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31/01/2013

Apoyarse en el Señor

Leer | MATEO 14.22-33

31 de enero de 2013

Dios nos está llamando —a sus hijos— a aceptar ciertos riegos. Quiere que dejemos de ir a lo seguro, y dar un paso de obediencia. Aunque hacerlo crea incertidumbre en la vida, hay algunas cosas de las que podemos estar seguros.

Seremos desafiados. Ya sea mediante unas relaciones complejas, un trabajo difícil o unas situaciones que requerirán tener más fe, Dios nos ensanchará espiritualmente. Al aceptar riesgos podemos sentir dudas, indecisión y temores. O, podemos pensar que somos ineptos o incompetentes. Pero no son razones para decir “no” a una tarea que Dios nos dé, sino oportunidades para confiar en el Señor.
Podemos contar con la presencia del Señor. Es imposible que los creyentes vivan siquiera un día sin la presencia de Dios (He 13.5). La relación que tenemos con Él por medio de Jesucristo es permanente. El amor que nos tiene nuestro Padre celestial es firme y profundo, y sus promesas son seguras. Cuando Él nos pide que nos aventuremos a salir de nuestra agradable rutina, podemos obedecer porque Él está a nuestro lado.
El poder del Espíritu Santo está con nosotros. El Espíritu de Dios vive dentro de cada creyente, y nos da el poder para tener la victoria. Cuando desmayamos, Él nos fortalece. Cuando tropezamos, Él nos sostiene. Y cuando caemos, Él nos levanta.

¿Qué le está pidiendo Dios que haga, que representa un desafío para usted? Recuerde que cuando Él nos invita a que demos un paso de fe en medio de la incertidumbre y aceptamos los riesgos, podemos confiar en su presencia y en su poder para prepararnos.
Charless Stanley

31/01/2013

Aceptar riesgos

Leer | HECHOS 9.1-20

30 de enero de 2013

A muchos cristianos no les gusta arriesgarse, y por eso reúnen la mayor cantidad de datos posibles y analizan las opciones antes de tomar cualquier decisión. Tenemos la tendencia a calificar los riesgos de “indeseables”, porque pueden terminar causándonos pérdidas y angustias; tememos los resultados no deseados, o a no alcanzar nuestros sueños. Tememos parecer tontos o incompetentes, incurrir en problemas financieros o enfrentar algún peligro físico. Desde el punto de vista humano, eliminar la incertidumbre tiene sentido.

Pero ¿qué piensa Dios? ¿Hay ocasiones en las que los cristianos deben aceptar riesgos? La respuesta es un “sí” rotundo, cuando es Él quien nos pide que dejemos nuestra agradable rutina. Desde el punto de vista del Señor, no hay ninguna incertidumbre, porque Él tiene el control de todas las cosas, y nunca dejará de llevar a cabo su buen propósito (Ef 1.11).

La Biblia nos cuenta de personas que aceptaron riesgos para obedecer al Señor. Una fue Ananías, a quien el Señor envió para ministrar al recién convertido Saulo. Ananías arriesgó su vida para obedecer. Otra fue Pablo, a quien se le dijo que predicara a los judíos el mismo evangelio al que él se había opuesto con tanta violencia. Al concentrarse en Dios, en su carácter y en sus promesas, ambos hombres obedecieron, pese a la incertidumbre, la duda y el temor.

La madurez espiritual es obstaculizada cuando el cristiano rehúsa obedecer a Dios. A veces, eso implica dejar lo que es seguro o habitual. ¿Qué riesgo le está llamando el Señor que acepte? Él jamás le fallará. Dé un paso de obediencia, y observe lo que Él hace para que su fe crezca más.
Charles Stanley

29/01/2013

Para mantener el gozo

Leer | SALMO 40.16

29 de enero de 2013

Aunque algunas personas usan las palabras felicidad y gozo como sinónimos, hay una inmensa diferencia en su significado. La primera depende totalmente de las circunstancias. En cambio, el gozo es un regalo de Dios que hace posible que los creyentes encuentren paz y esperanza, incluso cuando la vida se les esté viniendo abajo.

Sin embargo, hay tiempos en que los cristianos viven sin gozo. Por supuesto, la conducta pecaminosa es una razón. Pero también puede haber otras razones, entre ellas el remordimiento por los errores del pasado, el temor a futuras calamidades, o un patrón de descontento arraigado en nuestra personalidad.

Si usted sigue a Jesús, pero carece de gozo, dedique un momento para recordar quién es Cristo, y quién es usted en Él. Para comenzar, tiene la salvación eterna, y su nombre está escrito en el libro de la vida del Cordero. El amor del todopoderoso es incondicional, y el Espíritu que mora en usted nunca le abandonará. Él sabe todo lo que usted enfrenta, y promete proveer para sus necesidades.

Si usted se detiene a pensar en las maravillosas bendiciones que tiene en Cristo, lo más probable es que la gratitud le abrumará. Es posible que todavía sienta tristeza por sus circunstancias, pero el gozo del Señor le sostendrá aun en medio del dolor más profundo.

¿Le sostiene el gozo del Señor, tanto en los buenos como en los malos tiempos? ¿O las pruebas le dejan sentimientos de desánimo y descontento? Nuestro Padre celestial nos ofrece la fortaleza para soportar. Recuerde siempre el inmenso tesoro que tiene en Él y en sus promesas.
Charles Stanley

26/01/2013

La mina terrestre del temor

Leer | ISAÍAS 41.10-13

26 de enero de 2013

Los seres humanos tenemos razones legítimas para tener miedos, pues nuestro mundo tiene muchos peligros. Pero, aunque nuestras circunstancias sean amedrentadoras, los cristianos no debemos vivir con temor. Pues las maravillosas promesas de Dios nos permiten vivir sosegadamente en medio de lo que nos rodea.

Para nuestra protección, Dios ha infundido en nosotros algunos temores naturales, propios de nuestro instinto de preservación, como el miedo a las serpientes o las aguas profundas. Además, el Creador nos dio también un sistema de advertencia para que reaccionemos con rapidez ante el peligro. Por ejemplo, si un automóvil viene a alta velocidad hacia nosotros, una reacción instantánea de alarma puede salvarnos la vida.

En otras palabras, algunos temores nos protegen. Pero el miedo constante y absorbente es dañino. Si bien, nos preocupamos por los riesgos que pudiéramos enfrentar o nuestros seres queridos, debemos confiar en Dios, en lugar de sentir angustia por todo lo malo que podría ocurrir.

A medida que crece la ansiedad, aumenta también la incertidumbre, hasta que ésta obstaculiza nuestra relación con Dios. Los temores son resultados de nuestras dudas en cuanto al auxilio del Señor. Eso hace que centremos nuestra atención en nuestras preocupaciones, en vez de Aquel que ha prometido sostenernos en su mano.

El Señor nos brinda fortaleza porque sabe cómo puede atormentarnos el temor. No permita que las preocupaciones le cieguen a sus promesas y le priven de la ayuda que Él siempre pone a nuestra disposición. La Biblia nos recuerda: “Mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten” (Fil 4.19 NVI).
Charles Stanley

25/01/2013

En momentos de tentación

Leer | 1 CORINTIOS 10.13

25 de enero de 2013

Muchas personas confunden erróneamente la tentación con el pecado. Si queremos vivir en victoria, debemos aprender a distinguir una del otro.

Por ejemplo, es importante comprender que la tentación a pecar no significa necesariamente que el acto del pecado tiene que venir después. Más bien, la tentación implica un proceso por medio del cual nuestro corazón, nuestra mente y nuestro cuerpo se preparan para que se produzca la conducta pecaminosa. Interrumpir este proceso puede detener totalmente la tentación que está en desarrollo.

La evolución progresiva del pecado comienza con algo tan simple como una mirada. ¿No fue así como comenzó todo con el pecado de David con Betsabé, en 2 Samuel 11.1-5? La tentación se introdujo en su pensamiento por medio de sus ojos, y después comenzó a alimentar su deseo.

Después que la imagen está en nuestra mente, tomamos una decisión: ¿Voy a seguir o no con este deseo? Cuando estos pensamientos empiezan a rodar en nuestra cabeza, comenzamos a fantasear y después a desarrollar un deseo muy grande por lo que vimos.

Después vienen la decisión y la búsqueda, y hacemos lo que sea necesario para lograr nuestro objetivo. Por último, este proceso culmina con la acción pecaminosa.

El pecado no ocurre de inmediato; es el resultado de un proceso. Esto significa que usted tiene la capacidad de detener el impulso. Pídale al Señor discernimiento para percatarse de estos pasos cuando se produzcan, y así ponerle fin a la cadena pecaminosa, antes de que sea demasiado tarde.
Charles Stanley.

24/01/2013

Un momento de debilidad

Leer | 2 SAMUEL 11.1-5

24 de enero de 2013

Todos, en algún momento, tenemos que tomar decisiones cruciales que pueden acarrear consecuencias permanentes. El problema es: ¿Estaremos preparados para cuando llegue ese momento?

David no estaba preparado para tomar una decisión que se le presentó de repente. En una ocasión que estaba inquieto, aislado y preocupado, la tentación y el pecado lo tomaron desprevenido. Por tanto, debemos estar en guardia cuanto observemos estas señales en nosotros:

Primera, nunca se permita estar demasiado hambriento. Cuando el cuerpo está debilitado por la falta de comida, es probable que tome malas decisiones. Cuide de su cuerpo, y dele el sostén que necesita.

Segunda, no se permita estar demasiado enojado. La ira puede oscurecer el buen juicio y llevar a decisiones lamentables.

Tercera, no esté demasiado aislado. Cuando usted se siente solo, puede hallarse dispuesto a hacer lo que sea para sentirse amado o aceptado.

Cuarta, no se permita estar demasiado cansado. El sueño es esencial para poder tomar decisiones prudentes. Cuando usted le niega a su cuerpo y a su mente un “tiempo de inactividad”, es probable que tome malas decisiones.

Ser prudente en estos cuatro aspectos podrá evitarle más tarde lamentarse de la decisión que haya tomado.

Comprométase a nunca tomar decisiones importantes cuando se sienta hambriento, enojado, aislado o cansado. Más bien, reconozca en esos momentos que no está preparado para razonar correctamente. Aplace la decisión hasta que pueda enfrentarla con oración, paciencia y sabiduría de lo alto.
Charles Stanley

23/01/2013

La voluntad tácita de Dios

Leer | JEREMÍAS 29.11-13

23 de enero de 2013

A diferencia de la voluntad expresa, la voluntad tácita de Dios nos brinda la alternativa de hacer las cosas siguiendo nuestra voluntad o la de Él. El Señor crea un plan específico utilizando los dones y talentos especiales que tienen los creyentes, y desea compartir su voluntad tácita para que podamos tener vidas victoriosas.

Primero, Dios desea que obedezcamos las leyes morales, como los Diez Mandamientos, que se aplican a todo el mundo. En la Biblia, encontramos principios que pueden traer gozo y significado a nuestras vidas, tales como el mandato de dar siempre gracias y de poner de lado el rencor en favor del perdón (1 Ts 5:18; Ef 4:31, 32).

Seguir estos principios básicos nos permite descubrir la segunda parte de la voluntad tácita de Dios: sus propósitos para nuestra vida personal. Un buen ejemplo es la vocación. Antes de que naciéramos, Dios nos predestinó para que tuviéramos habilidades, talentos y dones espirituales, que se adaptan a ciertos tipos de trabajos.

Por último, la voluntad tácita de Dios está activa en nuestra vida diaria. Lo que nos interesa a nosotros también le interesa a Él, no importa lo trivial que sea. Por ejemplo, todos hemos orado desesperadas cuando no encontrábamos algo que estábamos necesitando. Muchas veces, encontramos el objeto en cuestión de segundos porque el amoroso Padre nos llevó justo adonde estaba.

El Señor quiere actuar poderosamente en nuestra vida, y Él enviará bendiciones si le obedecemos. Recuerde que Él es un padre bueno, que además es omnisciente y omnipotente, y esa es una combinación invencible, no importa lo que venga contra nosotros.
Charles Stanley

22/01/2013

La voluntad expresa de Dios

Leer | EFESIOS 1.1-14

22 de enero de 2013

A los creyentes que se sienten frustrados en cuanto a su vida espiritual, les hace falta conocer dos cosas muy importantes: la comprensión de la voluntad de Dios y los pasos necesarios que hay que dar para descubrir su plan para sus vidas.

Comencemos dando una mirada a la “voluntad expresa” de Dios, que incluye sus planes inmutables para el mundo. Como el gobernante soberano, Él tiene el control de todo; ningún gobierno asciende al poder, y ningún padecimiento físico ocurre a menos que Dios lo permita. Él ha determinado que llevará a cabo el plan que se trazó mucho antes de la creación.

El Señor revela muy poco de su voluntad a la humanidad. Podemos prever solo los acontecimientos que Él ha dado a conocer, tales como el regreso de Cristo y el juicio ante el gran trono blanco (Ap 19.11; 20.11-15). Gran parte del conocimiento que tenemos proviene de nuestra experiencia y de la lectura de la Biblia. Sabemos, por ejemplo, que el Señor nos ha dado libre albedrío limitado, y que tiene un plan para redimirnos del pecado que hay en nuestras vidas.

El Señor hará su voluntad, ya sea que creamos o no en su soberanía. Su plan es mucho más grande de lo que podemos comprender, y fue ideado de una manera que glorificará a Dios, al mismo tiempo que pone de manifiesto nuestra necesidad de Él.

El propósito de Dios es su gloria. Debido a que nuestra limitada perspectiva ve solamente la maldad del mundo, la enfermedad, la guerra; la gente se pregunta cómo puede Dios permitir que estas cosas sucedan. Pero sabemos que “Dios dispone todas las cosas para bien” (Ro 8.28 NVI).
Charles Stanley

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