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Hace casi cien años.
03/03/2018

Hace casi cien años.

¡Platos voladores en la Patagonia! – ¡Extraterrestres en Monserrat! – ¡Cómo saludar a un venusino! – ¡La rueca que hace ...
18/11/2017

¡Platos voladores en la Patagonia! – ¡Extraterrestres en Monserrat! – ¡Cómo saludar a un venusino! – ¡La rueca que hace reverencias! - ¡El demonio de los celos!

Revista Así nº 267, 20 de junio de 1968.

El 4 de junio de 1968 un escéptico abjuró de su escepticismo y se convirtió a la nueva fe ufológica. Se trataba de Ulises Alejo Tiviroli (55 años, casado, una hija), piloto de Aerolíneas Argentinas desde hacía 22 años. En un viaje hacia Punta Arenas (Chile), el piloto se topó con un objeto de indudable origen extraterrestre:

“El OVNI tenía la forma de un plato al revés, semejante a un huso alargado de gran luminosidad. Desprendía en su parte superior un resplandor azulado v desde abajo lo rodeaba un resplandor rojizo que se diluía en amarillo, como si se tratara de una maquinaria accionada con productos en combustión. Lo más fascinante resultaron las maniobras del aparato, que no tengo ninguna duda, estaba comandado por individuos de otros mundos. El aparato giró 90 grados a la izquierda y luego de recorrer un trecho efectuó otro giro de 90 grados. Ningún avión de los que conocemos puede realizar estas maniobras bruscas como las observadas. El plato era visible netamente y podían describirse sus formas sin mayor esfuerzo. Estimo que debería hallarse de unos 15 a 18 kilómetros de nuestro Avro, y en la zona de influencia del aeropuerto.”

Con el objetivo de profundizar en el tema, la revista Así entrevista a un experto, uno de los pioneros de la ufología argentina. Se trata del artista plástico, telépata y profeta Benjamín Solari Parravicini, sobrino del famoso actor Florencio Parravicini. El reportaje no tiene desperdicio. Porque Solari Parravicini no sólo vio un OVNI, sino que, afirma:

“—Yo viajé en un vehículo extraterrestre, recorrí la Tierra, hablé con seres de otros mundos, pasé por casi todos Ios continentes y, además, me alejé de nuestro planeta en un viaje sencillamente fantástico e indescriptible.”

Lo interesante es que los contactos con extraterrestres de Solari se realizan de la manera más anodina, no hace falta viajar hacia zonas remotas, sino que se dan en pleno centro porteño, a las cuatro de la mañana:

“—Fue en 1964, caminaba junto con Generoso (señala a su amigo que está presente) y otro compañero, Rómulo Bonfante. Era de noche y ya nos volvíamos a casa. La niebla, muy espesa, no permitía ver ni a tres metros, además ya eran como las cuatro de la mañana. De pronto, en la esquina de Chacabuco y Diagonal Sur un hombre nos interceptó el paso. Su aspecto era normal, solo que no se entendía nada de cuánto decía. Después notamos – acota Generoso Idarraga – que vestía muy extrañamente, con una chaqueta como de cristal que le traslucía el cuerpo. Después – retoma el relato Solari- nos hacía señas para que fuéramos con él. Su aspecto – reiteró – era normal, tenía el cabello rubio y en nada difería de un ser humano, excepto lo ya mencionado de Ia vestimenta y que sus ojos extremadamente claros color té con leche, eran inexpresivos, como los de un ciego. Seguía hablándonos y nosotros sin entender absolutamente nada. Entonces decidimos abandonarlo mientras Bonfante decía: “Miren, este hombre debe de ser un extranjero que está perdido, llevémoslo a una comisaría”. Pero la verdad es que estábamos un poco asustados. Entonces decidimos irnos. Habríamos hecho una media cuadra cuando luego de rápidas conjeturas deducimos; este hombre no es de otro país; es de otro mundo. Resolvimos apresuradamente volver para verlo otra vez, pero ya era tarde: se había marchado.”

No nos atrevemos a discutir la validez de la deducción final, sobre todo porque sólo fue el proemio un tanto bizarro de una experiencia de contacto extraterrestre más intensa que sucedería tiempo después, en circunstancias también bastante ordinarias:

“—Recuerdo que esa noche el tiempo era muy malo, arreciaba el temporal, y como estaba muy aburrido en casa, decidí ir a ver “My Fair Lady” en el teatro Nacional. Luego de la función fui a comer al restaurante “El Globo”, en Salta e Hipólito Yrigoyen. Allí me encontré con unos amigos...”

Adelantemos un poco, Solari es un poco demasiado pródigo en los detalles:

“Cuando caminaba por la intersección de la avenida 9 de Julio y Ia calle Alsina —recuerdo que no se veía un alma— apareció nuevamente el hombrecillo de noches atrás. Quedé anonadado, no sabía qué hacer, mientras que el extraño ser me hacía señas con los brazos, que elevaba constantemente como indicando algo hacia arriba. Bastante atemorizado, lo reconozco, apresuré el paso, pero de nada valió, a los pocos metros sentí un mareo tremendo y el cuerpo se me paralizó totalmente, después me desvanecí. Cuando recobré el conocimiento me encontré en una especie de barcaza de formato redondo, estaba apoyado en la baranda y a mi frente vi al mismo personaje de antes y dos muy parecidos a él que hablaban entre sí y en su idioma. Luego se dirigieron hacia mí y pusieron sus manos sobre mis hombros, a manera de saludo. Al observar hacia abajo noté que la luz del extremo del Obelisco estaba debajo nuestro.”

Curiosamente, Solari Parravicini, generoso en detalles anodinos, no da muchas precisiones sobre su viaje. Sólo cuenta que los visitantes venían de Venus y lo contactaron por sus habilidades de telépata, aunque no aprovecharon esa circunstancia favorable para transmitir demasiada información. El viaje consistió solamente en una vuelta tipo calesita a la Tierra, para ser devuelto, poco tiempo después, a pocas cuadras de su casa, en Belgrano y 9 de Julio.

Sin embargo, el contacto con extraterrestres no es el único fenómeno extraño que puebla la vida de Solari. Casi al final de la entrevista, cuenta esta simpática anécdota animista:

“Días después llegó de París un concertista amigo, Minglin. Como vino a visitarme aproveché la oportunidad para invitar a algunos amigos. En el transcurso de la reunión, Minglin, por rara coincidencia, también dio un concierto de Chopin. Fue magistral y todos aplaudimos. De pronto notamos que una vieja rueca que tengo en el hall se inclinó dos veces hacia adelante, como haciendo una reverencia, y quedó nuevamente estática. Todos quedamos estupefactos, el concertista estaba pálido y tardó en reaccionar.”

En otras páginas, el “demonio” de los celos obliga a un hombre a asesinar a su mujer.

Amor y bolshevikismo: romance y travestismo en la Revolución Rusa. (La Novela Semanal, 26 de abril de 1920)Quizás una de...
11/11/2017

Amor y bolshevikismo: romance y travestismo en la Revolución Rusa. (La Novela Semanal, 26 de abril de 1920)

Quizás una de las consecuencias más inexploradas de los ecos de la Revolución Rusa en estas pampas sea esta simpática novela sentimental que entró dentro de un lote, breve pero jugoso, de libros que pertenecieran al gran Miguel Brascó.

Se trata de Amor y bolshevikismo (sic.), que se publicó en la colección La Novela Semanal el 26 de abril de 1920. No he logrado averiguar casi nada sobre su autor, J. Canseway Britos.

Conozcamos a Elsa Nielssen (también llamada Thorald Nelson), una joven danesa que estudiaba en Petrogrado cuando estalla la Primera Guerra Mundial. Su prometido se pierde en las batallas y ella, decidida a seguirlo, se alista, primero en un batallón femenino y luego, vestida de hombre, ingresa al ejercito como soldado. Su performance es tan buena que el Estado Mayor le encarga una misión secreta (tan secreta que los lectores no nos enteramos) más allá de las líneas enemigas. Vestida de hombre, atraviesa la frontera y termina en un campo de prisioneros rusos en territorio prusiano. Luego de un tiempo y sin que nadie descubriera, en el hacinamiento del campo, su naturaleza femenina, descubre que casi todos los prisioneros se han hecho comunistas y que (oh, sorpresas poco sorpresivas del folletín) el líder es su antiguo prometido. Se produce el beso del reencuentro, pero el texto se pierde la oportunidad de describir las reacciones de los otros prisioneros ante la curiosa intimidad de los dos soldados rusos. Sin embargo, no hay tiempo para romance; la revolución reclama sacrificios y allá va Elsa, convertida, por obra del amor, a la causa de Lenin y Trotzky y vestida de hombre, a participar de una fuga y luego de las primeras acciones revolucionarias. El ajetreo de la rebelión la aleja de nuevo de su amado. Luego la envían a organizar el soviet de Rostoff, lo que vuelve a diferir el casamiento. Es que su prometido también es requerido por las nuevas autoridades revolucionarias. De hecho, lo envían a una importante misión diplomática a Estados Unidos y a ella, a una misión comercial a este simpático país. Vaya uno a saber por qué, llega a Argentina vestida de hombre y con el nombre de Thorald Nelson, y con esa identidad la conoce el cronista que cuenta la historia, a quien ella le revela su identidad y sus vicisitudes. En la intimidad de ese único encuentro, ella le confía que, cuando ella y su prometido terminen sus soviéticas misiones, finalmente podrán concretar el tan ansiado casamiento. Una última escena nos muestra al cronista llegando tarde al puerto desde donde parte Elsa / Thorald, pero desde la costa alcanza a ver a nuestra protagonista, vestida de mujer, en brazos de un hombre, navegando hacia un revolucionario happy end.

Tres cosas llaman la atención de esta historia.

Uno: la mirada más bien positiva sobre la Revolución Rusa. El texto fue publicado apenas un año después de la Semana Trágica, cuando una huelga despertó los temores de una revolución al estilo bolchevique y donde todo lo que sonara a “maximalista” (incluyendo sinagogas, sindicatos e imprentas socialistas y anarquistas) fue quemado, encarcelado o fusilado, con la inestimable colaboración de entusiastas voluntarios civiles.

Dos: la naturaleza bien activa de la protagonista femenina, en un contexto discursivo que, según el famoso libro de Beatriz Sarlo sobre la novela sentimental, solía transmitir valores conservadores con respecto a los roles de género y la familia. In your face, Betty.

Tres: la curiosa insistencia en el travestismo femenino.

De yapa: publicidad sobre hipnotismo, incluida en el mismo número de la revista.

17/10/2017

“No hay que juzgar un libro por su cubierta”, reza una especie de refrán yanqui medio pavote. En este caso, sin embargo, la frase cobra un relieve inesperado. El libro, que compré en un lote bastan…

Salimos en el diario, y no en policiales.
12/10/2017

Salimos en el diario, y no en policiales.

A cien metros del Mercado de San Telmo, un espacio para lectores curiosos, apasionados y coleccionistas de extravagancias

Freaks (al alcance de los niños)Se llama “La frase” y es un libro de lectura para segundo grado publicado en 1919. Su au...
08/10/2017

Freaks (al alcance de los niños)

Se llama “La frase” y es un libro de lectura para segundo grado publicado en 1919. Su autor es Victoriano Montes, abogado y educador uruguayo que, entre otras cosas, escribió la tonada “Jujeña”, que fue popularizada nada menos que por Carlos Gardel.
Una de sus lecturas, “El hombre sin manos”, relata una peculiar función infantil en el teatro San Martín, “el teatro preferido de los niños bonaerenses”. Se trata de la presentación de un elegante personaje que, a pesar de la carencia de sus extremidades superiores, fuma un ci******lo, bebe una copa de vino, come con cuchara, cuchillo y tenedor y, finalmente, pinta una marina. Todo eso entre los aplausos del público infantil.
De yapa, Don Liborio, disfrazado de orangután.

Ideología de género en 1901El libro se llama “Consejos a mi hija” y lleva el sugerente subtítulo de “Lecturas de propaga...
19/09/2017

Ideología de género en 1901

El libro se llama “Consejos a mi hija” y lleva el sugerente subtítulo de “Lecturas de propaganda moral”. Forma parte de la colección “La vida práctica”, que se completa con los siguientes títulos de la misma autora: “El hogar modelo – Economía doméstica”; “La salud – Nociones prácticas de higiene” y “Higiene alimenticia – La alimentación racional”. Está firmado por Amelia Palma, pseudónimo de Ana Pinto (o Pintos), quien firmaba artículos sobre el mundo “femenino” en una de las primeras publicaciones argentinas dirigidas exclusivamente a mujeres: “La columna del Hogar” (1899-1902). El libro fue editado en 1901 y fue aprobado por el Consejo Nacional de Educación.
El texto finge ser una larga carta que la narradora (¿autora?) dirige a su hija Laura, quien acaba de contraer matrimonio y consta, como reza su título, de una serie de cariñosos consejos para que la recién casada pueda sortear con éxito los desafíos que le impone la vida adulta. Para tener una idea del tenor de esos consejos, podemos transcribir esta curiosa observación antropológica que aparece en el capítulo III, titulado “Autoridad suprema en el hogar – Subordinación femenina”:

"A pesar de lo que se diga en contrario, así como la autoridad suprema es un hecho que se impone forzosamente en las naciones bajo cualquier sistema de gobierno, y hasta en las tribus salvajes, para que rija los destinos de los súbditos, en los hogares, estados en pequeño, es igualmente necesario, para propio bien de sus miembros, que uno de los cónyuges tenga el privilegio de la más alta autoridad. Este privilegio en todas las edades y sociedades ha recaído en el hombre, porque él fué siempre el más vigoroso, el más razonador, de más capacidad, el mejor preparado; aunque la condición intelectual y la aptitud para el trabajo lleguen á modificarse beneficiosamente en la mujer, el hombre habrá de continuar siendo «la cabeza de la mujer» como proclamó San Pablo.
Te aconsejo, si quieres que no se altere por tu causa la paz del hogar, no provoques discusiones contrariando las órdenes de tu esposo, no lo desafíes con un «los dos somos iguales», ni menos pretendas que tu voto y tu voz vayan más allá de las suyas; acostúmbrate, cuando su voluntad esté en acción á reducir la tuya a la pasividad, más claramente, que cuando él mande te quedes tranquila, sin pretender por la imposición desbaratar sus proyectos: si vieras que la suya fuera una orden irreflexiva ó que pueda ocasionar perjuicios, entonces, sin reproches, ni ironías, sin testigos, con suave tono, juiciosamente, convéncelo de que no es justo, no es bueno ó no es factible lo que se le ha ocurrido."

De yapa, una foto de la figura de cera de Lenin, del museo de MadameTussaud’s, encontrada en un libro de Marshall McLuhan funcionando como señalador.

Desaparecidos en la PatagoniaTemprano, al comienzo de la dictadura, en mayo de 1976, se creó en Neuquén la filial local ...
31/08/2017

Desaparecidos en la Patagonia

Temprano, al comienzo de la dictadura, en mayo de 1976, se creó en Neuquén la filial local de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Impulsada por el obispo Jaime de Nevares, quien también había participado en la creación de la institución a nivel nacional, la organización fue un importante dispositivo de resistencia hacia la violencia estatal. Mantuvo contacto con las organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales, tuvo un ambiguo y algo taimado apoyo de la iglesia católica y recopiló las denuncias que luego serían utilizadas en el Juicio a las Juntas.

Este folleto, que apareció oportunamente en la librería, está fechado en junio de 1982 y consigna las actividades realizadas por la institución en diciembre del año anterior. En el texto, cautamente, denuncian la desaparición de personas y desmienten versiones que, desde el gobierno, se reprodujeron en los medios. Por ejemplo (pág 3 y 4):

“No podemos aceptar como estúpida excusa que los desaparecidos que buscamos son aquellos que se han ido del país, y desde donde han sido recibidos nos utilizan políticamente y orquestan una campaña anti-argentina.
Nuestros desaparecidos han sido detenidos por las Fuerzas Armadas y de Seguridad de sus hogares, lugares de estudio o trabajo.
Tenemos pruebas y testimonio innegables para afirmar esto.”

Efectivamente, la idea desmentida por este documento era el lugar común (el sentido común) que circulaba por los medios en esa época y que, si no fuera por la acción de este tipo de organizaciones, quizás se hubiera impuesto como verdad histórica. Hoy nos parece muy lejana esa idea. O quizás no tanto.

En la última página se leía: “Lea y difunda este folleto”. Nos hacemos cargo.

Otra cosa. Esta librería se suma al reclamo por la aparición de Santiago Maldonado.

El negro Raúl (o la naturaleza humana)Raúl Grijeras (de aquí en más lo llamaremos con el apodo que lo hizo famoso: el ne...
29/06/2017

El negro Raúl (o la naturaleza humana)

Raúl Grijeras (de aquí en más lo llamaremos con el apodo que lo hizo famoso: el negro Raúl) había nacido en Buenos Aires a fines del siglo XIX y poseía algunas características personales no muy valoradas por la sociedad porteña de principios del siglo XX: era negro (quizás deberíamos decir: afroamericano), era pobre, era (estaba) loco. En la década de 1910 el negro Raúl vivía en la calle (más precisamente, en Corrientes y Esmeralda) y se dedicaba a mendigar (intercambiaba monedas por sonrisas de blanquísimos dientes, según las crónicas de la época). Un grupo de “niños bien”, liderados por “Macoco” Álzaga Unzué (quien luego fuera amante, entre otras, de Gloria Swanson y que regentearía el cabaret más exclusivo de New York, el Morocco) tomó conocimiento de la situación del mendigo y decidió intervenir. Estos muchachos (demás está decirlo) eran blancos (más precisamente, criollos), eran ricos y eran (estaban, al menos oficialmente) cuerdos.

Con el fin de modificar (de alguna forma) la situación del negro Raúl, este grupo de muchachos vistió al mendigo con las ropas lujosas que a ellos le sobraban y lo adoptaron como bufón personal. Así, una vez, lo llenaron de brea y de plumas. Otra vez lo pasearon por las calles del centro con un cartel que decía “se alquila”. Otra vez los llevaron (con los gastos e inconvenientes que implica) a Francia y lo abandonaron en las frías calles de París para que ejerza su oficio. Otra vez lo metieron en un ataúd y lo enviaron como encomienda en tren de Buenos Aires a Mar del Plata, en donde emergió casi ahogado, mientras que los destinatarios del paquete (otros niños bien que estaban veraneando en ese lugar) se desternillaban de risa.

Cuando estos sucesos se hicieron más o menos públicos, la sociedad argentina (quizás deberíamos decir: porteña) decidió intervenir. Opinó que no era justo que un grupo de niños ricos se burlaran de un mendigo y, con firme espíritu democrático, propuso que la broma fuera para todos. Así, en 1918, la revista El Hogar comenzó a publicar la historieta “El negro Raúl” (foto 2, sacada de Internet). Firmada por Arturo Lanteri, un talento del comic primitivo, la tira de una página presentaba a un personaje negro, muy elegante y muy estúpido que se metía en problemas a causa de su torpeza y era castigado por eso. También fue personaje de, por lo menos, una película del incipiente cine de animación argentino (aparece, más precisamente, en “Una noche en el Colón”, 1919, animada por el Mono Taborda). Ángel Bassi compuso un “tango criollo” llamado “El negro Raúl”, cuya partitura, que encontré en un lote que compramos hace un tiempo, motivó este post y aparece como ilustración (foto 1).

Como todo chiste, este perdió gracia luego de un tiempo. El negro Raúl siguió mendigando, con sus ropas de lujo cada vez más raídas. Luego fue internado en un hospital psiquiátrico (más precisamente, la Colonia Montes de Oca, en Open Door, provincia de Buenos Aires) y allí murió muchos años después, en 1955. Como nadie reclamó su cadáver, fue enterrado en una fosa común.

20/06/2017

A Paulo Marcel Coelho Aragão Hace un tiempo, revisando un número antiguo de la revista L’Illustration, encontré una nota sobre el arresto de Vincenzo Peruggia. Recordé unas cosas, investigué otras …

03/06/2017

Diálogos de librería.
Chica: Busco un libro específico, "Madame Bovary". Me dijeron que sufro el mismo mal que sufre ella.
Vendedor: Uy. Tené cuidado, no termina muy bien la cosa.
Chica: Por lo menos voy a sentir que no estoy sola.
Vendedor: ·Es algo. Acá lo encontré. Suerte, y si podés, avisame cómo avanza el tema.

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