21/05/2024
Fondo de Cultura Económica, año 2017. Traducción de Jorge Ferreiro Santana. Estado: Nuevo. Tamaño 17 x 11 x 1.3 cm. Peso: 265 gramos. 250 páginas
Para tener un ejemplo de meditación soñadora que construye un mundo ahondando las impresiones de soledad de un soñador, tratemos de sorprender las dudas del alma nocturna junto con los atractivos cósmicos de la noche. Veamos cómo la soledad organiza en la noche el mundo de la noche, cómo un ser negro se anima en nosotros cuando, en nosotros, la noche cobra conciencia de sí. Así tendremos un primer esbozo de la homografía entre la soledad humana y el cosmos de un desierto.
Iré, entonces, a meditar esta noche a mi terraza, iré a ver actuar a la noche, me entregaré por entero a sus formas envolventes, a sus velos, a la insidiosa materia que colma todos los ángulos. Trataré de sentir una a una las horas de este otoño, esas horas activas para madurar el fruto, pero que pierden poco a poco la fuerza de defender las hojas que abandonan el árbol. Entonces, esas horas son vida y muerte, juntas.
¿Es una hoja que cae en la noche un recuerdo que busca el olvido? Querer el olvido es la manera más aguda de acordarse. ¿Es en verdad un leve sufrimiento que se desprende como hoja marchita la prueba de que el corazón se calma? Al nivel del tilo que acaricia la terraza, cerca del murmullo de sus ramas, olvido mi tarea humana y los cuidados del día: siento formularse en mí la meditación olvidadiza, una meditación que deja invadir los objetos por la bruma, que en la noche se desinteresa de sus ejemplos. ¿Soy feliz de ver simplificarse el universo? ¿Soy feliz de estar menos cerca de mis imágenes, más aislado por una visión borrosa, más solo? ¿Soy feliz de estar solo en el otoño de mi vida?... La soledad en el mundo es al punto una vejez por edad.
Así en la paz, a toda edad, aparece muy regularmente una referencia al pasado, que hace viejo al ser más joven. Comienza entonces un diálogo sordo de voces apagadas entre la tranquilidad y la soledad. ¿Es tanta tranquilidad en la noche deleite sentido de ser o seguridad meditada de ser? ¿Es esta noche un aire que levanta o un aire que respira? Todo respira en mí y fuera de mí. Un ritmo en que participo arrastra a este universo en paz. La luna de hoy tiene una luz de antaño. La luz nocturna de una noche tranquila posee volumen y duración. También la sombra. La noche protege con su soledad los arbustos y los árboles. Una unidad, un equilibrio se posan sobre la ciudad dormida. La luz suave y la noche, mezcladas, reconciliadas, velan sobre el jardín que sueña.
Creeré entonces esta noche en el reposo de las cosas en la sombra. Daré mi dicha y mi paz, daré mi renuncia a este universo simple y tranquilo. Pero, mientras sueño tan dulcemente, algunos soplos despiertan una pena dormida. Mi alma filosofal quiere trasmutar el universo. ¿Voy a dudar con mi pena, como corazón cartesiano, dando a un lamento perdido un sentido universal? ¡Oh corazón, defiende tu paz! ¡Oh noche, defiende tu certidumbre!
Pero, ¿dónde actúa entonces esa duda que acaba de surgir? ¿De dónde sale esa voz que, desde el fondo de la noche, murmura suavemente: "Para todo este universo, no eres sino un extraño"? Vamos, ¿es acaso un programa muy grande asociarse
simplemente a la noche invasora, igualar lentamente las tinieblas de su ser con las tinieblas de la noche, aprender a ignorar, a ignorarse, olvidar un poco mejor antiguas p***s, muy antiguas p***s en un mundo que olvida sus formas y sus colores? No ver sino lo negro, no hablar sino al silencio, ser una noche en la noche, ejercitarse para no pensar más en un mundo que no piensa es sin embargo la meditación cósmica de la noche calmada y calmante. Esa meditación debería unir fácilmente nuestro ser mínimo a un universo mínimo. Pero he aquí que yo dudo incluso por debajo del mínimo de duda, en una duda no formulada, en una duda inconsciente, material y filtrante que perturba una materia tranquila. La noche negra ya no es claramente negra. En mí, la soledad se agita. La noche te niega su soledad evidente y su presencia. Ya no es perfecta la homografía de la soledad humana y del cosmos nocturno. Vuelves a ser presa de una pena antigua, vuelves a la conciencia de tu soledad humana, de una soledad que quiere marcar con una huella imborrable a un ser que sabe cambiar. Creías soñar y te acuerdas. Estás solo. Estuviste solo. Estarás solo. Tu duración es la soledad. Tu soledad es tu muerte misma que dura en tu vida y bajo tu vida.
Entonces, sé filósofo, sé estoico. Y vuelve a empezar tu meditación diciéndote a la manera de tu maestro, a mi manera schopenhaueriana: "La noche es mi soledad, la noche es mi voluntad de soledad". También ella es representación y voluntad, mi voluntad nocturna. Proyectando sus p***s sobre el mundo, el hombre disfruta al menos del gusto salobre de la proyección. Sé pues activo en el acto de tu nada. Sabe disminuir al mundo y a tu ser con intensidad. Comprende que la vida puede disminuir de ser aumentando de intensidad. La noche activa, la noche proyectada será entonces un poco de mi ser oscuro y profundo que ennegrecerá los árboles. Dos seres negros en la existencia negra: una misma nada que respira.
Pero esta sublevación es breve. El ser preso en las ondulaciones de la soledad dichosa y de la : soledad desdichada ve volverse todas sus "proyecciones". Todas las dichas, todos los ánimos sufren un choque en reciprocidad. Sí; este árbol, este tilo que se estremece está lleno de ramas, lleno de hojas aún vivas, ¡y ninguna es para ti! Para que una sola de sus hojas sea tuya, se necesitaría que la cortara y te la diera un ser humano. Todo don viene de un tú. El mundo entero no puede dar nada sin un tú. Los soplos de la noche pasan sobre ti. Estás solo, solo en la noche negra. Solo en la noche negra: frase de novela infantil, frase pobre, frase hecha, ¡y tan cierta!
¿No se relajará el alma romántica que hay en mí? Cuando las imágenes se apagan, ¡con qué facilidad se oye un mundo de murmullos! Esta noche tiene también voces carnales. ¿Cómo no oír en los jardines vecinos ese batir de alas, el amor de las aves nocturnas? ¿Puede el oído negar, como el ojo con un parpadeo, ese universo homogéneo del amor murmurado que reúne casi en la misma voz el lamento colérico y agudo de los gatos y el amor demasiado dulce y redondo de las palomas?
Pero un grito demasiado agudo basta para sacarnos de los sueños. De pronto se siente terror. No sé por qué, en mi memoria revive un poema de Supervielle:
Cimetière aérien, céleste poussière...
(Cementerio aéreo, polvo celestial...)
Con toda mi alma, lo traduzco a la imagen auditiva de mi noche. Ese negro cementerio es aéreo y móvil. En el aire negro, llenando el inhumano firmamento
Lorsque le vent vient du ciel
J'entends le piétinement
(Cuando el viento viene del cielo
escucho el pisoteo)
De la vie et de la mort qui troquent leurs prisonniers
Dans les carrefours errants.
(De vida y muerte que truecan a sus prisioneros
En encrucijadas errantes).
Qué importan entonces las brisas que soplan en este prolongado otoño. Qué importan los mil mensajes de una naturaleza en fiesta, el bello ejemplo de los frutos pesados, de las flores tardías. Para mí esta noche está vacía y muda. He perdido la patria de la dicha. Ya no soy sino una soledad para curar.
No hay en ello declaración sobre la naturaleza insensible e indiferente, puesto que no había sentimientos por confiar. La prueba de tu soledad viene en esta hora en que comulgas con la paz de las cosas en una noche apacible. Se sostiene en este instante sutil, cruel y claro como el absurdo -¡como una flecha!- en que la ondulación de la soledad dichosa y la soledad desdichada viene a concentrarse al punto de que condensas lo absurdo del dolor humano en una contradicción: la soledad dichosa es una soledad desdichada. El corazón más tranquilo ante la noche más indiferente viene de ahondar su abismo. Por una cosa de nada, a propósito de nada, en mi corazón en calma, la palabra pequeña de la soledad, esa sola palabra acaba de cambiar de humor. Son raras, ¡pero qué humanas!, las palabras cuya doble sensibilidad es tan clara, ¡cuyo "valor" es tan frágil!
Pero si esa contradicción que desencanta al ser se anuncia en sentido opuesto con el tono del ánimo, ¿por qué cobra otra vida: la soledad desdichada es una soledad dichosa? La desdicha tiene un sentido, una función, una nobleza. En cuanto la mediación dispone a la vez de la idealidad y de la imagen, en cuanto cambia de registro yendo de la convicción amarga a la convicción valiente, las contradicciones dan otras síntesis humanas.
¿No es esa fragilidad, esa trasmutación de los valores de la soledad prueba de que la soledad es el revelador fundamental del valor metafísico de toda sensibilidad humana? En todos los sentimientos, en todas las pasiones, en todas las voluntades, la pequeña palabra determina por sí misma ondulaciones sin fin. Tan comúnmente estudiada por los filósofos, la duda permanece mucho más exterior a nuestro ser que la impresión de soledad, de abandono y desconcierto. Si filosofar es, como creemos, mantenerse no sólo en estado de meditación permanente, sino además en estado de meditación primigenia, en todas las circunstancias psicológicas es necesario reintroducir la soledad inicial. Deslizar en todos nuestros sentimientos la alegría o el temor a la soledad es poner ese sentimiento en la oscilación de un ritmoanálisis. Mediante la conversión de la desesperanza en valor, mediante súbitos hastíos de felicidad, nace en el ser humano solitario una tonalidad de vida que sucesivamente se calma y se aviva, que irrita o regocija. A menudo ocultos por la vida social, esos ritmos trastornan el ser íntimo. Un metafísico debería descubrir sus resonancias profundas. Pero nuestros conocimientos metafísicos del ritmo son escasos y superficiales. Confundimos los ritmos vivos con las ondulaciones de humor. El ritmoanálisis, cuya función consiste en desembarazarnos de las agitaciones contingentes, nos devuelve, por ello mismo, a las alternativas de una vida verdaderamente dinámica. Mediante el ritmoanálisis Y gracias a los ritmos profundos bien restituidos, las ambivalencias, que el psicoanálisis caracteriza como inconsecuencias, pueden ser integradas y dominadas. Aparecen entonces los ambivalores, es decir, valores opuestos que dinamizan nuestro ser hacia sus dos bordes extremos, por el lado de la infelicidad y por el lado de las alegrías. La soledad es necesaria para desligarnos de los ritmos ocasionales. Poniéndonos frente a nosotros mismos, la soledad nos lleva a hablar con nosotros mismos, a vivir así una meditación ondulante que repercute por todas partes sus propias contradicciones y que intenta sin fin una síntesis dialéctica íntima. El filósofo se contradice mejor cuando está solo.
¿Es ése entonces tu mensaje de vida, oh pobre sueño hueco? ¿Es tu destino de filósofo encontrar tu claridad en tus contradicciones íntimas? ¿Estás condenado a definir tu ser por sus vacilaciones, sus oscilaciones y sus incertidumbres? ¿Debes buscar tu guía y tu consuelo entre las sombras de la noche?
Responderé con una página de Rilke.
A su drama "Ahora y en la hora de nuestra muerte", Rilke agregaba: "Y tú, levantas los ojos y me dices: 'Oh amigo mío, hombre del pueblo, no has cumplido tu palabra...En el primer cuaderno de "Achicoreas" me habías prometido luz y consuelo, y aquí nos 'pintas la noche y el sufrimiento'". Yo replico:
Hombre del pueblo, ¡oh amigo mío!, escucha esta pequeña historia. Dos almas solitarias se encuentran en el mundo. Una de ellas se lamenta e implora consuelo a la desconocida. Y la desconocida se inclina hacia ella murmura dulcemente: También para mí es de noche.
¿No es acaso un consuelo?
INDICE
Sumario
Nota de la edición en francés
PRIMERA PARTE, ARTES
I- Las ninfeas o las sorpresas de un amanecer de verano
II- Introducción a la Biblia de Chagall
III- Los orígenes de la luz
IV- El pintor atraído por los elementos
V- Simon Segal
VI- El escultor Henri de Waroquier: el hombre y su destino
VII- El cosmos del hierro
VIII- Un sueño de la materia
IX- La adivinación y la mirada en la obra de Marcoussis
X- Materia y mano
XI- Introducción a la dinámica del paisaje
XII- EI Tratado del buril de Albert Flocon
XIII- Castillos en el aire
SEGUNDA PARTE, LITERATURA
XIV- Serafita
XV- Las aventuras de Gordon Pym
XVI- La niñez de Rimbaud
XVII- La dialéctica dinámica del ensuefño mallarmeano
XVIII- Victor-Emile Michelet
XIX- Germen y razón en la poesía de Paul Eluard
XX- Una psicología del lenguaje literario: Jean Paulhan
XXI- El orden de las cosas
TERCERA PARTE, DIVAGACIONES
XXII- El espacio onírico
XXIII- La máscara
XXIV- El ensueño y la radio
XXV- Instante poético e instante metafísico
XXVI- Fragmento de un diario del hombre
Bibliografia