20/12/2021
Sobre un mundo sin horizontes que se ve influenciado por las expectativas ajenas.
"Pero también había vivido aquellas pocas horas que para él significaban más que todas las alegrías perdidas de la niñez, horas llenas de ambición y entusiasmo y ganas de vencer, en las que se había deseado y soñado en un círculo de seres superiores".
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Nuestro personaje, Hans Giebenrath, un niño prodigio que vive alejado de la ciudad, es atormentado desde pequeño con las altas expectativas que le son impuestas por la sociedad que le rodea.
Con la mente enfocada en convertirse en sacerdote y, también, en satisfacer una obligación, Hans hace todo lo posible para alcanzar la excelencia y, así, satisfacer las expectativas de aquellos que colocaron su fé en él. Estudiando Griego, Latín, Hebreo y sumergiendose en el lenguaje universal de las matemáticas, Hans le otorga su alma al estudio, llevándose, ésta última, gran parte de su infancia y vitalidad.
Pronto en la rebeldía de la adolescencia, aquella etapa en donde la tempestad circunda el alma, Hans decide tomar las riendas y rompe las ataduras de las exigencias sociales para decaer en el mundo precario del obrero, que lo retendrá hasta el ocaso de su vida.