26/05/2026
Se nos rompió una maceta.
Y por un segundo pensamos: “qué pena”.
Después la seguimos mirando.
Y seguía estando ahí.
Ponyo mirandote. Los colores sin saber que están rotos. Las pinceladas intactas. El tiempo trabajado. El amor con el que la hicimos.
Entonces entendimos algo medio obvio: hay cosas que incluso rotas, siguen siendo especiales.
Quizás porque nunca quisimos realmente que fueran perfectas.