25/10/2024
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El cuento brevísimo, también llamado microficción, es un subgénero literario que viene ganando más adeptos cada día. Acorde a los tiempos de la vertiginosa velocidad en que se ven memes, microvideos llamados reels y todo se vuelve tan rápido que leer un texto de más de una cuartilla es inadmisible en las redes sociales.
La microficción está acorde con semejante rapidez. Pero este que hemos llamado subgénero es literatura y, por lo tanto, tiene que aspirar a las altas virtudes de los géneros literarios. Está obligada, por su reducida extensión, a decir mucho y contar poco. Por lo general la microficción o cuento brevísimo apela a deslumbrar al lector. Unos cuantos renglones para conmover al que lee es un reto descomunal. Pero la microficción tiene caminos certeros y, con harta frecuencia, logra su misión. Por más que suela tocar los límites del aforismo, el minipoema, el haikú o la tanka y, por supuesto, hasta el chiste. En cuanto a los objetivos emocionales conduce a lugares como el absurdo, el prodigio insólito, el horror, el humor de variados matices, la inusitada crueldad, la paradoja y aun la parodia y la paráfrasis. Siempre apelando a la sensibilidad y a la inteligencia del lector.
El cuento brevísimo estaría limitado —según el maestro Edmundo Valadés, uno de los grandes promotores y él mismo autor de relumbrantes microficciones en la mítica revista El Cuento— a una extensión máxima de una cuartilla ortodoxa (27 líneas de 64 golpes). En Anoche soñé contigo, una colección de cuentos brevísimos, Sergio García Díaz aborda todos los recursos mencionados y más. El ingenio —virtud infalible en la microficción— campea por la gran mayoría de estos cuentos (a veces viñetas, a veces estampas) en las que es notable —puesto que es no menos una antología de autor— la evolución de este escritor.
Pterocles Arenarius