10/07/2026
¿Quién cuida de las mamás?
«Estoy devastada».
«¿Pero por qué?… ¡Si tienes todo lo que cualquiera desearía! Una casa hermosa, dos hijos bellísimos, un esposo presente y un trabajo estable. Tu vida es una bendición».
Y sí, lo es. Pero nadie habla del burnout de las madres que crían sin una red de apoyo. Nadie habla de la tremenda soledad que se siente al maternar, incluso estando acompañada. Nadie ve que no hay un solo minuto para respirar, porque siempre, siempre, hay algo que atender.
Pendientes que no se apagan en la cabeza, tareas infinitas, imprevistos. La mamá carga en silencio con todo. Siempre sigue, siempre avanza, siempre resuelve, siempre aguanta.
Pero... ¿quién la saca a ella de ese ciclo infinito?
¿Quién le pregunta qué necesita?
¿Quién la cuida?
¿Quién la abraza cuando se siente agotada, rebasada, sintiendo que no puede un día más?
Escuelas, doctores, citas, pagos, trabajo, tareas, comidas, uniformes, lunch, malestares, vitaminas, calendarios, actividades, medicinas, horarios, dinero, planeaciones... ¿Por qué el mundo da por hecho que lo tenemos todo bajo control?
Y entonces, cuando la olla de presión explota, todos se preguntan: «¿Por qué, si lo tiene todo?».
Tienen razón: lo tenemos todo, menos ayuda real.
Esa ayuda que no nos obligue a pensar por los demás ni a tener que delegar cada instrucción. Necesitamos desentendernos de un pedazo de la carga. Que nos cuiden de verdad. Que alguien nos mire a los ojos y diga: «Tú no te preocupes, yo me encargo». Tener la libertad de caernos al suelo y saber que el mundo no se va a detener, porque hay alguien sosteniéndonos mientras recuperamos la fuerza.
Compartir la responsabilidad implica también compartir el peso de los pensamientos. Contar con alguien igual de comprometido.
Merecemos todo eso. Sin embargo, la sociedad prefiere demeritar nuestro esfuerzo con frases como: «Todas las mamás hacen lo mismo», «Tú decidiste tener hijos» o «Asume las consecuencias de tus decisiones». Como si nos hubiéramos casado solas, como si para traer vidas al mundo no se necesitaran dos personas, como si construir una familia fuera un delito del que solo nosotras somos culpables.
Es profundamente injusto.
No sé si soy solo yo la que se siente así en medio de la noche, o si este es el grito colectivo de una generación de madres agotadas.
Por eso vuelvo a preguntar, con el corazón en la mano:
¿Quién cuida de las mamás?