05/06/2026
Vale la pena leerlo💻📈🍎🚀
Nadie vio venir lo que Apple estaba a punto de hacer.
En noviembre de 2020, mientras el mundo seguía patas arriba por la pandemia, Apple lanzó tres MacBooks con un chip que ellos mismos habían diseñado desde cero: el M1. Basado en la arquitectura del A14 Bionic que ya vivía en el iPhone 12, este procesador no llegó con fanfarria de guerra. No hubo campaña agresiva contra Intel.
No hubo memes ni indirectas en redes. Solo números. Y esos números dejaron a la industria sin palabras.
El MacBook Air con M1 superó en rendimiento a MacBooks Pro con Intel que costaban el doble. Sin ventilador. Sin calentarse. Con batería que duraba hasta 18 horas.
Los benchmarks no mentían y los de Intel no tenían respuesta inmediata. Una empresa de chips que dominó el mercado de computadoras por décadas, humillada en silencio por una compañía que oficialmente “no era de chips.”
Lo más brutal no fue el rendimiento. Fue la eficiencia. Apple logró que un procesador diseñado para teléfonos escalara tan bien que dejó obsoleta una generación entera de laptops de la competencia de un solo golpe. ARM, la arquitectura que todos decían que “nunca podría competir con x86”, acababa de ganar la pelea más importante de la historia moderna del hardware.
Intel tardó años en admitir que ese fue el punto de quiebre. Y hoy, con M4 ya en la calle, la distancia solo ha crecido.
El iPhone no solo cambió los teléfonos. Su DNA terminó cambiando las computadoras.
Usas Mac con Apple Silicon o todavía tienes uno con Intel?
🍍👨🏻💻