la década de 1330 en Carcassonne —donde aparece por vez primera el antiguo rito del sabbath bajo ese nombre—, las transcripciones de un juicio a una mujer acusada de practicar la brujería consignan declaraciones como esta: ≪Se encontró con un macho cabrio gigantesco, al que saludo y al que se abandono. El macho cabrio, a cambio, le hizo conocer las plantas venenosas, cociendo en calderos, sobre un fuego ma***to, hierbas envenenadas... Desde entonces se ocupa en la confección de ciertos ingredientes y brebajes perjudiciales≫. En el Fuero Juzgo —ordenamiento jurídico de la monarquía visigótica— aparecen varias disposiciones que configuran la cacería contra la ≪infame secta brujeril≫ y contra el uso ancestral de ciertas dr**as. La Ley Salica (424 d. C.) y el Concilio de Agde (506 d. C.) pugnaban ya por el exterminio de brujas y por la excomunión ≪a hechiceros, a vampiros y a quienes los consulten≫ . Así, la receta y la autoadministración de cualquier fármaco no aprobado por los jerarcas del culto cristiano comenzó a castigarse con la hoguera.
Fue así que herbolarios, hechiceras, bardos, druidas, sacerdotisas y pontífices de otros cultos, así como todos aquellos que se atrevían a hacer uso de dr**as —ya fuera con fines terapéuticos, rituales o simplemente recreativos—, resultaron confinados a la categoría de ≪infames≫ y acabaron siendo perseguidos, sin distinción alguna, bajo el cargo de brujería. La inquisición actúa aquí como una instancia de control y represión tanto del saber farmacológico de las mujeres de las clases populares como de la potentia gaudendi que reside en algunas de estas plantas y en diversas formas de preparación para su ingestión.
La activista feminista y bruja pagana Starhawk entiende la persecución de las brujas que tiene lugar en Europa entre 1430 y 1740 (y que se extiende también a las colonias americanas) como parte de un proceso de erradicación de saberes y poderes populares y de consolidación de un poder y un saber experto y hegemónico imprescindible para la implantación progresiva del capitalismo a escala global .
El Malleus Maleficarum, gramática de la inquisición y de sus técnicas de extracción de saber, condena especialmente la sexualidad de las mujeres, el intercambio sexual no reproductivo (la sodomia, la masturbación) y la experimentación con sustancias psicoactivas . La inquisición, señala Starhawk, castiga la agresividad sexual y el goce de las mujeres, e impone pasividad, sumisión y silencio en las prácticas heterosexuales . De nuevo resulta sorprendente la coincidencia de la emergencia del capitalismo protoindustrial y de las formas cien-tíficas de producción y transmisión de saber con la exterminación de los sectores de la población que poseían formas de saber fármaco mágico, de la aparición de nuevos modos de segmentación, clausura y cercado de la tierra, con la expansión de la ganadería bovina que sustentara la futura industria textil, la expansión colonial en América, Äfrica, la India y Extremo Oriente con la invención en Europa de formas serviles y esclavistas de trabajo asalariado.
Las mujeres, a pesar de la idea comúnmente divulgada, no se incorporan al mercado de trabajo durante el siglo XX, sino que sus prácticas de saber y producción de riqueza son cuidadosamente expropiadas de los circuitos de la economía medieval para consolidar sobre esa exclusión el naciente capitalismo. Como ha señalado Angela Davis, la condición de las mujeres blancas acabara transformándose durante el siglo XIX con la degradación económica de la figura del ama de casa y la creación de los ideales burgueses de la esposa y la madre, junto con la pauperización esclavista de la economía doméstica .
Para Starhawk, el drenaje de los lagos y marismas, la tala de los bosques y el cercado de las tierras que acompaña a la invención de la propiedad privada agrícola y ganadera al final de la edad media, destruye al mismo tiempo la comunidad pagana, el lugar en el que residen las fuerzas míticas del imaginario popular y el ecosistema en el que se producen las plantas y las sustancias utilizadas en el ≪arte de la brujerías:
Las persecuciones de brujas están relacionadas con otros cambios importantes de conciencia que se produjeron entre los siglos XVI y XVII. La ascensión del profesionalismo en numerosas esferas de la vida implicaba que aquellos servicios que las personas practicaban para ellas mismas, para sus vecinos o sus familias fueran ahora realizados por corporaciones de expertos pagados que tenían una licencia o algún otro medio de reconocimiento de su calidad como guardianes de un corpus de saber reservado y garantizado oficialmente... La Iglesia católica había servido durante siglos como modelo de corporación que dispensaba las gracias necesarias. Las brujas y los herejes fueron acusados de propagar o de recibir gracias de un origen sin clasificación, que carecía del sello de garantía oficial, en definitiva acusados de transmitir un saber no reconocido. Los poderes de las brujas, utilizados para hacer el mal o para curar, eran considerados como demoníacos porque emanaban de una fuerte no instituida .
En la época medieval, las mujeres se ocupan del cuidado y la sanción del cuerpo gracias a un saber tradicional basado en la utilización de hierbas y en la práctica de ritos. Estas mujeres que curan, mujeres sabias y parteras, conocidas también como brujas, van a representar una amenaza para las nuevas sociedades profesionales en torno a las que se federan los nuevos saberes expertos que pronto serán validados como científicos, como la medicina, que comienza a organizarse como gremio en el siglo XVI . Se crean así licencias para el ejercicio de la profesión médica que excluyen los saberes farmaco-lógicos de las mujeres, las parteras y las brujas.
La persecución de las brujas a finales de la Edad Media puede- entenderse como una guerra de saberes expertos contra los saberes populares y no profesionalizados, una guerra de los saberes hetero-patriarcales frente a los saberes narcoticosexuales tradicionalmente ejercidos por las mujeres y los brujos no autorizados. Se trata de ex-terminar o confiscar una cierta ecología del cuerpo y del alma, un tratamiento alucinógeno del dolor, del placer, de la excitación, y de erradicar las formas de subjetivación que se producen a través de la experiencia colectiva y corporal de rituales, procedimientos de transmisión de símbolos y procesos de asimilación de sustancias alucinógenas y sexualmente activas. La persecución de la brujería que abre la modernidad esconde, bajo las acusaciones de heretismo y apostasía (renegar de dios), la criminalización de las prácticas de intoxicación voluntaria≫ y de autoexperimentación con sustancias alucinógenas y con su propia sexualidad. Sobre este olvido inducido se asentara la modernidad eléctrica y hormonal.