Editorial Pocket

Editorial Pocket Editorial Pocket � nació de dar voz a historias únicas, atrevidas e irreverentes.

✨ Solo quería recordarles que tenemos varios espacios donde pueden seguir todas las actualizaciones, anuncios, historias...
06/10/2026

✨ Solo quería recordarles que tenemos varios espacios donde pueden seguir todas las actualizaciones, anuncios, historias y demás cositas que voy publicando 💖

📢 Canal de WhatsApp:
[https://whatsapp.com/channel/0029VaXP99I8KMqsHqvEQu2r](https://whatsapp.com/channel/0029VaXP99I8KMqsHqvEQu2r)

📚 Wattpad:
[https://www.wattpad.com/user/Editorialpocket](https://www.wattpad.com/user/Editorialpocket)

🖋️ AO3:
[https://archiveofourown.org/users/EditorialPocket/works](https://archiveofourown.org/users/EditorialPocket/works)

🎥 TikTok:
[https://www.tiktok.com/](https://www.tiktok.com/)

Por allí estaré compartiendo actualizaciones, capítulos nuevos, avisos, videos, teorías, momentos de caos creativo y todas las locuras que salen de mi cabeza 😌✨

Así que ya saben dónde encontrarme si quieren mantenerse al día con las historias y los proyectos que vienen 👀💖

¡Los espero por allá! 🌸✨

FIREWALL*******—Sí, señora, le envié la dirección y el número de mi abuela. Claro, entiendo. No, de verdad no hay proble...
06/10/2026

FIREWALL

*******
—Sí, señora, le envié la dirección y el número de mi abuela. Claro, entiendo. No, de verdad no hay problema...

Daeron lo miró mientras sostenía el teléfono de Joffrey en la mano, y él solo quería morir de vergüenza.

Le había dicho a sus padres que pasaría las festividades con un amigo, que la abuela de ese amigo lo había invitado personalmente. Su madre, en su habitual modo protector —quizás porque era madre y las madres parecían desarrollar algún tipo de sentido sobrenatural para detectar cuando sus hijos no estaban bien—, había notado que algo ocurría. Joffrey no le había contado a nadie sobre la terapia, pero Rhaenyra era Rhaenyra.
Había visto algo.

Tanto que, después de escucharlo durante varios minutos durante una llamada, simplemente le había dicho:
—Quiero hablar con él.
Joffrey se había negado.

No tenía dieciocho años. Era un hombre adulto, graduado, con trabajo estable y que pagaba impuestos.

Pero su madre había sido severa.
—Si no me das su número, haré que lo busquen.

Aquello no lo había asustado demasiado.

Lo que sí le preocupaba era que conocía perfectamente a su madre. Y también conocía a Daemon.

Y Daemon, cuando decidía involucrarse en algo, tenía la sutileza de una explosión.
Así que, sin pensarlo demasiado, terminó llamando a Daeron y entregándole el teléfono el mismo día que iban a salir de viaje.
Y ahora Daeron estaba hablando con Rhaenyra desde su celular.

—Mi abuela está feliz de tenerlo. Le mandé mi dirección a su teléfono. No hay problema, señora... bueno, disculpe, Rhaenyra —Daeron lo miró y le guiñó un ojo.
Joffrey se hundió todavía más en el pelaje de Tessarion.
Iba a morir.

—Entiendo, sí... estamos en contacto. Fue un placer conocerla. Claro, me gustaría ir. Acepto su invitación. Bien... de acuerdo. Hasta luego... ya se lo paso.
Daeron se acercó y le extendió el teléfono.

—Tu madre quiere hablar contigo.
Estaba riéndose.
El desgraciado estaba disfrutando esto demasiado.

Joffrey tomó el teléfono mientras Daeron cargaba a Tessarion para acomodarlo en la parte trasera de la camioneta. El cachorro ya estaba bastante más grande y se dejó llevar sin protestar mientras Daeron le ajustaba la correa para que viajara cómodo.

—¿Madre?

—Hola, cariño —la voz de Rhaenyra sonó suave y tranquila—. Daeron es un encanto, pero igual quiero que me mantengas informada de todo.

—Mamá... —canturreó mientras se alejaba unos pasos, sintiendo el calor subirle al rostro—. Por favor, mamá. Tengo casi treinta años. Qué vergüenza que mi madre esté hablando con mi amigo porque voy a pasar unas fiestas con él. Vivo solo.

—¿Y entonces?
—Mamá.

—Eres mi hijo, Joffrey —dijo ella, esta vez un poco más seria—. Sé que estás pasando por algo y jamás te he criticado por nada. Nunca te he exigido nada. Sé que eres capaz de cuidarte solo, pero he estado preocupada por ti.
Joffrey apretó los labios.

—Mi niño, solo estoy preocupada. Mi preocupación nunca va a desaparecer y probablemente tampoco quiero que lo haga. Por eso pregunto. Lamento si soy invasiva, pero necesito saber que estás bien.

Joffrey guardó silencio mientras miraba un punto cualquiera del estacionamiento. Se sentía culpable. No porque ella preguntara.
Porque la había preocupado.

Ahora que lo pensaba, era bastante obvio. Había estado distante durante semanas. Callado. La última vez que había ido a Los Ríos apenas participó en las conversaciones familiares. Incluso Harwin le había preguntado varias veces si estaba bien.

Y Joffrey no era una persona callada. Nunca lo había sido. Suspiró lentamente. Quizás podía darle algo. No toda la verdad. Pero algo.

—Estoy mejor, lo prometo.
Al otro lado de la línea hubo silencio.

—Lo siento por preocuparte. De verdad. Pero estoy mejor... poco a poco.
Se quedó pensativo unos segundos antes de continuar.
—Pero todavía no puedo hablar de todo. Necesito tiempo.
—Lo entiendo —susurró Rhaenyra.
Luego soltó una pequeña risa.

—No te preocupes. Solo recuerda que siempre voy a estar aquí. Para todo. Sigues siendo mi niño, aunque tengas ochenta años y canas. Te quiero mucho.
Joffrey sonrió sin darse cuenta.

—Yo también te quiero.
Giró el rostro y encontró a Daeron revisando algo en su teléfono mientras esperaba junto al vehículo.

—Debemos irnos, pero te avisaré cuando lleguemos.
—Bien, cariño.
—Hablamos después.
—Cuídate.
—Tú también.

Colgaron después de repetir otro "te amo", porque los Strong- Targaryen parecían incapaces de terminar una llamada sin hacerlo.

Joffrey guardó el teléfono y caminó hacia la camioneta. Daeron levantó la vista apenas escuchó sus pasos y guardó el celular de inmediato.

Entonces sonrió.
Y dioses.
Esa sonrisa seguía siendo un problema.
Una sonrisa sencilla. Tranquila. Nada extraordinario.
Y aun así Joffrey sintió el corazón golpearle el pecho con más fuerza de la necesaria.
Definitivamente era un id**ta.

Porque cada vez que Daeron sonreía de esa manera, el viaje parecía una mejor idea. Y eso era una señal peligrosamente mala para alguien que todavía insistía en convencerse de que solo eran amigos.
—¿Todo bien? —preguntó con calma.

Había dejado la puerta abierta y Tessarion mordía su foca de peluche mientras permanecía acostado en su cama de viaje, observándolos de lado. Adorable, claro que sí. El traidor parecía entretenido viendo cómo Joffrey hacía el ridículo por su cuenta.

—Sí, solo se estaba despidiendo y quiere que le mandemos fotos.
—Ah, mi cuñado puede ayudarte con eso. Es fotógrafo, así que puede sacarnos algunas.
—¿De verdad?

—Claro.
Joffrey asintió mientras se acercaba al vehículo. No sabía por qué seguía observándolo tanto últimamente, pero era difícil no hacerlo.

Daeron viajaba ligero. Había cambiado la ropa elegante de antes por algo mucho más cómodo: un pantalón gris de algodón y una camiseta blanca con el pequeño logo de una flor azul bordado sobre el pecho.

Era un detalle insignificante.
Uno completamente inútil.
Y aun así lo notó.

Quizás porque el azul combinaba con sus ojos. Quizás porque ya no llevaba el cabello peinado hacia atrás y algunos mechones rubios caían desordenados sobre su frente. O quizás porque había algo extrañamente agradable en verlo fuera de los entornos donde siempre parecía estar trabajando o resolviendo problemas.

Así era como se veía en casa.
La idea apareció en su cabeza antes de que pudiera evitarla.
En casa.

Daeron se había encargado de todo para el viaje, desde la comida hasta el agua, el café y el té para Joffrey. También había comprado más snacks de los necesarios y una cantidad considerable de dulces de repostería para el camino. Cuando Joffrey los vio, no pudo evitar preguntarle si aquello estaba bien, porque sinceramente le parecía demasiada comida. Daeron solo lo miró con calma y entonces recordó que Daemon era un agujero negro con piernas capaz de comer cantidades absurdas sin consecuencias aparentes.

—Muy bien, creo que estamos listos —comentó Daeron mientras miraba a Tessarion.

El cachorro ladró inmediatamente, sacando la lengua.

—Él está listo y yo también —continuó antes de volver la vista hacia Joffrey—. ¿Y tú?
—Estoy listo. Si quieres puedo manejar también.

—Me gusta manejar, pero tomaré tu ofrecimiento si me aburro de la carretera —respondió con tranquilidad—. ¿Quieres que te abra la puerta?

—Por los dioses, no. Y espero que nunca hagas eso.
—¿Por qué?
—¿Por qué lo harías?
—¿Por qué no?

Joffrey frunció el ceño y negó con la cabeza mientras ocultaba el sonrojo que comenzaba a subirle al rostro.

—Estoy bien, caballero andante. Puedo abrir mi propia puerta.
—La oferta sigue ahí.

Joffrey bufó y Daeron soltó una risita suave mientras ambos subían al vehículo.
Había cosas que simplemente no entendía de él.
Por ejemplo, aquel automóvil.

Daeron tenía un coche espectacular y apenas lo utilizaba. Incluso olía a nuevo. Cuando se acomodó el cinturón de seguridad, Joffrey terminó cediendo a la curiosidad.

—¿Por qué no usas tu auto? —preguntó mientras dejaba su billetera en el compartimento central—. Quiero decir, es increíble.
Y lo era.

Una Mercedes GL 350 4MATIC SUV negra que probablemente costaba más de lo que muchas personas ganaban en varios años.
Daeron encendió el motor.

—Me gusta caminar —se encogió de hombros—. La mayoría de los lugares a los que voy me quedan cerca y, si no, uso transporte público.

—Pero pagas una cuota. ¿No es mejor usarlo?
—No pago cuotas. Lo compré completo.

Joffrey giró la cabeza para mirarlo.
—¿Qué?

—Creo que nunca te he dicho que tengo un buen trabajo —respondió con naturalidad—. Me pagan lo suficiente como para comprarme un auto al contado.
—¿Cuánto es "lo suficiente"?

Daeron le lanzó una mirada de reojo.

—Bastante.
Después puso reversa y comenzó a salir del estacionamiento.

—Mi teléfono está conectado al sistema. La clave es solo cinco veces el número uno. Puedes poner la música que quieras.
Y ahí estaba otra vez.

Su psicóloga le había dicho que debía dejar de comparar personas, especialmente con Lyonel, porque terminaría haciéndose daño a sí mismo. Pero era difícil no hacerlo cuando Lyonel apenas le permitía acercarse a su teléfono y Daeron acababa de entregarle el suyo junto con la contraseña sin siquiera pensarlo.

Sin preguntas.
Sin desconfianza.

Como si aquello fuera lo más normal del mundo.
—O puedes poner el DJ de la aplicación. No me importa. Por lo general escucho podcasts cuando viajo.

—¿Podcasts de programación?

—Oye, no soy tan nerd —protestó mientras abandonaba finalmente el estacionamiento—. También me gustan las películas de Pixar.

Joffrey soltó una risita incapaz de negar que toda la situación le parecía ridículamente... normal.
Y era extraño cuánto le gustaba eso.

—Bien, espero que te guste mi música folk indie.
—Siempre es bueno escuchar música nueva.

Comentó mientras se incorporaban a la avenida.

*******
Ya conocieron a las suegras aunque sean por telefono. Estos ya son maridos y no se han dado ni un besito, definitivamente hay que cmabair eso.
😘🤓🔥


PARTE ANTERIOR: https://www.facebook.com/share/p/1DbQu12jiv/

LA TEORIA DEL SI CAPITULO IIIPARTE II*******Baelor estaba perdido en sus pensamientos mientras su dedo índice delineaba,...
06/10/2026

LA TEORIA DEL SI

CAPITULO III
PARTE II

*******
Baelor estaba perdido en sus pensamientos mientras su dedo índice delineaba, casi de forma inconsciente, sus propios labios.
No podía quitarse esa sensación tibia de ellos. Había probado los labios de Jacaerys Strong; se había permitido hacerlo, cruzando una línea que durante años ni siquiera se había planteado, y ahora la sensación persistía, insistente, difícil de ignorar. Era extraño y, al mismo tiempo, profundamente estimulante. Una experiencia que no encajaba con nada que hubiese vivido antes, ni siquiera dentro de los márgenes que él mismo creía comprender de su propia identidad.

Los recordaba con demasiada claridad: suaves, cálidos, con una textura casi indulgente que no esperaba. No era solo físico. No era solo curiosidad. Había algo más, algo que no lograba categorizar con la misma precisión con la que organizaba el resto de su vida.
Intentó reconstruir el momento con lógica, como si pudiera reducirlo a una secuencia de decisiones. Él había iniciado algo controlado, un gesto medido: un beso en la mejilla. Jacaerys había acortado la distancia, apenas lo suficiente para alterar el significado de ese gesto, y entonces… todo lo demás había sucedido sin ese filtro al que estaba acostumbrado.

El control, su control, no había desaparecido, pero sí se había vuelto menos rígido, más permeable. Había respondido. Había querido hacerlo.

Y eso era lo verdaderamente desconcertante.
Nunca había sido un hombre impulsivo. Incluso en su reciente reconocimiento de que los hombres podían atraerle, había mantenido una distancia analítica, casi clínica. Pero besar a Jacaerys no había sido analítico. Había sido inmediato. Natural de una forma que no terminaba de aceptar, pero que tampoco podía negar.

El deseo que surgió entonces no se parecía a nada que hubiera experimentado antes. No por intensidad, sino por dirección. Era específico. Era concreto. No era una idea abstracta ni una proyección como la del modelo que había observado durante semanas. Esto era distinto.
Esto era real.

No podía dejar de pensar en su rostro: el leve enrojecimiento en sus mejillas por el frío, acentuado después del beso; sus labios, aún más marcados por ese contacto; sus ojos verdes, atentos, brillantes de una forma que no era ingenua, pero sí abierta. Había una respuesta en él, una disposición que Baelor había reconocido incluso antes de actuar.

Y si Jacaerys le hubiese pedido que subiera…
Se detuvo ahí.

La pregunta no era si lo habría hecho. La respuesta era evidente.
La pregunta era qué habría hecho después.

No tenía experiencia con hombres. No tenía un marco claro sobre el cual apoyarse, y aun así, no sentía rechazo ante la idea. Al contrario, la posibilidad se había presentado con una naturalidad inquietante. Tocarlo. Besarlo de nuevo. Descubrir, paso a paso, hasta dónde llegaba aquello.

No como impulso descontrolado.
Sino como una decisión que, de haber tenido unos minutos más, probablemente habría tomado.
—Hermano.

La voz lo sacó de sus pensamientos de forma abrupta, aunque su reacción externa fue mínima. Levantó el rostro con la misma compostura habitual y encontró a Rhaegel observándolo con una mezcla de curiosidad y ligera preocupación.

El cambio de contexto fue inmediato. La mesa. Los documentos. La sala de conferencias.

Baelor desvió la mirada hacia el resto de los presentes: sus hermanos, Arys incluido, y el joven conferencista, Hobert, que parecía visiblemente tenso. Cabello castaño, ojos atentos, postura rígida. Era evidente que aquella era su primera exposición importante.

Baelor bajó la vista a la carpeta frente a él.
Los números hacían sentido. Había dejado anotaciones claras, organizadas con precisión, pequeños marcadores que indicaban ajustes o aclaraciones necesarias. Había trabajado en ello.
Y, sin embargo, se había perdido.

Había dejado de escuchar después de la tercera pregunta.
—¿Sí?

Rhaegel intercambió una mirada breve con Arys antes de volver a enfocarse en él.
—¿Qué piensas de la presentación? ¿Te hacen sentido los números?

Baelor sostuvo la mirada un segundo más de lo necesario, no por duda externa, sino porque estaba terminando de reordenar su mente. Separando lo personal de lo inmediato. Volviendo a un terreno que dominaba.
Tenía que responder.

Y, sobre todo, tenía que volver a estar presente.

—Sinceramente, no presté atención —comentó, mirando a Hobert con una calma que no era del todo genuina—. No creo que esté mal, pero si puedes pasarme la información, te lo agradecería. Estaba pensando en otras cosas.

Cerró su carpeta con un gesto medido y dirigió la mirada al resto de la mesa.

—Me disculpo. Tengo varias cosas que atender y otras que revisar.
Se levantó, y el resto lo imitó casi de inmediato. Baelor rodeó la mesa hasta acercarse al podio, donde Hobert aún sostenía sus notas con cierta rigidez. Colocó una mano sobre su hombro, firme pero tranquila, y le ofreció una sonrisa breve, suficiente para aliviar la tensión.

—Lo hiciste bien, no te preocupes. Es mi culpa, no tuya. Pásame los documentos y los reviso con calma, ¿sí?
Le guiñó un ojo con una naturalidad que, en otro contexto, habría sido improbable. Hobert se sonrojó, sorprendido, pero asintió sin dudar.

Baelor no añadió nada más. Salió de la sala con la misma compostura con la que había entrado, seguido de su asistente, que lo observaba con una mezcla evidente de desconcierto. En todos los años que llevaba trabajando con él, nunca lo había visto perder el hilo de esa manera.

Baelor tampoco podía culparla.
No era un hombre que se distrajera.
Pero, de forma inconveniente y bastante precisa, Jacaerys Strong ocupaba ese espacio ahora.

—Hoy tenemos la reunión con la señora Kyrkoon, ¿cierto? —preguntó mientras entraba a su oficina, desabotonando apenas el botón superior de su s**o.

—Sí —respondió Jocelyn con eficiencia—, a las tres y media de la tarde.

—Necesito revisar los documentos antes de reunirme con ella. No quiero dañar una reunión que llevo meses preparando.
Dejó la carpeta sobre el escritorio y encendió la pantalla, tomando el mouse con movimientos automáticos, casi mecánicos, como si el hábito pudiera imponerse sobre el desorden reciente en su mente.

—¿Podrías pedirme algo de comer? Algo ligero. Necesito concentrarme en esto, así que, si tengo alguna otra reunión antes de las tres, por favor cancélala y muévela dentro de una semana.
—Sí, señor.

La puerta se abrió antes de que pudiera añadir algo más. Sus hermanos entraron sin anunciarse, como era costumbre.

Baelor levantó apenas la mirada. Ambos vestían con elegancia relajada: Rhaegel con pantalón de vestir oscuro y camisa clara de cuello alto, mangas recogidas con descuido medido; Aerys con un traje azul sin corbata, el cabello peinado hacia atrás con una precisión menos rígida que la de Baelor.

—Hermano… —empezó Aerys—. ¿Podemos hablar un momento?
—Sí, claro.

Baelor dirigió una breve mirada a Jocelyn.
—¿Puedes traernos té y agua fría, por favor?
—Sí, señor.

Cuando la puerta se cerró, el silencio adquirió un peso distinto. Baelor tomó su bloc de notas y lo abrió junto al teclado, revisando los documentos en la pantalla, aunque su atención no estaba completamente en ellos.

*******
Ay Baelor ya sera tu San Patricio 😌😏


PARTE ANTERIOR: https://www.facebook.com/share/p/1GwpsPKFWp/

LA TEORIA DEL SI PARTE IICAPITULO III**********–¿Así que lo besaste? –Sí, nos besamos. –¿Lo invitaste a tu apartamento? ...
06/04/2026

LA TEORIA DEL SI

PARTE II
CAPITULO III

**********

–¿Así que lo besaste?
–Sí, nos besamos.

–¿Lo invitaste a tu apartamento?
–Claro que no.

–Pues debiste… ya sabes, quitarle la “virginidad”.

Addam esquivó con facilidad el trapo que Jacaerys le lanzó, sin perder la sonrisa, aunque su mirada se mantuvo fija en él con una atención que no era del todo ligera.
–Eres insufrible —murmuró Jacaerys, molesto, tomando otro paño mientras comenzaba a limpiar otra tanda de vasos y copas que Sargazo le había dejado.

Addam solo sonrió mientras recogía el paño. Jacaerys le había contado todo lo que había pasado, y aun así había creído, ingenuamente, que no se metería con él.
–¿Y a dónde irán en la siguiente cita?

Jacaerys alzó la mirada, ya sin paciencia.
–Mierda, no lo sé —respondió, girándose hacia él—. Si quieres te doy su número y hacen ustedes los planes, ¿te gustaría eso?

Se apoyó en la barra, mirándolo molesto, plenamente consciente de que sonaba como una perra… pero demasiado cansado para corregirse. Había algo en todo eso que lo tenía tenso, incómodo, fuera de eje, y Addam eligiendo ese momento para joderlo no ayudaba en absoluto.

Se sostuvieron la mirada un instante más de lo necesario. La expresión de Addam cambió apenas; sus ojos claros se suavizaron y su postura se relajó.

–Lo siento, no quería molestarte.
Y eso fue suficiente.

Jacaerys sintió la incomodidad instalarse en el pecho con una claridad desagradable.
–Solo me gustaría que dejaran el tema —dijo, bajando ligeramente el tono—. Mi vida privada es mía, y si te la comparto no es para que la expongas.

–No la expongo.
Jacaerys lo miró serio tras esa respuesta.

–No la expongo, Jace —repitió Addam con calma—. Solo estamos felices de que por fin salgas de este rincón y puedas explorar más… estamos preocupados por ti, por eso nos interesa saber que todo esté bien.

Los ojos de Addam no tenían burla esta vez, solo una preocupación honesta que resultaba mucho más difícil de sostener. Y, como siempre, eso era peor.
La culpa llegó rápido.

Addam y Baela habían sido su refugio cuando todo con Gwayne se fue a la mi**da de la forma más desastrosa posible. Habían sido quienes lo sostuvieron cuando no tenía energía ni para sostenerse a sí mismo, quienes pasaron noches con él mientras se deshacía en silencio, mirando el techo, incapaz de ordenar lo que sentía. Incluso Theo, Roderick y Sargazo, aunque no tan cercanos, habían estado ahí; lo habían visto en su punto más bajo.
No podía ignorar eso.

–Lo siento, A… no quería sonar como una perra —murmuró, soltando el aire—. Es que todo esto es nuevo. Todo se siente… extraño, a veces irreal. Hoy es el primer día que lo veré después de que nos besamos y, aunque hemos hablado, no sé qué va a pasar. Estoy nervioso… y que hagan comentarios así no me ayuda mucho.

Addam asintió, dejó lo que tenía y se acercó a él, tomando sus manos. Jacaerys se sintió un poco apenado, pero no se apartó; las sostuvo. Adoraba a Addam. Era su mejor amigo y una persona increíble, siempre lo había sido desde que lo conoció en la universidad, alguien íntegro en una forma que pocas veces se encontraba.

–Está bien, no me molesta —sonrió levemente—. Escúchame bien. Sé que fui desagradable, pero quiero que entiendas algo, Jacaerys Strong: no lo hago porque quiera molestarte, lo hago porque quiero que entiendas que, aunque te cueste, no eres el eco de lo que pasó con Gwayne. Ese hombre fue un im***il que ni siquiera sabía qué le gustaba y se aprovechó de eso. Tú fuiste más para él, y aun así tomó el camino fácil porque es un id**ta que no se define a sí mismo y no tiene ni la mitad del coraje que tú tienes. Así que no te sientas culpable por sentir… y tampoco por querer intentar algo de nuevo.

Le limpió algo en el rostro con un gesto casi automático y se inclinó hacia él.
–Sé que quizá te dé miedo, pero dejar de sentir también es aterrador, así que no lo hagas, ¿de acuerdo?

Apoyó su frente contra la suya, invadiendo ese espacio personal que nunca respetaba del todo. Jacaerys se tensó apenas, más por reflejo que por rechazo; con Baela era igual, y con Addam siempre había sido así. Era como un hermano. Aun así, no pudo evitar pensar, con una claridad incómoda, que si no supiera que tenía novia —y que esa novia era un encanto—, probablemente se sentiría más afectado por esa cercanía. Addam era atractivo. Siempre lo había sido.

–Solo disfruta el momento —continuó, separándose lo justo para mirarlo—. Escucha lo que tenga que decirte y la explicación que te dé, porque si te besó de esa manera, como si te dejara sin aire, muy heterosexual no creo que sea, ¿no? Dale espacio para explicarse. Si dijo que quería besarte desde hace tiempo… tal vez quiera algo más.
Alzó las cejas con intención, y Jacaerys se sonrojó. Addam sonrió, claramente satisfecho, y le sostuvo el rostro un instante, presionando ligeramente sus mejillas en un gesto burlón, sin llegar a incomodarlo.

–Atrévete a vivir el proceso. No vives con don Harwin —añadió con burla—, que créeme que no diría nada. Luke y Joff te cubrirán la espalda, te aman demasiado para eso… y si algo pasa con tu tío el raro de Larys, pues le partimos la cara.
Jacaerys soltó una risa baja, incapaz de evitarlo, y Addam finalmente lo soltó.
–Te cubrimos la espalda, jefe, así que solo disfruta el momento, ¿sí? —añadió, cruzándose de brazos mientras miraba por encima de su hombro hacia la cocina, señalando con un gesto—. ¿Verdad?

Los otros tres levantaron el pulgar en aprobación, prácticamente uno encima del otro.
–Vayan a trabajar ya —los espantó Addam con la mano, y ellos volvieron a lo suyo.
Jacaerys soltó un suspiro más largo de lo que pretendía. Quizá Addam tenía razón. Quizá lo único que tenía que hacer era dejar de resistirse tanto, dejar que las cosas pasaran y, cuando llegara el momento, preguntarle a Baelor. No parecía haberle mentido… le había dicho que le explicaría. Eso tenía que significar algo.

Bajó la mirada hacia los vasos.

–Por cierto —dijo Addam, regresando a su lugar—, ¿irás a casa de Baela este domingo?

–Sí, claro —respondió, terminando de secar el vaso—. Es la nueva colección que sale el mes que viene, no la voy a dejar sola.

–Debería buscarse otro modelo.
–No me molesta.
–Al menos que te dé una comisión.

–No la necesito —sonrió apenas—. Me gusta trabajar con ella, no me molesta.
–Bueno, eres el modelo principal en su línea. Todo lo que modelas se vende bien.
–Ella tiene buen marketing.

–Y tú un lindo cuerpo.
–Ya deja eso —negó, exhalando.

En ese momento sintió el teléfono vibrar. Lo sacó casi por reflejo, y al ver el nombre, no pudo evitar sonreír como un id**ta.
Baelor.

–¿Es tu encantador financista?
–Déjalo ya —murmuró, abriendo el mensaje.

Baelor: creo que ya tengo la aventura perfecta, ¿te gustan los museos?

Jacaerys respondió casi sin pensarlo.

Jacaerys S: Claro, mucho.
Baelor: el museo de la capital tendrá una exposición de las obras de la conquista, joyas, espadas y demás. Tengo dos entradas, pero debemos escoger el día.
Jacaerys S: eso suena increíble.
Baelor: ¿seguro? ¿no es aburrido? puedo buscar otra actividad.
Jacaerys soltó una pequeña risa. No, no le parecía aburrido. No con él.
Jacaerys S: no, la verdad es que no.
Baelor: bien, entonces nos vemos esta noche en el bar y podemos decidir el día.
Jacaerys S: está bien.
Baelor: nos vemos esta noche, Jacaerys.
Jacaerys S: hasta esta noche, Baelor.

Vio cómo aparecía un corazón en la conversación, y el calor le subió al rostro casi de inmediato… pero luego el símbolo cambió a un pulgar arriba.

Jacaerys sintió la decepción, breve pero clara. No insistió.
Baelor había dicho que le explicaría. Así que esperaría.
Un paso a la vez.

Guardó el teléfono, escuchando la risa baja de Addam al pasar a su lado, y soltó un suspiro, volviendo a los vasos con una calma que, aunque intentaba sostener, todavía no terminaba de asentarse.

********
¿Quien creen que caiga primero: Jace o Baelor? leo sus teoria 😏😏🌸


PARTE ANTERIOR: https://www.facebook.com/share/p/1WoivvdjYN/

FIREWALL**************Joffrey parpadeó lentamente.—Daeron, no puedo.—¿Por qué?—¿Cómo que por qué? —respondió Joffrey apo...
06/04/2026

FIREWALL

**************
Joffrey parpadeó lentamente.

—Daeron, no puedo.
—¿Por qué?

—¿Cómo que por qué? —respondió Joffrey apoyando ambas manos sobre el counter—. No quiero molestar en casa ajena. Además, lo celebrarás con tu familia, ¿no?

—Lo haremos.
—Por eso.

Daeron ladeó apenas el rostro, observándolo como si la respuesta fuera extremadamente simple.
—Pero eres mi amigo, ¿no?

Y qué cosa tan peligrosa era que Daeron dijera ese tipo de cosas con tanta honestidad. Ni siquiera parecía darse cuenta del efecto que tenían.

—Míralo de esta manera —continuó mientras se cruzaba de brazos—: si mi mamá se entera de que dejé a un amigo solo, sin comida casera en una festividad familiar, probablemente se molestará conmigo.

Joffrey soltó una pequeña risa incrédula.
—¿Y le dirías eso?

—Siempre le digo las cosas a mi mamá —respondió Daeron sonriendo apenas—. Además, donde ella vive queda cerca de la frontera entre Dorne y Antigua. Son como dos acres y una casa enorme en los suburbios. Te encantaría. Puedes pasar una festividad diferente.
Y la idea era buena.

Luke seguía sin responderle. Jacaerys estaba a casi doce horas de distancia en Invernalia y seguramente tendría cosas planeadas. Claro que cualquiera de sus hermanos o su tía lo recibirían sin problemas, lo sabía perfectamente.
Pero entonces volvió a mirar a Daeron.

La tranquilidad con la que sonreía. La seguridad extraña que transmitía incluso diciendo cosas simples. La forma en que parecía incluirlo sin hacerlo sentir una carga.

Y honestamente… Joffrey quería decir que sí.

Solo que todavía tenía demasiado miedo de sentirse fuera de lugar.
—No lo sé… —admitió finalmente—. No quiero molestar, Daeron.
—¿Quieres ver que no lo haces?

Joffrey frunció apenas el ceño, confundido.
—¿Qué?

Daeron ya estaba sacando el teléfono del bolsillo mientras desbloqueaba la pantalla.

Buscó algo entre sus contactos y luego dejó el móvil sobre la barra en altavoz.
La pantalla mostraba un único nombre.
“Mamá”.

Y Joffrey sintió un repentino e irracional impulso de salir corriendo por la ventana.
—Daeron… —Joffrey se puso de pie de inmediato, alertando a Tessarion, que se acercó con la pequeña foca de peluche atrapada entre los dientes.

Daeron le guiñó un ojo y sonrió apenas, completamente tranquilo. Joffrey intentó acercarse para impedir que llamara, pero cuando llegó al otro lado del counter ya iba por el cuarto tono. Entonces una voz respondió y Daeron simplemente sostuvo sus manos cerca de las suyas. No lo estaba sujetando con fuerza ni impidiéndole moverse realmente, pero la cercanía bastó para que Joffrey dejara de intentar apartarse.

Y odiaba admitirlo, pero le gustaba demasiado el calor de sus manos.
—¿Diga?

—Hola, mamá.

—Hola, cariño —la voz era la de una mujer mayor, sí, pero sonaba clara y suave—. ¿Todo bien?

Joffrey escuchó la voz de la mujer y recordó de inmediato la historia de Daeron. Su madre había mu**to cuando él tenía tres años y había sido su abuela quien lo crió, pero Daeron la llamaba mamá con tanta naturalidad que jamás sonaba extraño. Y por el cariño que se escuchaba en su voz al hablar con ella, sospechaba que, aunque quizás había sido estricta cuando él era pequeño, ya habían llegado a ese punto donde Daeron simplemente la consentía demasiado para que siguiera imponiéndole disciplina real.

—Sí, todo bien. Preparándome para irme a tu casa.

—Muy bien. Tu hermana llega con Robert en unas horas… y tu hermano llega mañana por la mañana. Al final sí consiguió vuelo. Robert y Helaena irán a buscarlo.
—Eso suena bien —sonrió apenas antes de mirar a Joffrey—. Oye, mamá… tengo un problema.

—¿El qué? ¿Está todo bien, cariño?

—Sí… verás… —miró nuevamente a Joffrey, y ese im***il sintió el calor subirle por el cuello—. Tengo un amigo que no podrá ir a pasar las festividades a su casa.

—Daeron… —la voz de Joffrey salió apenas en un susurro avergonzado.

Y aun así no se apartó. Porque claramente era un id**ta y le gustaba demasiado el contacto de Daeron.

—¿Bien? —preguntó la mujer desde el teléfono.
—Él dice que quiere quedarse solo en su apartamento y pedir comida a domicilio.
—¿Qué? —la preocupación en su voz fue inmediata.

—Yo no dije eso —murmuró molesto, mirándolo con las orejas ardiendo mientras Daeron apenas contenía la risa.

—Sí —continuó Daeron ignorándolo descaradamente—, y también dice que no quiere ser una carga. ¿Puedes creerlo, mamá?

—Por los dioses, Daeron. ¿Quién es? ¿Tu amigo el vecino?
—Ese mismo.

—No, no, no. Tráelo contigo. Aquí hay demasiado espacio y haremos mucha comida. No dejes que se quede solo —dijo con firmeza, y Joffrey entendió de inmediato que hablaba completamente en serio—. Si lo haces me voy a molestar contigo.

Daeron sonrió divertido.
—¿Puedes repetirlo? Está aquí.

—¡Daeron! —advirtió Joffrey, completamente avergonzado.
—Claro que sí, ponme en altavoz —pidió la mujer.

Joffrey sintió que quería lanzarse por la ventana del apartamento. Daeron, en cambio, lo atrajo apenas un poco más hacia él, el altavoz está activado así que solo le guiño el ojo.

—Listo.
—Hola, cariño —saludó ella con suavidad—. ¿Estás ahí?
—Hola, señora… un gusto —Joffrey habló completamente apenado mientras seguía con las manos sostenidas entre las de Daeron—. Me llamo Joffrey Strong. No quería molestarla… su hijo es un poco…

—¿Necio? Lo sé, cariño, pero en esto estoy de su lado.
Daeron sonrió satisfecho y Joffrey quiso morderlo.

—Ven con nosotros a la festividad, no te preocupes. Aquí tendrás comida casera, una habitación para ti y agua caliente. No quiero que te quedes solo. ¿Quieres que hable con tu madre?

—¡No… no! —respondió demasiado rápido, completamente avergonzado. Daeron ya estaba riéndose sin siquiera intentar ocultarlo—. De verdad no hay problema, no quiero molestarla, señora, yo…

—Tonterías, no es molestia —respondió ella con una risa suave—. Me partiría el corazón saber que estás en tu casa solito, cariño. Ven con nosotros. Daeron.

—¿Señora?
—Encárgate de traer cosas extras, ¿de acuerdo? Te pasaré una lista.
—Sí, señora.
—Pero…

—Te veré aquí, cariño. Iré arreglando las habitaciones, ¿sí? —se escuchó movimiento del otro lado de la llamada, como si estuviera caminando mientras hablaba—. Nos vemos aquí mañana entonces. Daeron, maneja con cuidado y trae a Joffrey bien.

—Sí, señora.
—¿Te veo aquí, cariño? —preguntó nuevamente, aunque esta vez sonó mucho más dirigido a él.

Y Joffrey, completamente derrotado por la amabilidad ajena, suspiró.
—Claro, señora. Estaré allá.

—Bien, bien. Por cierto, ¿eres alérgico a algo, Joffrey?
—No, señora. A nada.

—¿Ningún aderezo, fruta o comida en particular? ¿Comes todo tipo de carne?
—Sí, señora.

—La humana dejamos de consumirla dos festividades atrás —bromeó Daeron completamente serio.
Joffrey lo miró horrorizado al instante.

—Niño, deja de decir esas cosas —susurró la mujer desde el teléfono con evidente cansancio maternal—. Nos vemos mañana entonces, avísame cuando vayan saliendo.
—Está bien, mamá.

—Te amo, y espero verte pronto, Joffrey. Un placer hablar contigo.
—Igual, señora…

—Oh, llámame Rhea, ¿sí?
Joffrey parpadeó un segundo.

—¿Señora Rhea?
—Solo Rhea.

Hablaron un poco más antes de colgar finalmente. Y apenas la llamada terminó, Daeron lo soltó.
Gran error.

Porque Joffrey inmediatamente se le acercó para darle pequeños golpes en el abdomen que solo consiguieron hacerlo reír más fuerte.

—Eres el peor, dios mío —protestó mientras seguía golpeándolo apenas, completamente avergonzado—. Deja de reírte, esto no da risa.
—Yo lo siento —comentó Daeron entre risas mientras se limpiaba unas lágrimas del rostro—. Es que fue increíble.

—No lo fue. Me morí de vergüenza.
—Pero…

Daeron se acercó nuevamente y esta vez tomó sus manos desde un poco más arriba de los antebrazos, deslizando los dedos hasta sus muñecas antes de presionar sus manos entre las suyas. El gesto fue suave, tranquilo, natural. Como si tocarlo ya fuera costumbre.

Y eso, honestamente, era peligrosísimo.

—Estoy feliz de que vengas, ¿sabes? —dijo con una sonrisa pequeña—. No me perdonaría que te quedaras solo… así que estoy feliz.

Dio apenas un paso hacia él y Joffrey tuvo que levantar un poco más la vista para encontrarse con sus ojos claros. Sentía las orejas ardiéndole otra vez, completamente traicionado por su propio cuerpo.

—Será increíble, créeme —continuó Daeron con calma—. Nos divertiremos y descansarás.

Joffrey sintió el vientre apretársele de golpe junto con el corazón latiéndole demasiado fuerte.

Dioses, era un id**ta. Un completo id**ta.

Porque quería creerle. Quería hacerlo de una manera ridícula y casi infantil.
Apretó apenas las manos entre las de Daeron y entonces lo notó.
La ausencia de tensión.

No tenía los hombros rígidos. No estaba esperando algo malo. No sentía el estómago cerrado ni esa ansiedad constante debajo de las costillas como si estuviera preparándose para sobrevivir otra conversación horrible.
Estaba tranquilo.

Tranquilo mientras veía esos ojos azules demasiado claros, mientras Daeron seguía sonriéndole de esa manera suave y extrañamente cálida, como si de verdad estuviera feliz de tenerlo allí.

*********
Que vivan los tortolos 😏🌸

PARTE ANTERIOR: https://www.facebook.com/share/p/1BTS3NTH2n/


Ver menos

Address

Saint Cloud, FL

Alerts

Be the first to know and let us send you an email when Editorial Pocket posts news and promotions. Your email address will not be used for any other purpose, and you can unsubscribe at any time.

Contact The Business

Send a message to Editorial Pocket:

Featured

Share

Category